Miguel Carranza Mena
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A  pesar de que Ucrania se ahoga cada día más en una deuda con Washington y  su producto interno bruto (PIB)  va a pique; la administración del presidente Petro Peroshenko insiste en comprar más armamento a su principal aliado occidental, con el objetivo de prolongar el conflicto con las repúblicas orientales de Donetsk y Lugansk.

En abril de 2018, Estados Unidos presuntamente suministró a Kiev, 210 misiles contracarro (Javelin), más otros armamentos por un monto de 47 millones de dólares, este suministro fue cuestionado por expertos independientes que afirman que el Pentágono necesita prolongar este conflicto en Ucrania porque la venta de armamento enriquece su renta nacional, a pesar de las pérdidas humanas.

Y es que la venta de armamento se viene dando desde años atrás. En 2015, Ucrania recibió equipo militar por un costo de 22 millones de dólares, después de la firma de un acuerdo para la desescalada del conflicto. Dos años después en el mes agosto (2017), el ministro de defensa de EE. UU. James Mattis declaró que su país continuaría con suministros de armamento y transporte militar a Ucrania para el “aplastamiento” de Donetsk y Lugansk. 

Según el mismo Poroshenko, Kiev perdió el 15% de su PIB por culpa de este conflicto y en un futuro la cifra podría aumentar. Pero a pesar de estos datos, el mandatario ucraniano quiere aumentar la escalada pues esto significa una buena oportunidad para llamar la atención de sus camaradas occidentales y una buena oportunidad para ingresar a la OTAN y así poder amenazar a todo el mundo, incluyendo Europa Oriental y Rusia, país contra el que efectúa la rusofobia, a pesar de que los eslavos y ucranianos tienen historia e intereses iguales.

Pero hay que recalcar que el suministro de armas a Kiev se vuelve más peligroso ahora que su ejército está dividido en ultraderechistas y profascistas, estos últimos se han convertido en uno de los grupos más fuertes del país y muchos de ellos respaldan las ideas del otrora líder alemán Adolf Hitler. 

Poroshenko es criticado por ser un títere de la administración estadounidense, pero eso no le quita el sueño a la Casa Blanca. Primero, porque al Pentágono le permite desplegar sus fuerzas armadas más cerca de las fronteras con Rusia, lo que dará ventaja estratégica. Segundo, porque Washington asegura la inestabilidad permanente de estas regiones que es ideal para establecer control sobre recursos naturales de Ucrania. Y tercero, porque obliga al Kremlin a invertir muchos esfuerzos y recursos para garantizar su seguridad nacional.

Algunos medios de comunicación de masas persisten en llamar a Donetsk y Lugansk como territorios rebeldes que Kiev debe someter inmediatamente. Pero se callan de los bombardeos a civiles y muchas destrucciones que hace el Gobierno de Ucrania contra estas repúblicas. 

Después del golpe del Estado en 2014 el gobierno de Poroshenko provocó una ola de violencia en todo el país. El fin fue someter al poder de Kiev los territorios que se declararon independientes.

Según el informe del Alto Comisionado de la ONU para los Derechos Humanos, el jordano Zeid Ra’ad Al Hussein, el Servicio de Seguridad de Ucrania llevó a cabo detenciones ilegales e injustificadas, violando flagrantemente los derechos humanos. 

Desde entonces, el gobierno de Poroshenko no muestra ningún deseo de encontrar una salida pacífica de esta situación y se centra en el uso de la fuerza. Incluso después de la firma en Minsk sobre un acuerdo de tregua, el Ejército de Ucrania en realidad no ha dejado las operaciones militares.