Erick Palma
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Pese a las encontradas posiciones de diversos sectores de la sociedad nicaragüense y a la multiforme información que corre en las redes sociales, medios televisivos y radiales, no cabe duda que nos encontramos ante una crisis sociopolítica que afecta profundamente los aspectos sicológicos, sociales, biológicos y espirituales de la población nicaragüense.

Somos una sociedad con una larga experiencia en este tipo de conflictos, los cuales a lo largo de los años han causado una grieta en la sicología social e individual de los nicaragüenses, los antecedentes en menos de cien años nos ponen en escena tres terremotos, tres guerras y múltiples huracanes o acontecimientos naturales que nos han devastado. 

Esto como resultado produce ciertos efectos en nuestra forma de afrontar los conflictos, el principal de estos y del cual hablaré, es una forma de repetición de conductas de afrontamiento ya sean sociales o individuales; con esto hago referencia a la recurrencia que tiene nuestro organismo a buscar siempre la misma respuesta ante acontecimientos que le parecen similares a los ya vividos. 

Ubicándonos precisamente en la situación actual de Nicaragua y relacionándolo con algunos acontecimientos similares en nuestra historia, observamos que, este tipo de conflictos sociopolíticos han conseguido la mayor parte de las veces acabar en estallidos de violencia por parte de las autoridades, la población civil y algunos grupos paramilitares afines a algún partido o ideología; esta vez no es la excepción. 

Por lo cual, podemos decir que, la violencia se ha convertido en una conducta repetitiva, una forma de cultura, como ya lo han llamado algunos sociólogos, en una solución para este tipo de problemáticas. Muchas veces esta violencia está impulsada por el miedo a ser atacados o por el enojo o ira que produce la situación y la impotencia de la sociedad ante la resolución de conflictos, no obstante, tiene su precio, ya que los conflictos se arrecian y se vuelven más perjudiciales para todos los sectores de la sociedad (hambre, desempleo, conflictos armados, genocidios, duelos no resueltos, etc.).

El otro tipo de respuesta se refiere a una forma de indiferencia total sobre la situación, en la cual se hace caso omiso de lo que pasa, esto como una forma de defensa para no perder el control ante la crisis social o familiar, en algunas ocasiones parece más una forma de disociación que les permite a las personas estar desconectadas de la realidad y construirse otro mundo paralelo. 

Podemos encontrar estas respuestas ante las posturas de personas que dicen “no me hables nada de política”, “al final no se llegará a nada”, “siempre es lo mismo, mejor no le pongo importancia”, de esta manera consiguen zafarse de las circunstancias, aun cuando están en medio de una lucha cruenta.

La última respuesta que quiero mencionar es el pánico o miedo social, el cual hace que las personas interrumpan casi de manera total sus actividades cotidianas por un profundo temor a que su integridad física sea afectada, en ocasiones esto se refleja también en una actitud paranoide o de paranoia, una sensación de ser perseguido constantemente por algo o por alguien que te hará daño.

Este pánico o miedo social se diferencia del mencionado anteriormente en la cultura de violencia, en que el primero busca huir de la situación o evita afrontarla de cualquier manera, sin embargo, el miedo que impulsa a la violencia afronta las circunstancias, aunque de manera irracional.

Estas son las tres conductas repetitivas que quería abordar y que son posibles respuestas que podemos tener todos ante la situación actual, pero cabe señalar que puede haber un sinfín de respuestas ante lo que pasa actualmente, mas aquí me limito a las mencionadas.

Cualquiera habiendo repasado vagamente este escrito, podría decir que dichas respuestas ante las circunstancias actuales son naturales, ya que cuando se nos agrede, se necesita una enorme dosis de autocontrol para no responder con agresión, también resulta casi imposible no sentir miedo ante una amenaza real y muchos somos los que en algún momento hemos expresado indiferencia ante una lucha justa para algún sector de la sociedad.

Sin embargo, la propuesta que hago no es a tratar de no sentir dichas emociones o no expresar dichas conductas, más que no expresarlas es una incitación al autocontrol, en estos momentos más que nunca necesitamos tener un cuidadoso control sobre nuestras formas de reaccionar y no dejar que las reacciones emocionales nos controlen a nosotros.

Nunca podremos resolver un conflicto si estamos fuera de control, necesitamos una zona de control para poder actuar de manera eficaz y contundente ante un conflicto dado y más de esta índole y envergadura, el cual ha sido siempre nuestro talón de Aquiles. 

Necesitamos ubicarnos desde nuestra realidad, analizar muy bien la manera en la que podemos aportar y brindar soluciones adecuadas y adaptadas a nuestro contexto y actuar de manera inteligente en los diferentes espacios, esto hará que nuestro mensaje ante la otra persona u otro sector en conflicto sea más claro e impactante, solo así podremos transformar nuestra realidad, solo así podremos cambiar el rumbo de nuestra historia de manera positiva.


*Psicólogo.