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Con sensibilidad antes los últimos acontecimientos como seres humanos, sabemos que en este mundo todas las cuentas se pagan. Era de esperarce que quienes estando en el poder político social de un Estado y haber propiciado por una década una nueva filosofía de gobernar, de administrar el país, respondan por hechos de sufrimientos de muchas familias.

En sus años de gobierno, impuesto un estilo y aplicando estrategias que llegaron a los sectores sociales menos pudientes, nunca atendidos; también su accionar opacó el pensamiento pluralista de entes sociales, económicos y políticos marcados por la impotencia ante el poder absoluto.

Hoy, la justicia empieza a desempolvar las acciones, que debieron hacerse oportunos ante el éxito y fracaso, para su reconocimiento o quizá para el corregimiento inmediato de acciones que  beneficiaron o perjudicaron al pueblo.

Casos de acallamiento de voz, la mirada al suelo y los oídos que no oigan para que su pensamiento y corazón no reaccionen, pues nada podían hacer ante la prepotencia y el autoritarismo.

La jueza de la Corte Constitucional que dictó como medida cautelar en contra de Correa, la presentación ante su autoridad cada quince días, no se cumplió en su primera  fecha el día lunes 2 de julio.

Con anticipación se conoció las intenciones del exmandatario, que justificó su permanencia en Bélgica para estar junto a su hija que había sufrido un accidente y sorprendentemente lo hizo desde España en circunstancias de encontrarse en un tour por toda Europa, por lo que las razones son por demás postizas, forzadas por los hechos y estudiadas con anterioridad, pues no dejó de trinar con esta abierta posibilidad.

Es nada entendible que Correa, que siempre trataba de solucionar los conflictos jurídicos en las salas de los juzgados e invitaba a que den la cara los cobardes, sea precisamente el que huya de esa posibilidad esgrimiendo el cansino recurso de ser un perseguido político.
Si tanto creyó en el resurgimiento de la justicia y se ufanó por ser el promotor de los inigualables cambios, no puede ahora dudar de los jueces que ganaron los concursos en la administración del Consejo de la Judicatura tutelada por su íntimo amigo Gustavo Jalk.

Ante el incumplimiento la Fiscalía deberá pedir una revisión de las medidas y la jueza ante el injustificado cumplimiento dictar otras medidas, recurriendo ante la Interpol para solicitar su captura, medida que suponemos es la que más le enferma sentirse disminuido totalmente de un poder  que dominaba y que le ha causado conmociones de ira y arrebatos.

Todos los motivos que  Correa pronuncia y enumera –y que sus corifeos cantan con dulce adulación, para señalar sentirse acorralado por los poderes fácticos y las autoridades puestas a dedo son cara de la misma moneda, son razones, sentimientos y realidades retorcidas, maniobras fuera del contexto para justificarse, para sentirse víctima. Aquí hay una causa y efecto del que no hay que darse vueltas para encontrar la verdad de su pasado y la realidad de su presente. 

Hoy la justicia se hace justicia a sí misma en su actuar tardío. Llama a detener a quien se desgarró la camisa para defender una filosofía definida y que ahora deberá responder a su pueblo, que hizo, que hicieron sus más connotados allegados al poder, aunque ya no estén en la camioneta, ya se bajaron hace tiempo.

Hoy que comienza el desenlace  o el inicio del hilo que nos llevará a conocer toda la verdad de acontecimientos que parecían sepultados para el tiempo. La justicia tarda, pero al final llega.

* Periodista ecuatoriano