Carlos Scartascini
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En junio y julio los hinchas del futbol en América Latina estarán pegados a sus televisores, disfrutando la emoción y el orgullo que se siente al pertenecer a una región famosa por brillar en cada Mundial de Futbol.

Pero no se trata solo de los deportistas de élite. Al menos desde la época de los antiguos griegos, las sociedades han entendido que el deporte puede ayudar a mejorar la salud y el humor de sus ciudadanos. El deporte mantiene nuestras mentes y cuerpos en forma. Sirve como pegamento social. Ayuda a los jóvenes a perfeccionar sus habilidades para la vida y, en algunos casos, ayuda a reducir la delincuencia.

Desafortunadamente, son muy pocos los latinoamericanos que hacen deporte. A pesar de pertenecer a una región con auténticos genios del deporte, los adolescentes y adultos latinoamericanos y caribeños hacen menos ejercicio físico que el promedio mundial y menos que los europeos y africanos. Como resultado, casi uno de cada cuatro adultos en América Latina y el Caribe tiene problemas de obesidad (un índice de masa corporal de grasa del 30% o más), y la obesidad entre niños y adultos está aumentando más que en otras regiones del mundo.

Pero combatir la obesidad no es el único beneficio del deporte. El ejercicio físico puede ayudar a disminuir cardiopatías, accidentes cerebrovasculares, cáncer y depresión y a mejorar la salud cognitiva en general. Eso, a su vez, puede significar mayor productividad, menos días por enfermedad y menores costos de salud para la sociedad. El sedentarismo no es bueno para nosotros a nivel individual ni para la sociedad en su conjunto.

¿Qué se puede hacer entonces? Lo que sorprende es que el gasto en deportes por parte de los gobiernos de la región represente tan solo un 0.1% del PIB, alrededor de un tercio de lo que gastan los países europeos. Considerando todos los beneficios del deporte, ¿no deberíamos invertir más?

Es una pregunta difícil de contestar. Al usar fondos para instalaciones deportivas uno tiene menos recursos para otras prioridades urgentes de desarrollo, como la construcción de carreteras o la contratación de maestros. Si queremos evitar el desperdicio de recursos valiosos y maximizar los posibles beneficios sociales, tenemos que identificar los programas deportivos que más beneficios ofrecen al menor precio. Tenemos que diseñar programas que puedan ser evaluados por su eficiencia y evaluar mejor los programas ya existentes.

Los beneficios podrían ser enormes, incluso en el ámbito social. Los programas deportivos pueden fortalecer las relaciones sociales reuniendo a personas de diferentes orígenes. Aparte de eso, pueden ofrecer salidas alternativas a los jóvenes descarriados y ayudarles a desarrollar una buena autoestima, así como disciplina y la capacidad de trabajar en equipo. Todo esto puede reducir los niveles de delincuencia, y generar logros académicos y acceso al mercado laboral.

En Europa, por ejemplo, estudios han demostrado que los deportes activos están correlacionados con el aumento de los ingresos en cerca de 1,200 euros, en comparación con ninguna o muy poca actividad deportiva. Aunque la causa de ese efecto no está totalmente clara, esto se traduce en una extraordinaria tasa de rendimiento de entre el 5% y el 10%, a la par con un año adicional de escolaridad.

También hay iniciativas como A Ganar, uno de los muchos programas de deporte para el desarrollo dirigidos a jóvenes en riesgo y apoyados por el Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y sus socios en la región. A Ganar combina actividades deportivas con capacitación en habilidades útiles para la vida diaria, capacitación técnica profesional basada en el mercado y pasantías laborales para unos 12,000 jóvenes en 11 países. El 70% de los participantes se gradúa del programa. Además, más del 65% de los graduados consiguen empleo formal, regresan a las aulas o inician un negocio al cabo de un año.

No obstante, en Suecia, los investigadores determinaron que los centros de recreación juvenil que ofrecen actividades no estructuradas en ocasiones terminan siendo lugares de encuentro para chicos problemáticos que corrompen a los recién llegados y fomentan comportamientos de alto riesgo. Y otra evidencia sugiere que el deporte puede fomentar la presión entre compañeros e incluso conducir a la creación de pandillas. Por el contrario, las actividades deportivas muy estructuradas, con oportunidades de desarrollo de habilidades y relaciones sólidas entre estudiantes, entrenadores y otros mentores, pueden fomentar un verdadero crecimiento físico, mental y emocional.

* El autor es economista principal en el Departamento de Investigación del Banco Interamericano de Desarrollo (BID).