Róger A. Castillo
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Hermanas y hermanos todos nicaragüenses. Hoy nuestra Madre Santísima derrama sus lágrimas por su pueblo, Nicaragua, derrama sus lágrimas ante el dolor que oprime el corazón de las madres nicaragüenses, pero no son lágrimas únicamente para las madres que han perdido a un ser querido ansiado de libertad y de justica, también son lágrimas por aquellas madres que en silencio lloran cómo sus hijos y seres queridos se pierden, confundidos en actos impensables y que no vienen de sus corazones.

A esos nicaragüenses, les ruego, concederse apenas unos minutos a solas, abrir sus corazones y verán los rostros de sus seres queridos, padres, hijos, hermanos y sentirán una gran iluminación, una intensa luz de amor que hará desaparecer la oscuridad que hoy confunde sus mentes y corazones. Vieran cuánto sufre una madre cuando ve perderse a un hijo en la oscuridad de una mente confundida.

¡Qué alegría y gozo deben sentir esos jóvenes que aún tienen a sus madres que se preocupan por ellos! Les comento: mi madre se fue al cielo hace 55 años, aún hoy converso con ella todos los días y aún escucho sus recomendaciones que si las hubiese atendido en aquella ocasión, hoy sería un mejor hombre, esposo, padre y abuelo.

Hijos nicaragüenses que camináis por caminos oscuros, aún hay tiempo, basta un sincero arrepentimiento de corazón y recibiremos todo ese inmenso amor que sale del corazón inmaculado de la madre de toda la humanidad, la santísima Virgen María y no olvidemos, que Dios, Señor y Padre nuestro, amó tanto al mundo, que nos dio a su hijo....Jesús resucitado.

¡Basta ya de oscuridad! Abramos hoy mismo nuestros corazones, para que brote la luz que todos llevamos dentro, que es la luz del amor.