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Procurando no hacer retórica de los últimos acontecimientos, donde la vida de los participantes en el conflicto parece no tener valor alguno, no es absurdo pensar que más que un país somos un escenario de un videojuego.

Cámaras, escenarios, actores principales, secundarios y extras de un lado y de otro. Locaciones: en los 130,000 kilómetros cuadrados. Norte, sur, este y oeste. Libretistas y guionistas para cada día y cada circunstancia o pretexto.

No hay balas de salva, ni objetos livianos de poroplast. Todo es real: hierro, aluminio, plomo. No hay salsa de tomate para simular sangre. Sale de las venas y arterias de los contendientes. Las lágrimas y lamentos no son artificiales. Salen del alma de madres, viudas y huérfanos. Los que mueren no son robots programados…, son seres humanos de verdad, que sienten y piensan, que aman y que también odian.

También hemos de decir que existen, como siempre, los de las fotos y aplausos, los del figureo. Los elaborados e impresos en 3D, aprovechando lo último de la tecnología. A esos y esas también deben revisar las delegaciones de diferentes organismos juzgadores que vienen al país. Son los autores intelectuales de este drama que vivimos. Estaríamos hablando entonces de 4 responsables directos: 2 legales u oficiales (que están en la mesa de negociaciones y 2 anárquicos (que actúan de manera irresponsable e incontrolable).

Nos gobierna la estupidez a todos los que acudimos a la función: a los que están en las tribunas y palcos y a los que se extinguen en la arena de juego. Hablando en tercera persona, evitando sesgos o vínculos directos.

¿Será que la apoptosis, o muerte celular programada no se limita a los órganos o sistemas de un individuo, sino también a sociedades cuando ya son decadentes? ¿Será que al igual que las enfermedades autoinmunes como el lupus eritematoso, la artritis o el cáncer, las sociedades también producen sus propios anticuerpos para transformarse o eliminarse? ¿Qué será lo que pueda explicar este período gris en nuestro país?

Cuanto más oscura la noche, más pronta el alba, reza una premisa popular. Ya no puede ser más obscura nuestra noche. Ya fue lo suficientemente intensa. Apuremos el alba, para seguir existiendo como especie. Asumamos lo sucedido como una alucinosis transitoria, como la de una borrachera, que desaparece al pasar las horas. No permitamos que se vuelva crónica, como una verdadera alucinación sicótica, pues de esa no saldremos nunca. 

Más de 280 muertos en dos meses y medio significan más de 6 hermanos nicaragüenses por día que regaron su sangre por razones no entendibles de soberbia y obsesión de quienes ostentan o quieren ostentar poder.

En el campo de la medicina es frecuente usar algoritmos o indicadores para entender los fenómenos que alteran el proceso Salud-Enfermedad. Se mencionan, por ejemplo, términos o siglas como NNT, referidas al Número de Pacientes a Tratar con determinado fármaco o procedimiento para curar o mejorar una patología.

Haciendo analogía de dicho procedimiento de la bioestadística, sin ánimos de ironía alguna, estaríamos utilizando el termino NNMPAP, que se traduciría como: Número Necesario a Matar Para Alcanzar la Paz. Absurdo, injusto y contra el más elemental de los derechos humanos: la vida.

Esperemos que pasado este evento doloroso para toda la población del país, se reactiven y fortalezcan los programas de salud mental a nivel central, departamental, municipal y hasta niveles de puestos de salud en los 153 municipios para iniciar estrategias de prevención del síndrome de estrés postraumático, que seguramente será la próxima epidemia que nos pueda desestabilizar en la búsqueda del desarrollo humano integral. Urge preparar las condiciones desde ya. El pueblo lo merece.

Salud para todos. 

* Médico