Arjun Chowdhury y Cesi Cruz
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Segunda y última parte

América Latina tiene una alta competitividad electoral

América Latina se acerca a este valor máximo. El alto nivel de competencia política es un punto fuerte de la región, que ha avanzado en términos de competitividad tanto en las elecciones legislativas como ejecutivas. En la mayoría de los países el dominio de los partidos únicos se ha convertido en una reliquia del pasado. De hecho, con elecciones donde participan múltiples partidos, la región se acerca considerablemente a ese nivel que, según las métricas de la DPI, la sitúa a la par con democracias sostenibles.

Otro indicador importante de la salud de las instituciones políticas es un indicador relativamente fácil de medir, a saber, la antigüedad promedio de los partidos políticos. Esto se basa en el principio de que la antigüedad del partido captura tanto la institucionalización de los partidos como su experiencia en el Gobierno.

En un estado donde todos los partidos son nuevos, en el mejor de los casos, todos los líderes potenciales carecen de experiencia. Los partidos nuevos también tienen más probabilidades de gastar dinero público para ganar las elecciones en lugar de tener en cuenta la importancia de la estabilidad a largo plazo y el desarrollo de las instituciones.

En este plano, América Latina no tiene tan buenos resultados. Solo se sitúa detrás del sudeste asiático entre las regiones en vías de desarrollo en cuanto a edad promedio de los partidos políticos que tienen menos de 40 años. Aun así todavía presenta un rezago considerable en relación con aquellos países que se consideran sostenibles y cuyos partidos tienen una edad promedio de entre 65 y 80 años.

El riesgo de los partidos sin ideología en América Latina

Por último, está la existencia de la ideología de los partidos, o lo que habitualmente se denomina partidos programáticos. Este es el plano en que América Latina se muestra más débil. Lo importante no es tanto si los partidos son de izquierda o de derecha.

Se trata más bien de si tienen algún tipo de plataforma de política económica definida; de si pueden forjar consensos y cumplir sus promesas, mejorando la rendición de cuentas ante los votantes.

Desafortunadamente, al menos desde finales de los años noventa se ha observado un crecimiento de los partidos no programáticos en los órganos legislativos de la región. Estos partidos están a menudo vinculados a líderes populistas y carismáticos, más propensos a utilizar las dádivas a cargo del Estado que las ideas para ganar las elecciones. Su crecimiento es una fuente de inestabilidad potencial.

Sin embargo, la realidad es que hay muy pocos estados que son o sostenibles o frágiles en América Latina. Como señala un libro reciente, la gran mayoría se sitúa en categorías intermedias.

La DPI nos permite mirar más de cerca y saber cuáles son los factores institucionales que hacen a la región más vulnerable y qué estados son más débiles que otros. La conclusión es que si bien las democracias de América Latina son más robustas que la mayoría de las democracias en el mundo en vías de desarrollo, en muchos sentidos todavía hay una gran diversidad entre ellas y un largo camino qué recorrer para que la región en su conjunto alcance la estabilidad institucional de las democracias maduras, como en Canadá o Europa Occidental.

* Este artículo fue publicado en el blog Ideas que cuentan del BID Arjun Chowdhury es Profesor Asociado de Ciencias Políticas en la Universidad de British Columbia Cesi Cruz es profesora asistente en el Departamento de Ciencias Políticas del Vancouver School of Economics de la Universidad de British Columbia.