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Lo que somos y hacemos los seres humanos se lo debemos a un órgano principal en un contexto determinado: el cerebro, que contiene billones de neuronas capaces de procesar información sensorial que le llegan del mundo externo y de su propio cuerpo. También desempeña funciones motores y de integración asociadas a muchas actividades mentales.

De allí el título de la presente reflexión, relacionada a los actos atroces de comportamiento de grupos e individuos. Energúmenos.

Siglos atrás existe la pregunta si el cerebro de famosos e intelectuales es diferente al resto de ciudadanos del común. A mediados del siglo XIX se estudió el del célebre matemático C.F. Gauss, revelando circunvoluciones más marcadas y un peso de 1,492 gms. Años después, G.M. Retzius examinó el de Sonya Kovalezki, extraordinaria matemática y primera mujer en ese tipo de estudio.

En los años 20 del siglo pasado (1907 y 1927), el Dr. E. Spitzka hizo estudios a cerebros de intelectuales norteamericanos, entre ellos el del físico W. Osler y el del poeta W. Whitman, no pudiendo completarse este último por negligencia de un asistente del laboratorio, quien dañó el frasco que contenía el material a estudio.

Circunstancia parecida con la de nuestro poeta Rubén Darío, cuyo cerebro sufrió daños ante manejo de un individuo que lo manipuló inadecuadamente. Rusia tuvo sus propios estudios con el llamado panteón de los cerebros, entre los que se mencionan al de Pavlov, A. D. Sakharov y el de V. Lenin, encontrando en el último que las neuronas de la capa 3 de la corteza eran muy grandes, permitiéndole asociar ideas con gran rapidez. 

Quizás uno de los más famosos estudios fue el de A. Einstein, analizado por el patólogo T.S. Harvey, que mostraba algunas particularidades como la ausencia del surco lateral y una mayor proporción de células gliales por neuronas, en ciertas áreas. 

No cabe duda que el cerebro de quienes han sido y son muy geniales debe ser diferente a la de un ciudadano común y corriente, considerando sí las circunstancias favorables o no del entorno social que fortalezcan o desfavorezcan su desarrollo.

En nuestros tiempos existen estudios del cerebro humano: el Brain en Estados Unidos, que pretende conocer conductas y comportamientos de individuos, entre otros objetivos inciertos y dudosos, y el Banco de Cerebros, entre los que destaca el del Dr. Francisco Lopera, Colombia, para conocer y descubrir alteraciones patológicas y también posible cura para enfermedad de Alzheimer (más de 100 cerebros de donantes voluntarios). Este estudio también se realiza en otros países, y  actualmente Nicaragua (Faden et.al) actúa como observador mientras se dan condiciones para integrarlo.

Concluyendo y vinculándolo a nuestra triste y penosa coyuntura necrofílica, en la que nos estamos acostumbrando a amanecer preguntando cuántas personas fallecieron el día anterior producto de violencia irracional, aprendida de manuales y métodos sugeridos como de no violencia (198 métodos de No-violencia. G. Sharp), valdría la pena conocer las estructuras cerebrales del autor de dichos métodos.

De la misma manera, estudiar de manera anatómica, histológica y funcional, con las técnicas de última generación (resonancias y tomografías Spect, nanotecnología, entre otras) el cerebro de hombres y mujeres con capacidad de provocar daños individuales y colectivos para diseñar programas de  prevención de este tipo de catástrofes a la sociedad. Quizás así sea posible alcanzar la paz en el mundo, cuando los violentos sean evitados. Todos merecemos paz.

Salud para todos.

* Médico.