Ian C Oronel
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Con qué palabras le puedo explicar a mis hijos y los otros padres a los suyos, tanta violencia, muerte, destrucción, anarquía, avasallamiento, prepotencia, figureo y tanta saña contra el más débil.

Cómo les explico que los adultos en un mes destruimos un país, que han muerto más de 80 personas y sigue subiendo cada día el número, qué le digo para que duerma tranquilo y no llore por las mañanas o por la noche sin saber cómo ayudar o cómo cuidarnos, que cada noche reza por nosotros y por sus amigos.

De qué forma le explicó que a un grupo de adultos en este país siempre le ha sido más fácil agredir, destruir, imponer por la fuerza y hasta matar sin ningún remordimiento, que los 6 millones de nicaragüenses que no estamos de acuerdo con esta violencia estamos secuestrados por un grupo pequeño que no nos deja tener un país en paz y mejor para todos.

Qué impotencia y tristeza me da tener que ver cómo lentamente vamos a una confrontación sin ningún sentido y sin ningún resultado más que la misma destrucción y que lo legítimo y lo verdadero se opaca en la forma de la intransigencia y de la soberbia.

Cómo le calmamos el llanto a las madres de ambos bandos sus lágrimas, las de sus hermanos, amigos e hijos, por el que no regresó y por el que no sabemos si regresará. Algún día pagarán, pero con la justicia todos los radicales que no permiten que el diálogo funcione, los que apuestan a la guerra y al caos social como medida de presión.

Cómo le digo a mis hijos que no pueden ir a clases, que no pueden ir al cine o al parque a jugar, que tienen que quedarse en las casas sin salir por que los adultos no somos capaces de encontrar una salida de paz, de respeto, de diálogo, de Nicaragua primero, Nicaragua segundo y Nicaragua siempre primero.

Hubiera dado mi vida con mucho gusto si hubiera sabido que así no pasaría esto, qué triste la historia inexorable del eterno poder, de los intereses individuales, de los que quieren sacar ventaja del dolor y del sufrimiento de los más humildes.

Hoy que tengo hijos me pongo a pensar en lo terrible que ha sido en nuestras generaciones, de nuestros abuelos, padres y ahora nosotros, el no haber sido capaces de cambiar.

La gran mayoría no creemos en la violencia, no creemos que para presionar haya que destruir al país, miles y miles de empresarios están en la quiebra, las familias más pobres están en la desesperanza total y son siempre los más vulnerables, a esos que todo el mundo levanta las banderas por ellos y que siempre dicen representar son a los que nunca hemos escuchado.

Perdón hijos míos, no somos dignos padres y les robamos su futuro y el de Nicaragua, Dios nos perdone y a ustedes también.