Eddy Zepeda Cruz
  •   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

¿A dónde quiere llegar el ser humano sin humanidad?... ¿Dónde acabaremos si olvidamos la esencia de lo que deberíamos ser?

Parte del título de la presente reflexión en voz alta ha sido tomada del hermoso libro titulado “Quo Vadis”, escrito por H. Sienkiewicks, polaco, entre los años 1895-1896. Obra extensa y hermosa que merece ser leída por quienes intentan ser parte del presente y futuro de esta sufrida patria, marcada por un abril gris, que ha dejado más de 300 hermanos muertos, producto de la violencia irracional.

¿A dónde quiere llegar el ser humano sin humanismo? ¿Dónde acabaremos si olvidamos la esencia de lo que deberíamos ser? ¿Hasta cuándo ofreceremos más  luto y dolor a nuestras madres e hijos? ¿Cuántos huérfanos más deben existir para llegar a un entendimiento?

Las partes en conflicto parecieran tener oídos sordos. Quienes dicen mediar asumen posiciones parcializadas de momento. Otros que reclaman ser parte del entendimiento fueron excluidos. Otros tantos aprovechan para obtener beneficios del caos y desorden. E, incluso, como fantasma que recorre la oscura noche, hay quienes establecen mecanismos nocivos a mediano y largo plazo aprovechando la desunión social (familiar, comunitaria, institucional) para obtener réditos lucrativos en detrimento de la sociedad en general. El narcotráfico, entre esos.

A dónde va Nicaragua, se intentaría traducir el título de la presente reflexión. ¿A dónde nos lleva esta falta de entendimiento? Esta torre de Babel creada de la nada, pero con raíces profundas de años de marginalidad de unos grupos sociales (los de siempre), los mismos mencionados hace unas décadas por el doctor Reynaldo A. Teffel en su libro “El infierno de los pobres”.

Sin ánimo de justificar conductas y comportamientos inadecuados de una parte de la población envuelta en el conflicto (propias de su realidad ante la insatisfacción de sus necesidades básicas), pero no dejando de un lado el aprovechamiento de dicho caldo de cultivo por parte de grupos que no buscan el bienestar de esos sectores, sino más bien el propio, es justo y necesario señalar a estos últimos como autores intelectuales de la crisis actual y su difícil resolución, prolongándola y desgastando a los participantes legítimos: alumnos (el concepto estudiantes es más integral), campesinos y población en  general). A esos y esas también debe alcanzar el brazo de la justicia.

Estamos en deuda con niños, adolescentes y personas de la tercera edad, quienes han visto alterada su tranquilidad, su paz. Los dos primeros segmentos, en su desarrollo psicobiológico para alcanzar la madurez y los últimos, en la paz de sus días de ocaso. Igualmente, esa deuda se vuelve impagable con los hermanos que derramaron su sangre en estos casi tres meses de locura irracional. A ellos nuestro recuerdo infinito y el compromiso de no repetir esta historia. Ese debería ser nuestro compromiso.

Esperemos que la luz del día llegue al fin y quede atrás la oscura noche. Por nuestros muertos, que así sea. Iniciemos desde ya una estrategia de atención sicosocial con los afectados directamente, similar a la desarrollada cuando pasa un terremoto, un maremoto o un huracán. Probablemente el impacto sobre la salud mental de la población tenga repercusiones mayores por esta crisis. No permitamos crisis prevenibles en un futuro mediato o inmediato, como las observadas en países de primer mundo: masacres en centros comerciales, iglesias, etc. Prevengamos todos. Propongamos salud mental.

PD: El concepto estudiante, musicalizado por los Guaraguao, implica repercusiones de mucho peso moral y de compromiso social. Valoremos dichas vinculaciones.

*Medico