Gabriela Aguerrevere
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La economía gig está ganando cada vez más terreno en el mundo. Más aún, las plataformas digitales han permitido que trabajadores de países en desarrollo se conecten con los mercados globales.

Según la emprendedora social Tess Posner, “la gran mayoría de los puestos de trabajo que se han creado en los últimos años han sido empleos por cuenta propia o freelance”. Ahora bien, ¿cómo podemos aprovechar esta tendencia para mejorar la realidad laboral de los jóvenes de América Latina y el Caribe?

En comparación con los adultos, los jóvenes de nuestra región encuentran muchos más obstáculos al momento de buscar trabajo. No solo hay menos empleadores dispuestos a contratar personas que recién inician su carrera profesional, sino que -a menudo- los jóvenes se desempeñan en trabajos informales y reciben salarios muy bajos.

Ayudar a nuestros jóvenes a montarse en la ola de la economía gig podría ser una manera de mejorar el panorama del empleo joven en la región, tal como ha hecho  Posner en otras partes del mundo, a través de iniciativas como Samaschool.

Teniendo en cuenta que la economía gig está cada vez más vinculada a las plataformas digitales y que América Latina y el Caribe es una de las regiones con más espacio de mejora en cuanto al acceso a banda ancha, Posner nos invita a sacarle partido a la infraestructura existente.

“Por ejemplo, pueden habilitarse salas en centros de salud para que funcionen como laboratorios de computación”, explica la experta. Quizás no es una solución perfecta, pero “al menos es una manera de abrir las puertas de la economía digital a aquellas personas que no tienen conexión de Internet” en sus hogares.

Otra ventaja de la economía gig, según Posner, es que “abre un mundo de oportunidades para personas que llevan mucho tiempo desempleadas”. Si antes se les hacía cuesta arriba reinsertarse en el mercado laboral, “ahora la economía gig les ofrece una manera de reconectarse con el mundo del trabajo y hacer una transición progresiva hacia un empleo más formal”.

Sin embargo, para que este paso se dé, es necesario ayudarles a crear hábitos básicos que normalmente se obtienen en la experiencia del primer empleo, como la puntualidad, la organización y el trabajo en equipo. Siendo la flexibilidad una de las características más notables de la economía gig, “es difícil que los jóvenes adquieran por sí solos estas costumbres tan importantes para ser exitosos en el mundo del trabajo si están trabajando por su cuenta”, subraya Posner.

Posner aclara que la economía gig “no debe verse como una panacea”. Por un lado, está el asunto de la necesidad de estar buscando clientes constantemente para poder asegurar un ingreso relativamente estable (¿qué pasa mientras terminas un gig y aún no tienes el próximo?).

Por otro, las plataformas de la economía gig son sumamente competitivas (el gig se lo gana aquella persona que pueda ofrecer la mejor calidad al menor precio): “El foco debe estar, entonces, en lograr que nuestros jóvenes se manejen cómodamente en el ambiente digital, de forma que puedan sacarle provecho no solo a la economía gig sino a cualquier otra tendencia que traiga el futuro del trabajo”.

*Consultora de comunicaciones en la División de Mercados Laborales del BID Este artículo se publicó en el blog Factor Trabajo del BID