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La oración, el ayuno y la misericordia, están presentes desde tiempos antiguos en  el hinduismo, el budismo, el judaísmo, en el cristianismo, el islam, y en las espiritualidades  del mundo pre-hispánico. La oración, el ayuno, el perdón, la paz  y la misericordia son dones de Dios, que incluye la práctica del amor fraternal, ternura, respeto a toda persona, súplica, comunión, fe. Se trata de un ruego ferviente por la ayuda divina al servicio de causas justas.

Sus propósitos son para la edificación y sanación, el perdón y la reconciliación, la práctica de la justicia y la paz, intercesión por los oprimidos y excluidos, por la unidad de las familias, la consolación de las madres, y búsqueda de la ayuda y la guía de Dios para una salida pacífica, tal es el caso de Nicaragua.

Las Iglesias están avocadas al ayuno y la oración para que cese la represión, o más estudiantes muertos, heridos, detenidos, ni  desaparecidos, así como  el discernimiento de una propuesta integral para la paz con justicia, democratización, sanación, y libertades civiles. El ayuno y la oración se nutren de ricas tradiciones religiosas que referimos aquí muy brevemente.

En la liturgia judía, la Torá se lee durante las oraciones de la mañana y la tarde. Los cuatro ayunos en la Torá conmemoran los actos liberadores de Dios en la historia de Israel. En la liturgia de las fiestas solemnes expresan su gratitud por haber sido liberados de la esclavitud egipcia y babilónica. En el Sinaí, Moisés estuvo con el Señor 40 días y 40 noches; no comió pan ni bebió agua; y escribió en tablas las palabras del Pacto, los diez Mandamientos, un  proyecto ético para la Humanidad (Exodo  34,28). Esther convocó a un ayuno de 3 días para preservar la vida de su pueblo, y así fue (Esther 4,15-17).

El Día de la Expiación,  los israelitas ayunaban en el día santo para crecer en fe, santidad, perdón, justicia y buenas obras (Lev 16,29-31; 23, 27-29). Los profetas proclaman la Palabra de Dios,  protegen al pueblo, denuncian a la clase dominante por su lujo, codicia e injusticias a costa de los pobres.

Los profetas provocan un cambio de conducta, una conversión para que todos-as se encuentren con Dios (Is 1; 3; 5; 10). En este espíritu el profeta Isaías anuncia el verdadero ayuno que Dios demanda: ¿No es más bien el ayuno que yo escogí, desatar las ligaduras de impiedad, soltar  las cargas de opresión, y dejar ir libres a los quebrantados, y que rompas todo yugo? (Is 58, 1-18). Dios ama el ayuno profético que tiene como propósito la liberación y la libertad.

Jesús fue un hombre de ayuno, oración y misericordia. Después de su bautismo, ayunó 40 días  y 40 noches en el desierto, surgiendo con el proyecto de reino de Dios, el anuncio de una sociedad alternativa donde mora la justicia (Lc 4,1-2).

El Espíritu  lo consagró para dar la Buena Nueva a los pobres, sanar a los quebrantados de corazón, pregonar libertad a los cautivos, vista a los ciegos y a poner en libertad a los oprimidos (Lc 4,18). Enseñó a sus discípulos a orar, diciendo: “vosotros oraréis así, Padre nuestro que estás en los cielos…”(Mt 6,9ss).

Su Padre es también el Padre de todos nosotros, por lo tanto, hermanos-as entre sí. Jesús manda a sus discípulos-as a orar y hacer ayuno por causas justas, haciéndolo en secreto, y el Padre que ve en lo secreto lo recompensará en público (Mt 6,16-18). Desde entonces, estas enseñanzas han inspirado a los creyentes, ante los desafíos de la historia. La iglesia del primer siglo cultivó el ayuno y la oración para actuar  coherentemente con los principios del reino de Dios.

Después de la ascensión del Señor, en el aposento alto, los apóstoles, las mujeres, María, y los hermanos de Jesús  perseveraban unánime en oración y ruegos para cumplir la misión integral de la Iglesia (Hechos 1,13-14), y así mismo, perseveran unánimes  en la oración el día de Pentecostés para anunciar el Evangelio a todas las naciones (Hechos 2,1ss).

San Pablo animó a los creyentes a orar constantemente para nutrir la fe, así como las fuerzas necesarias para resistir la persecución y todo tipo de pruebas (1 Tes 5,17; Rm 12); teniendo presente que el ayuno, la oración y la práctica del amor fraternal nos une para trabajar en los procesos de transformación de nosotros mismos y de nuestras situaciones.

Ayuno, oración y comunión fue central en la espiritualidad de los padres del desierto. San Irineo en el siglo II y la Didascalia en el siglo III, enseñan a la Iglesia sobre el ayuno. Hacia fines del siglo IV se instituye el tiempo de Cuaresma para los fines de la preparación de la Pascua, tiempo de oración, ayuno, penitencias, y obras sociales. Eusebio de Cesárea, refiere  enseñanzas de los Padres sobre el ayuno.

San Agustín en su obra: Confesiones, teologizará a cerca del sentido espiritual y social del ayuno.  Martin Lutero, Juan Calvino, Felipe Melachton, John Knox, Martin Bucero, reformadores humanistas,  cultivaron el ayuno y la oración en los procesos de reforma y transformación socio-religiosa, económica, política y cultural de Europa.

Las iglesias luteranas, reformadas, anglicanas, bautistas, metodistas, menonitas, congregacionales y pentecostales, cultivaron desde sus orígenes la oración y el ayuno vinculantes a sus proyectos de misión y diaconía social. De modo que el ayuno, la oración y acciones concretas tienen incidencia en lo que nos proponemos.

Ellos fueron personas de ayuno y oración. Ambos optaron por la filosofía de la no-violencia activa y revolucionaria. Ambos plantearon las coordenadas de una sociedad inclusiva, de igualdad social. Ambos mueren asesinados por el sistema. Ambos logran transformaciones en sus sociedades, e inciden en las culturas contemporáneas, mostrándonos que la no-violencia es factible  para transformar nuestras situaciones.

Gandhi tenía una fe enraizada en el hinduismo, pero con una conciencia ecuménica. Luther King era pastor protestante, teólogo de la teología negra de la liberación. Sus estrategias de la no-violencia constituyen lecciones prácticas que podemos aplicar según nuestros contextos para cambiar la situación y mejorar el proyecto de nación que proponemos.

Los cristianos venimos de una larga tradición en la cual cultivamos estas disciplinas espirituales relacionadas orgánicamente a las diversas dimensiones de nuestra vida social, política, económica, cultural, ecológica e histórica.

Por lo tanto, el ayuno y la oración de las iglesias se hace con sentido crítico a fin de contribuir a una resolución hacia la construcción de la paz con justicia, democratización en las esferas del Estado y la Sociedad, la reconciliación y unidad nacional, y la formulación de paradigmas para los procesos de sanación y reconstrucción socio-económica, política, cultural y ambiental de Nicaragua.

Así mismo, las Iglesias oran y ayunan por el cese de la represión; porque no haya más estudiantes ni campesinos asesinados ni heridos; por la protección de todas las personas; por mantener la lucha cívica; por el apoyo a la CEN y la continuidad del Diálogo Nacional que es el camino para una resolución  pacífica, ordenada y constitucional, ante la grave crisis que afrontamos. 

* El autor es Rector  de la Universidad Evangélica Nicaragüense Martin Luther King, jr.