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Somos lo que somos y nuestras circunstancias, reza una antigua premisa, que bien puede contextualizarse diciendo que la percepción selectiva de las cosas nos orienta a optar por una u otra decisión en cada uno de nuestros comportamientos vitales: los intereses creados.

Nicaragua se debate de nuevo entre la disyuntiva de seguir siendo un país digno, soberano, independiente o un satélite o sucursal de una nación poderosa (según varios parámetros) que la considere un patio trasero o simple centro de ocio y esparcimiento de sus ciudadanos de primera clase, cuando estos deseen tomar sus vacaciones, retiros laborales o simplemente para un rato de esparcimiento fuera de cualquier riesgo de daño a su imagen de ciudadan@ de bien (los famosos “affaire” o canas al aire). Para ejemplificar, el papel que jugamos desde los 30 hasta los 70 del siglo pasado, o el que sigue jugando la mayoría de  islas del Caribe (Curazao, Bermudas, Caimán, etc.). Cuba dejó de serlo desde el 59, aunque ahora corre el riesgo de repetir la historia.

Haciendo referencia al título de la presente reflexión, en materia de sociología y sicología se dice percepción selectiva a un fenómeno o proceso que destaca la importancia o interés por algo según las necesidades o intereses que motivan a cada individuo. Más concreto todavía: ¿cómo valoramos el caos reciente en nuestro país, según nuestra posición como individuos?

Riesgo de gobernabilidad y mantenimiento en el cargo para los estadistas. Oportunidad de alcanzar dichos cargos para los adversarios. Oportunidad para hacerse de un satélite más fuera de su territorio nacional para las potencias extranjeras que ostentan poderío militar y económico, además del ideológico. Eso les facilitaría expandirse a nivel regional en sitios donde existan recursos de la biodiversidad generosa (petróleo, gas, minerales raros y escasos, etc., sin dejar de considerar los Recursos Humanos calificados y especializados que puedan manejar a su conveniencia). Venezuela en recursos naturales y Nicaragua por su posición geoestratégica al poder permitir cruce entre el Pacífico y Atlántico en poco tiempo (el canal famoso). 

En materia sanitaria también es posible identificar el papel de la percepción selectiva para el desarrollo de estrategias de éxito. La industria farmacéutica (2da-3ra en ganancias, solamente detrás de la industria bélica y del ocio obsceno y lucrativo) procura generar necesidades a base de  codependencias crónicas en diferentes procesos de morbilidad para tener sujetadas a las instituciones de salud (públicas y privadas) y a los ciudadanos, quienes tienen que comprar permanentemente medios e insumos (incluidos fármacos) para diagnóstico y tratamiento de enfermedades agudas y crónicas. Aliviar pero no curar, para generar ventas sosteniblemente. ¿Vacunas? Prevenir no es buena estrategia de marketing.

El paciente percibe la enfermedad como un problema, al limitar sus actividades de la vida diaria. La industria farmacéutica la percibe como una oportunidad de incremento de sus ganancias. A más enfermedad más ganancias. Obscenidad de percepción, pero es la que prevalece. Igual sucede entonces, vinculando el título, con los intereses de individuos y grupos que viven del caos en las diferentes regiones o países. Crear inestabilidad para poder vender paz y seguridad, según sus estrategias de dominación. Cada vez modifican las formas de sus productos, para evitar que el consumidor perciba que le están dando más de lo mismo. Especificar más podría traer problemas. Quienes están vinculados ya saben a qué se hace referencia, aunque fingen demencia para no darse por enterados. Es su forma de sobrevivir, mutando y adaptándose como los camaleones. Peligro: estamos repitiendo fenómenos letales de convivencia. No estamos lejos de fenómenos como el Estado Islámico: baste ver y leer expresiones de ideas y comportamientos a
troces  de ciertos grupos o individuos en la presente crisis social. Prevengamos hoy para no lamentar mañana.

Salud para todos.

* Médico.