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El 1 de julio habrá elecciones generales en México. Se escogerá a 128 senadores, 500 diputados, y al presidente de la República.

Manuel López Obrador, de la izquierda radical, lidera una alianza del movimiento Juntos Haremos Historia. ¿Han caído tan bajo estos grupos radicales con sus posiciones, que, frecuentemente, tienen que cambiar su máscara?

¿México se vería bien frente a Estados Unidos si escogieran los mexicanos a un candidato radical como López Obrador?

Mi punto: este contumaz político de la izquierda mexicana quiere ser presidente de México, a cualquier precio, en un país que no puede admitir extremistas. Washington jamás vería con buenos ojos que un radical se asiente al sur de su larga frontera para poner en peligro los intereses de esta potencia en su zona hemisférica. ¿López Obrador se arriesga con este desafío asumiendo posiciones radicales y coqueteos con los pocos tiranos izquierdistas latinoamericanos, que en vez de honrarle, le tiznan? Esas marcas son un lastre en su tortuosa carrera política. 

Los candidatos en la contienda electoral mexicana son: José Antonio Meade Kuribreña, PhD en Economía, (PRI); Ricardo Anaya Cortés, abogado y doctor en Ciencias Políticas, (PAN); Jaime Rodríguez Calderón, ingeniero agrónomo, (Independiente); Manuel López Obrador, licenciado en Ciencias Políticas y Administración Pública.  

El mayor interés de Washington yace en preservar su seguridad interior e internacional. Y los mayores pilares de su política deben contrarrestar el terrorismo global; contrarrestar el expansionismo chino y preservar sus intereses en Europa Occidental frente a cualquier amenaza de la Federación Rusa. Como parte de su política global de defensa de sus intereses, implica promover sus intereses económicos, comerciales y financieros.

He aquí la lista de los cinco mayores socios comerciales de Washington. Canadá es el primero, intercambia US$320.8 billones ; México, US$261.7; China, US$169.8; Gran Bretaña, US$121; Japón, US$107.4.

Esas cifras son elocuentes. México, a pesar de ser la economía número 13 del mundo, como ven, es aliado comercial primordial de la primera potencia global. Cierto, dirán, estar al lado de los Estados Unidos condiciona toda la oferta de sus industrias y empresas de servicios. Son suplidores naturales de productos a los estadounidenses, por su posición geográfica. Es una razón contundente, por ello, Canadá también está donde está. 

Pero el punto no solo es que México sea una nación importante, comercialmente hablando, ambos comparten 3,169 kilómetros de frontera. Ello vuelve toda relación con su vecino del norte importante: migración, seguridad y turismo. 

México es un país norteamericano. Y es la puerta de Estados Unidos hacia la región latinoamericana. El país azteca tiene fronteras en ambos océanos; es el mayor suplidor de frutas, vegetales, alimentos empacados, carros, muebles, repuestos, y telas a su vecino del norte.

De los cuatro contendientes mexicanos que compiten en las elecciones presidenciales mexicanas, solo López Obrador tiene una propuesta izquierdista radical, populista, antinorteamericana y antioccidental. Él está a favor de un mayor expansionismo del comercio con énfasis en Asia y, particularmente, China y Rusia. Eso no está mal, ya que todo Estado puede comerciar con quien le dé la gana. Pero, sabiendo la proximidad de intereses con Washington, la conveniencia del pago en divisas fuertes y que la matriz industrial de su desarrollo económico se sustenta sobre estructuras construidas con tecnológica norteamericana cualquier desviación es vista como un disfraz para roerle los pilares al gigante Samuel.

En cuanto a su postura con respecto a los países socialistas del ALBA, López Obrador es condescendiente, ambivalente. Ello no avizora nada bueno si olvida que esta en una zona geográfica  donde capitalismo y democracia son los ejes básicos.  

Desde hace varios años, don Manuel ha sido un candidato radical. Estuvo en el PRD (Partido Revolucionario Democrático) y ha sido de varias alianzas, después de haber fracasado tres veces con partidos pequeños que buscan sumar fuerzas para reemplazar a las paralelas modernas mexicanas de este siglo: PRI y PAN.

López Obrador no parece darse cuenta que ser radical y populista es una combinación química repelible. No es que no pueda haber opciones variadas en el espectro ideológico latinoamericano. Sino que lo radical, aunque pinte, no se sustenta por largo tiempo. La moderación en política es la clave para la permanencia.

México merece continuar su desarrollo creciente. Si ha llegado donde hoy está es gracias a su intercambio comercial con Estados Unidos; y por haber sido gobernado por líderes balanceados. 

México es líder de Latinoamérica. Los ciudadanos mexicanos no debe caer en las garras de esos radicales-populistas que no le han hecho ningún bien a nuestros países.