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Las denominadas “Cumbres de las Américas”, que reúnen a jefes de Estado y Gobierno del Hemisferio Occidental para tratar asuntos comunes, buscar soluciones y desarrollar una visión conjunta para el futuro desarrollo de la Región, a nivel económico, social o político, tuvieron como primer legado la creación de un Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA), como la de la Unión Europea, y que a todas luces suponía ser el motor de dicha integración.

Cabe destacar que la referida integración fue aprobada en la 1ra. Cumbre, realizada en Miami en 1994, cuando toda la América Latina, salvo Cuba, era gobernada por presidentes adeptos al modelo clásico neoliberal. Constituía, pues un proyecto de integración de los 34 países de la Organización de los Estados Americanos (OEA), que abarca desde la economía y el comercio hasta la cultura y la seguridad hemisférica.

El ALCA se convertiría en una extensión del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (Nafta), suscrito por Canadá, Estados Unidos y México, abarcando, al Caribe, Centroamérica y Sudamérica, con una población de 800 millones de habitantes. Este proyecto crearía un territorio económico único en las Américas, con el libre movimiento de bienes, servicios y capital, pero no de mano de obra, estableciendo restricciones a las políticas nacionales de desarrollo.

El primer documento estableció la reducción gradual de las barreras fiscales y aduanales que los diferentes países tenían respecto a los aranceles y la inversión extranjera; pero los cambios políticos y económicos ocurridos en Sudamérica hicieron cambiar las propuestas de Miami.

Aunque se dijera que, la Comunidad Andina (Bolivia, Colombia, Ecuador y Perú) y el Mercosur (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay, y otros asociados) no se verían afectados, la concreción del ALCA eliminaría la posibilidad de formación de un bloque económico-político de Sudamérica.

En 1996 se celebró la cumbre extraordinaria sobre Desarrollo Sostenible en Santa Cruz de la Sierra, Bolivia, donde se realizaron negociaciones para avanzar en el ALCA y en el resto de los ámbitos económicos, sociales, seguridad y coordinaciones políticas y se encomendó a la OEA la secretaría técnica. Las negociaciones para implantar este acuerdo de ALCA siempre han sido muy lentas.

La II Cumbre de las Américas, que tuvo lugar en Santiago, Chile, en 1998, adoptó el Plan de Acción para el “Fortalecimiento del Sistema de Justicia y de los órganos Judiciales”, el cual a su vez incluyó el apoyo a los sistemas de justicias de los países y la reforma de la lucha contra las drogas y el crimen organizado a nivel internacional. También, en ese entonces, se asignó a la OEA la implementación de gran parte de los mandatos, y en particular, asumió la responsabilidad de mantener la memoria institucional del Proceso de Cumbres y de proveer apoyo técnico al Grupo de Revisión de la Implementación de las Cumbres (GRIC).

En la III Cumbre en abril de 2001, los 34 jefes de estado se reunieron en Québec, Canadá. Ésta cumbre representó la consolidación de la participación de los Estados miembros, organizaciones internacionales y de la Sociedad Civil en el proceso de integración americano, que también incluía el aspecto militar.

Los mandatarios se concentraron en los temas hemisféricos comunes, como el mejor acceso a la educación, la eliminación de la pobreza, el fortalecimiento de los derechos humanos y de la democracia y la integración económica, incluidos en la declaración final y en el plan de acción.

Para avanzar en los temas del libre comercio, se convocó a una cumbre extraordinaria en enero de 2004 en Monterrey, México, donde se llegaron a acuerdos menos ambiciosos. Paralelamente, Estados Unidos ya había lanzado una ofensiva para firmar acuerdos de libre comercio con Chile y otras naciones.

Sin embargo, ese año Estados Unidos retiró los temas agrícolas y de defensa comercial (antidumping y subsidios), llevándolos al ámbito de la Organización Mundial de Comercio (OMC) con el pretexto de ser necesaria una negociación más abarcadora, incluso con la Unión Europea.

Para equilibrar las negociaciones del ALCA, Mercosur consideró que los temas de inversión, compras gubernamentales y servicios deberían también pasar al ámbito de la Ronda de Doha de la OMC, lo que provocó que Washington acelerara las negociaciones para tratados de libre comercio con países de Centroamérica (Cafta), Colombia y Perú. Paralelamente, Mercosur negoció y suscribió acuerdos de libre comercio con Venezuela, Ecuador, Colombia y Perú.

La segunda versión del ALCA se suscribió en enero de 2005 con un primer acuerdo sobre la presidencia, la cual sería compartida por Brasil y Estados Unidos.

La IV Cumbre se efectuó entre los días 4 y 5 de noviembre de ese año en la ciudad argentina de Mar del Plata. El lema oficial fue “Crear Trabajo para Enfrentar la Pobreza y Fortalecer la Gobernabilidad Democrática”, pero terminó primando la discusión sobre el ALCA, impulsada por México y Estados Unidos.

Mercosur y Venezuela plantearon que no estaban dadas por ahora las condiciones para negociar el ALCA, mientras no se eliminaran las asimetrías, los subsidios agrícolas y las barreras arancelarias de los países desarrollados.

Estados Unidos y otras 28 naciones manifestaron su acuerdo en seguir las negociaciones actuales. Los defensores del ALCA plantean que el impulso del comercio, gracias a la eliminación de los aranceles, es el paso necesario para el progreso y el desarrollo de Latinoamérica, añadiéndose mayor competitividad, la desaparición de monopolios y el bienestar de las poblaciones.

Sus detractores alegan el hecho de que las sociedades civiles de los países participantes no han participado de los procesos para formular las reglas del acuerdo, ni tampoco se han puesto a discusión los delicados asuntos sobre patentes y propiedad intelectual, quedándose todo en las negociaciones comerciales.

Otros argumentos en contra de los Tratados de Libre Comercio y el ALCA son las dudas sobre si verdaderamente es un acuerdo “libre e imparcial”, puesto que Estados Unidos sigue protegiendo a sus productores agrícolas, otorgándoles subsidios que ponen en desventaja a la producción de los demás países. Sobre el asunto de las patentes y la propiedad intelectual, quienes critican el ALCA señalan que prohibiría la investigación científica en Latinoamérica, quedando en total dependencia tecnológica de los países más ricos.

Siempre a instancia de salir adelante en su esfuerzo bolivariano, el Presidente venezolano, Hugo Chávez, calificó al ALCA como un instrumento de Estados Unidos para mantener el control económico sobre Latinoamérica, y promueve una contrapropuesta de integración, la Alternativa Bolivariana para Latinoamérica (ALBA). En Mar del Plata, fue aún más crítico, diciendo que “el ALCA está muerto”. En 2006, el ALCA entró a un período crítico, de tal modo que para muchos, defensores y opositores, ha terminado por ser una especie de letra muerta, lo cual no vino sino a confirmarse durante el transcurso de la V Cumbre de Trinidad y Tobago.

En realidad, el tema de la Cumbre de 2009 era “Asegurar el futuro de nuestros ciudadanos promoviendo la prosperidad humana, la seguridad energética y la sostenibilidad ambiental” y el borrador de la declaración de compromiso combinaba, por un lado, la declaración tradicional de la Cumbre y, por el otro, el plan de acción que plantea 65 compromisos bajo temas amplios: prosperidad humana, seguridad energética, sostenibilidad medioambiental, seguridad pública y gobernabilidad democrática.

Viendo a la V Cumbre por su lado positivo, ésta dejó aires de esperanza para la construcción de nuevas relaciones Norte-Sur, que contribuirían a enfrentar los principales problemas de los países del hemisferio. El gran reto es encontrar un equilibrio entre las necesidades de los países centroamericanos, que sufren actualmente las consecuencias de la crisis mundial.

“La única forma de salvarnos todos es cambiar el modelo”, dijo el Presidente de Nicaragua Daniel Ortega Saavedra. América Latina ha estado cambiando y se hizo sentir en esta Cumbre con una posición crítica y propositiva. Sin embargo, esta Cumbre sin acuerdos, evidenció que a algunos de sus gobernantes no les interesan sus pueblos ni sus naciones, sólo sus intereses geoeconómicos y geopolíticos.

Sea cual fuere el camino que los países miembros de las Cumbres lleguen a emprender, se necesita una visión alternativa basada en el buen vivir y en la armonía con la naturaleza, a fin de desarrollar políticas públicas que apunten a la promoción de energías seguras, que a su vez garanticen la preservación del planeta. Vivimos tiempos nuevos y los cambios son ineludibles. Los líderes pasan, pero los pueblos permanecen.

*Jurista, Politólogo y Diplomático.