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Los ocho años del gobierno de George Walker Bush, Presidente de Estados Unidos, dejaron como legado una crisis económica mayúscula que evoca los desastres de la Gran Depresión, así como la profunda erosión de los valores morales sobre los cuales se erigieron el respeto y la influencia de los Estados Unidos sobre el mundo durante los dos siglos previos.

Se han observado los daños definitivos que esas catástrofes han infligido a los sueños de hegemonía que los Estados Unidos tuvieron en las manos después de la caída de la Unión Soviética en 1989. De hecho Francis Fukuyama exponía una polémica tesis, “la Historia humana, como lucha de ideologías ha terminado, con un mundo final basado en una democracia liberal que se ha impuesto finalmente tras el fin de la Guerra Fría”. ¿El Fin de la Historia?
Muy por el contrario, Baby Bush destrozó algunas de las creencias básicas que su país había logrado exportar al mundo durante el siglo XX. La supremacía de la paz como mejor forma de vida de los pueblos, sucumbió el día en que inventó el concepto de “guerra preventiva”. También se le dio un golpe del que tal vez no pueda recuperar; la fe en el libre mercado, como argumento para mejorar la vida de los individuos.

La importancia de las Naciones Unidas como un concierto de los grandes poderes para buscar la pronta resolución de conflictos (tal como la concibió, entre otros, Franklin D. Roosevelt) se vino abajo desde que el presidente George Herbert Walker Bush (padre de George Walker Bush) impuso el unilateralismo en la Guerra del Golfo.

La idea del “destino manifiesto” de los Estados Unidos, surgida en tiempos de la anexión territorial del Oeste e invocada tantas veces por Theodore y Franklin Roosevelt, por Ronald Reagan y por Woodrow Wilson, se mantiene aunque parezca hoy una aspiración insensata. Es la historia de la aspiración norteamericana a ejercer el control sobre toda América, desde la Doctrina Monroe (1823) hasta el reciente Plan Colombia, retocada por la Guerra Fría.

Cuando la Unión Soviética se derrumbó bajo el peso de su propia tragedia política, los Estados Unidos se impusieron no sólo como potencia mayor sino como la única capaz de hacer valer el derecho internacional. Así asumió el poder de policía global. Bush padre proclamó el nacimiento de “un nuevo orden mundial”.

La contribución del segundo Bush, luego de los atentados del 11 de septiembre de 2001, fue declarar una “guerra contra el terror”. La primera baja de esa guerra fue, precisamente, el derecho internacional. También algunos valores básicos como el respeto a la vida, la integridad física, la defensa en juicio, la privacidad, la verdad. En el siglo XXI, ya no existe una nación que pueda decir qué se debe hacer o qué se debe pensar.

Esto muestra que la antigua hegemonía se está cayendo a pedazos. Y Barack Obama lo sabe. En su discurso inaugural, el 20 de enero, apeló a interlocutores de todo el mundo: “Con viejos amigos y antiguos contrincantes trabajaremos sin descanso para reducir la amenaza nuclear y hacer retroceder el fantasma de un planeta que se calienta”, dijo. A la vez, abrió el diálogo en dos temas que el ex presidente había cerrado.

Sus primeras medidas de gobierno tienden a recordar cuáles son los ideales perdidos. Ha ordenado el cierre de la vergonzosa prisión de Guantánamo y las cárceles que aún mantenían los servicios secretos. En su primera reunión con el secretario de Defensa y con el comandante de las tropas en Medio Oriente les ha pedido que formulen propuestas que permitan una retirada de Irak rápida y responsable.

“Los Estados Unidos no pueden resolver solos los problemas más urgentes, pero el mundo tampoco puede hacerlo sin los Estados Unidos”, sintetizó Hillary Clinton, la secretaria de Estado de Estados Unidos en la administración de Obama. Es así ahora y seguirá siéndolo mientras el carisma y la inteligencia de Obama se abran paso en el terreno que perdió la torpeza de su marchito predecesor. En el 2006 su partido perdió la mayoría parlamentaria. Y en 2008, las elecciones presidenciales.

Muchas naciones son menos poderosas que las corporaciones económicas o las organizaciones no gubernamentales. Si quiere mantener la primacía de su país o no perderla por completo, el presidente Obama tomará en cuenta que nuevas circunstancias y nuevas ideas están moviendo al mundo.


*Jurista, Politólogo y Diplomático.