Orlando López-Selva
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En España, de repente, el Partido Popular (PP) perdió la Jefatura del Gobierno. Son las reglas del sistema parlamentario. Y, a pesar de ser una democracia, donde Mariano Rajoy tenía mayoría legislativa, una alianza de partidos interpuso una moción de censura al presidente. Resultado: su gobierno dimitió. Rajoy aceptó el resultado y se fue a su casa. ¡Eso hacen los políticos civilizados!

Ahora hay un nuevo presidente en España: Pedro Sánchez, socialista del PSOE.

Mi punto: en España los mecanismos democráticos permitieron a la oposición destituir al presidente, que aunque no sea corrupto, sí lo están algunos de sus correligionarios. Ahora el PSOE formará un Gobierno en el corto plazo, convocará a nuevas elecciones. Albert Rivera (líder de Ciudadanos) podría formar un Gobierno de coalición, guiado por liberales. Aunque, si Pedro Sánchez hace bien la cosas, interinamente, gobernaría con un partido que parecía ya vencido. Premisas políticas: en la democracia nadie muere; todos respetan las reglas del juego. ¿Solo en países de menor desarrollo la democracia no encuentra acogida total? Entonces, ello marca la diferencia.  

Efectivamente, en las democracias sólidas, nadie tiene que vivir en zozobra cuando se dan cambios de Gobierno. La incertidumbre solo se vive en regímenes menos democráticos o dictatoriales.  

Y no importa si el espectro político es variado, como en España. De esa manera, todos los ciudadanos tienen varias alternativas. Así, los funcionarios públicos, cuando no cumplen sus deberes, enfrentan la justicia y pierden el poder. En la democracia parlamentaria basta que un grupo significativo de diputados se sumen para pedir un voto de censura y, así saber si el primer ministro (presidente, caso español) realmente cuenta con la suficiente mayoritaria legislativa como para seguir en el poder. 

Se pasó de un gobierno de derecha (como el del PP), a uno de izquierda (PSOE), en un santiamén. Bastó la votación parlamentaria. Fue una solución aceptada por los ciudadanos españoles y los partidos políticos opositores, por pequeños que fueren. El voto de censura parlamentario, expresado por los diputados el viernes 1 de junio, legitima a la democracia; la vuelve eficiente. Ello hace que la democracia sea justa con todos. Eso la convierte en un mecanismo garante de la tranquilidad de una nación.

Hay mayor posibilidad de alcanzar el desarrollo si se siguen principios y valores, como el Estado de Derecho, el consentimiento del gobernado, el pluralismo, el respeto a los derechos humanos y las libertades políticas. Pero, ¿por qué estos principios básicos no han tenido la suficiente acogida en las sociedades de menor desarrollo, si se sabe bien que la democracia dirime cualquier conflicto en busca del mayor bienestar social y en pro del interés nacional?

¿La diferencia yace en la calidad de los políticos en cada país?

España confirmó que quiere sentar un magnífico precedente. Con el cambio de Gobierno, la Jefatura de Gobierno pasó de manos conservadoras a socialdemócratas. 

Estoy seguro que Pedro Sánchez actuará con sensatez. Él es un líder joven (46 años), inteligente, preparado (PhD en Economía), tenaz y digno, que no ignorará que le tiene mejor cuenta respetar el marco legal de la democracia e irse a su casa, cuando deba, que violar leyes. Los demócratas tienen dignidad. 

¿Podrán alguna vez los dictadores irse a su casa cuando haya señalamientos de corrupción en su contra o se les acuse de cometer crímenes? 

El expresidente peruano Pedro Pablo Kuczinski, un demócrata verdadero, cuando fue indiciado, renunció para enfrentar la justicia. No se aferró al poder, usando argucias. 

Los españoles aprendieron bien de la historia. Habiendo vivido bajo la dictadura de Francisco Franco (1939-75); y habiendo visto las exitosas democracias europeas, hoy están conscientes y determinados a aceptar las reglas del juego democrático, sabiendo que este brinda más progreso y bienestar. ¿Por qué? Todos actúan de buena fe. Nadie desconfía del otro; a pesar de saber que los partidos de izquierda, aunque fueren radicales, tienen toda la buena disposición para aceptar mecanismos eficaces y reglas claras que sí darán seguridad y respeto a todos los partidos políticos y a la ciudadanía en general.     

Hace dos años hubo dos elecciones en España. Pedro Sánchez, entonces, no pudo formar un gobierno de coalición, como lo requiere el sistema parlamentario. Ello mantuvo a Mariano Rajoy en el poder. Lo bueno es que los españoles confiaron y están muy satisfechos con el modelo adoptado desde 1975. 

En España vemos un envidiable ejemplo de cómo la democracia se sustenta en el interés nacional, no en el de un partido o unos pocos.