Mirjana Stankovic
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Imaginen un aula escolar en un pueblo rural de México donde maestros de distintas partes del mundo comparten sus enseñanzas en línea; o un aula donde los estudiantes viajan virtualmente por todo el mundo y aprenden sobre diferentes culturas usando realidad virtual y aumentada. Escenarios como estos ya no son parte de historias de ciencia ficción, sino del presente. Es debido a las tecnologías emergentes de la Cuarta Revolución Industrial (4RI) que estos escenarios son parte de la realidad.

El concepto de la 4RI contiene una gran cantidad de tecnologías de vanguardia como: la inteligencia artificial (AI, por sus siglas en inglés), impresión 3D, aprendizaje automático, el Internet de las cosas, computación en la nube y Big Data; en una visión de futuro automatizado e inteligente.

Estas tecnologías pueden ser liberadoras y disruptivas, y la promesa de la 4RI sugiere que esta disrupción no necesariamente genera más diferencias o división. Los datos abiertos, el Big Data y la provisión de servicios inteligentes trabajando de la mano con las políticas adecuadas, tienen la capacidad de contribuir en gran medida a contrarrestar los cambios negativos causados por las tecnologías emergentes, como el AI.

El futuro del trabajo se ve muy diferente a lo que conocemos hoy, donde tecnologías como la AI harán obsoletos muchos trabajos manuales repetitivos. De acuerdo con el McKinsey Global Institute, los robots podrían reemplazar 800 millones de empleos en el 2030.

Según una estimación popular, el 65% de los niños que ingresan a la escuela primaria hoy terminan trabajando en tipos de trabajos completamente nuevos que aún no existen. A estos niños se les debe enseñar cómo pensar, y fortalecer las ¨habilidades blandas¨ como el pensamiento crítico, la curiosidad, los valores y el trabajo en equipo.

A pesar de todos estos avances tecnológicos, las aulas de hoy en día no han cambiado mucho. Las tecnologías emergentes están influyendo en las sociedades modernas de maneras inimaginables, pero los sistemas de educación y de capacitación se han mantenido estáticos durante décadas; convirtiéndose en tecnologías inadecuadas para la nueva realidad.

En las aulas donde se incluye un componente tecnológico, pero se limita la capacidad que esta tiene para personalizar la enseñanza, nos encontramos en un escenario en donde la mejora es superficial: los estudiantes miran el contenido por videoconferencia en línea, pero permanecen sentados mientras reciben información como lo harían en un aula tradicional. Aun así, la memorización suele ser más recompensada que la curiosidad y la experimentación.

Gracias a los avances en AI y el aprendizaje automático (o machine learning), el sector de la educación está empezando a cambiar lenta pero constantemente. El uso de la inteligencia artificial podría reflejarse como un par de manos adicionales en el aula. Una publicación reciente sobre transformación digital de los servicios sociales realizada por el Banco Interamericano de Desarrollo describe cómo el aprendizaje combinado y el aprendizaje adaptativo son dos formas de personalizar la experiencia educativa.

La inteligencia artificial podría hacer aún más: hacer más eficientes a los docentes al brindarles una mejor comprensión de las necesidades de sus alumnos. Los algoritmos de AI pueden ayudar a los profesores al recopilar, analizar y correlacionar cada interacción que tiene lugar en las aulas físicas y virtuales, y así personalizar la experiencia de aprendizaje. Ya no existirían clases de talla única, diseñadas limitando la diversidad en la enseñanza y el aprendizaje.

La tutoría en línea es otro desarrollo emocionante. Plataformas como Freckle, Carnegie Learning y Thinkster trabajan con sistemas inteligentes de tutoría  capaces de imitar los beneficios de la tutoría individualizada. En Latinoamérica, Geekie explora las correlaciones entre patrones de aprendizaje para mejorar la enseñanza a sus estudiantes.

Existen también plataformas impulsadas por inteligencia artificial que crean perfiles digitales de cada estudiante al recopilar información en vivo de la interacción del usuario con el material del curso. Además de mantener registros de calificaciones y puntajes, Zoomi rastrea microinteracciones tales como encontrar contenido específico, o publicar una pregunta o respuesta en un foro de discusión. Estos datos se utilizan para construir un modelo que pueda proporcionar información en tiempo real que ayudan a encontrar patrones comunes entre distintos estudiantes y a realizar análisis predictivos, como la predicción de cómo los estudiantes se desempeñarán en el futuro.

* La autora es abogada y economista con amplia experiencia internacional y ha sido consultora del BID y el BM.