Orlando López-Selva
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El régimen de Nicolás Maduro ignora que tener más poder no le da más razón. 

Si actuara siempre democráticamente, hoy no estaría enfrentando los escenarios asfixiantes y tormentosos. Se precipita por desoír las voces sensatas.

¿Qué gana Maduro reprimiendo, si ningún país decente le reconocerá? Ya a los funcionarios de su gobierno los acusan de estar ligados al narcotráfico y de cometer innumerables delitos contra el pueblo opositor.

El gran error de los dictadores: creer que asfixiando y avasallando a sus opositores, prevalecerán por miedo y terror. No; así solo ganan repudio internacional. Se enfrentan al mundo, creyendo librar una batalla desigual. No; los que los enfrentan son los héroes. 

Mi punto: Nicolás Maduro se destruye a sí, vergonzosamente. Pronto será un perseguido de los tribunales internacionales. ¿Seguirá huyendo de los foros globales? Si se aísla más, más se hundirá. Es violador de derechos humanos; está acusado de dictador (¿siente vergüenza?). Ya no se le abren las puertas donde pedir ayuda para sobrevivir. Llegó al punto previsto del fracaso tiránico. Está muy solo, arrinconado, débil. Y sus pocos “amigos” ya lo sienten como una carga pesada, herrumbrosa, desgastada y desgastante. 

Nicolás Maduro ha sido un mal ejemplo para Venezuela. Todas las estadísticas muestran su supina incapacidad para resolver problemas políticos, sociales, económicos y financieros. 

Maduro solo se mueve para buscar algún apoyo de sus pocos “aliados” que parecen hoy voltearle la cara. No hay nada más para el dilapidador de Miraflores. Nadie está dispuesto a tenderle la mano sabiendo que el chavismo-madurismo destruye riquezas. Solo mal repartió lo que encontró. ¡Y cuando se acabó la riqueza, se acabó! Nunca aprendieron a administrar bien el tesoro público. 

Es probable que al presidente lo lleven ante un tribunal de justicia internacional por haber delinquido contra sus compatriotas opositores. En 2017, en dos meses, 120 opositores murieron en Venezuela por las balas de sus policías y soldados. El relator de la ONU y la Comisión Interamericana de Derechos Humanos de la OEA ya tienen suficientes evidencias para poner en el banquillo de los acusados a Maduro, por delitos de lesa humanidad, delitos imprescriptibles. Una vez causa abierta y documentados expedientes penales, habrá escasos  lugares en este planeta donde los que cometen crímenes se puedan refugiar.   

¿Cuáles son las opciones que tiene el señor Maduro?

Muy pocas. Solo tiene pocos amigos de cuestionada reputación (¡El club dictatorial!). Nadie se arriesgaría a darle asilo. 

Así, de la justicia internacional —ya mejor estructurada, con modernos recursos— sería muy difícil escaparse. 

Por tanto, Maduro, si ya dijo que se va a salir de la OEA —¡donde su Luis Almagro, en una movida astuta, ha logrado que su “aliada” Nicaragua, le retire su voto de apoyo en ese foro hemisférico!—; ¿querrá luego salirse de la ONU? ¿Y después, trasladará Venezuela a la Antártida? 

Los chavistas-maduristas cayeron en su propia trampa al actuar con ventaja y engaño. Si todos los partidos políticos venezolanos hubieran participado en una contienda electoral  justa y democrática, hoy los escenarios serían distintos.

A Maduro todo se le complicó con su reelección (¡Parece una maldición política!). La contienda no resolvió nada, más bien reveló falsedades. 

Si los dictadores pudieran ver un poco hacia atrás para preguntarse qué hicieron mal: ¿reflexionarían críticamente para buscar fallos en ellos y no seguir inculpando a otros?

Hoy hay abundantes recursos digitales para registrar evidencias de los abusos y delitos cometidos. Y esto, cuando se acumula, se convierte en evidencia. Toda prueba cuenta. Y la justicia penal internacional ya tiene mayor incidencia y capacidad para accionar allende las fronteras.  

Por otra  parte, cuando la presión crece contra los Estados que esconden a prófugos, queda un mal precedente para sí, si no entregan a los perseguidos. Por tanto, como el sistema internacional se rige por la reciprocidad, les conviene ser cooperadores con las instancias de la justicia penal internacional.

Nicolás Maduro no tiene muchas opciones. Incluso, si su partido, Somos Venezuela (antes PSUV) quisiera ir más allá como institución política, estoy seguro que consideraría lavarse la cara, sacrificándolo.     

El futuro del presidente venezolano será oscuro, rompiendo sus vínculos con el sistema internacional. No puede renunciar a todas las membresías. Se aislaría hasta convertir a Venezuela en un Gulag tropical. 

¿Por qué no pensó antes que había opciones para mostrar bondad y desapegos al poder?

Cuando los dictadores tienen las manos manchadas de sangre, ya no pueden seguir mintiendo, ni encubriendo, ni engañando. Nadie más les volverá a creer. La humanidad los condenará siempre.