•  |
  •  |
  • END

BERKELEY

¿Los gobiernos del mundo son capaces de sacar a la economía mundial de una depresión profunda y prolongada? Hace tres meses habría dicho que sí, sin ninguna duda. Ahora, no estoy tan seguro.

El problema no es que los gobiernos duden sobre qué hacer. La lista estándar de cosas que hay que hacer en una crisis financiera para evitar una depresión profunda y prolongada se ha venido elaborando gradualmente durante dos siglos: por el gobernador del Banco de Inglaterra Cornelius Buller en 1825; por el editor de The Economist en la era victoriana, Walter Bagehot; y por los economistas Irving Fisher, Johan Maynard Keynes, Milton Friedman, entre muchos otros.

El problema esencial en tiempos como éstos es que la demanda de parte de los inversores de activos --y, por ende, su valor-- que sean seguros, resguardados y líquidos es demasiado alta, mientras que la demanda de activos que apuntalen y financien el capital productivo de la economía es demasiado baja. La solución obvia es que los gobiernos creen más efectivo para satisfacer la demanda de activos seguros, resguardados y líquidos.

Como le gustaba decir a Keynes: “El desempleo se genera... porque la gente quiere la luna” --activos seguros, resguardados y líquidos--. “Los hombres no pueden tener empleo cuando el objeto de deseo (o sea, el dinero) es algo que no se puede producir y cuya demanda no puede satisfacerse de inmediato”. La solución es “persuadir al público de que el queso verde (o sea, los billetes impresos por el Banco Central) es prácticamente el mismo y de tener una fábrica de queso verde (es decir, un banco central) bajo control público”.

Al comprar bonos del gobierno a cambio de efectivo, un banco central puede satisfacer la demanda y hacer bajar el precio del efectivo. Cuando no haya una demanda excesiva de efectivo, no habrá oferta excesiva de los bonos y acciones que apuntalan y financian el capital productivo de la economía. En consecuencia, la política monetaria expansionaria a través de operaciones estándar de mercado abierto por parte de un banco central es el primer punto de la lista de lo que hay que hacer en una crisis financiera.

Hace tres meses, dije que todos excepto un pequeño y desequilibrado grupo de economistas aprueban las operaciones expansionarias de mercado abierto para mantener constante el gasto nominal total en una crisis, y tenía razón. También tenía razón cuando dije que todos excepto un pequeño y desequilibrado grupo de economistas aprueban las garantías del Banco Central de una estabilidad del sistema, para impedir que el riesgo de un colapso del sistema de pagos se vuelva una consideración de primer orden que impulse la demanda de efectivo a niveles innaturales.

El problema surge cuando la política monetaria expansionaria a través de operaciones estándar de mercado abierto y garantías del Banco Central de mercados ordenados resulta insuficiente. Los economistas disienten respecto de cuándo, en qué circunstancias y en qué orden los gobiernos deberían avanzar más allá de estos dos primeros puntos en la lista.

¿Los gobiernos deberían intentar aumentar la velocidad monetaria vendiendo bonos, impulsando así las tasas de interés a corto plazo? ¿Deberían emplear a trabajadores desempleados, directa o indirectamente, postergando para más adelante los gastos o expandiendo la escala de los programas gubernamentales? ¿Deberían garantizar explícitamente los pasivos y/o clases de activos de instituciones financieras importantes? ¿Deberían comprar activos a lo que consideran un precio de descuento respecto de sus valores a largo plazo, o comprar activos que los inversores privados no están dispuestos a comercializar, ni siquiera a una prima por sobre sus probables valores a largo plazo? ¿Deberían los gobiernos recapitalizar o nacionalizar los bancos? ¿Deberían seguir emitiendo dinero incluso después de agotar su capacidad de inyectar liquidez adicional a la economía a través de operaciones convencionales de mercado abierto, como sucede actualmente en Estados Unidos y otras partes?
Hace tres meses dije que había un desacuerdo considerable respecto de estas cuestiones, pero que dos cosas eran seguras. Primero, no sabemos lo suficiente respecto de cuándo, en qué circunstancias y en qué orden los gobiernos deberían recurrir a estos puntos de la lista.

Segundo, intentar una combinación de estos puntos --aunque más no sea una combinación confusa y fortuita-- era mejor que no hacer nada. Las cinco economías principales del mundo implementaron sus propias combinaciones confusas y fortuitas de políticas monetarias, fiscales y bancarias durante la Gran Depresión, y cuanto antes lo hicieron --cuando antes cada una comenzó su propio Nuevo Trato--, mejor. Japón y Gran Bretaña comenzaron sus Nuevos Tratos en 1931. Alemania y Estados Unidos iniciaron los suyos en 1933. Francia esperó hasta 1936. Japón y Gran Bretaña se recuperaron primero y más rápidamente de la Gran Depresión; Alemania y Estados Unidos lo hicieron bastante después, y Francia quedó en la retaguardia.

La conclusión que extraje de esto es que deberíamos intentar una combinación de todas las medidas de la lista --aligeramiento monetario cuantitativo; garantías, compras, recapitalizaciones y nacionalizaciones bancarias; gasto fiscal directo y emisiones de deuda-- asegurando al mismo tiempo que podemos hacerlo lo suficientemente rápido y a una escala lo suficientemente grande como para lograr el objetivo. Sin embargo, me dicen que las posibilidades de obtener más dinero en Estados Unidos por una ronda adicional de estímulo fiscal este año son nulas, al igual que las posibilidades de obtener más dinero este año para intervenir en el sistema bancario a una escala incluso mayor que la del Programa de Alivio de Activos en Problemas (TARP, tal su sigla en inglés).

Existe un 80% de probabilidades de que no resulte desastroso esperar hasta 2010 y ver qué políticas suenan apropiadas entonces. Pero eso significa que existe un 20% de probabilidades de que sí lo sea. Y Estados Unidos debe decirse, es el más agresivo y el que mejor se comporta de todos los gobiernos principales.


J. Bradford DeLong, ex subsecretario del Tesoro norteamericano durante la administración Clinton, es profesor de Economía en la Universidad de California en Berkeley.


Copyright: Project Syndicate, 2009.

www.project-syndicate.org