• |
  • |
  • END

La historia contemporánea de Nicaragua no ha sido muy diferente a la de sus propios orígenes como nación. Hoy tenemos 197 años de vida independiente y 197 años de confrontaciones, guerras fratricidas y tensiones reeditadas y repetidas que son en pasta la verdadera causa del empobrecimiento generalizado del país. Es decir ni los que tienen vocación de dictadores ni los que se dicen apóstoles de la democracia han aprendido absolutamente nada de los errores cometidos.

Nuestra realidad es simple. Los que están en el poder nos imponen la bota. Hacen y deshacen a su gusto y antojo. Nos elevan la voz y nos golpean la mesa las veces que quieran. Nos dan y nos quitan al ritmo de sus conveniencias y se encogen de hombros, si nos gusta o no, porque saben que su oposición no alcanza ni siquiera el nivel de una mala caricatura.

Mientras tanto los que deberíamos estar levantando un muro de contención contra la voracidad desmedida de poder, de los que pretenden constituirse en una segunda dictadura dinástica, hacemos excelentemente bien el papel de opositores, pero no del FSLN, sino que entre los liberales de Alemán y los de Montealegre y por aparte otros suspirantes tratando de formar una tal coalición que suena más a dispersión que a tercera vía.

Acentúo en el orteguismo su profunda vocación autoritaria y dictatorial y aunque deteste esa manía de lesa humanidad debemos admitir que ellos son lo que son y están en lo que están por culpa de nosotros los supuestos “apóstoles de la democracia” y si acaso nos creímos ese cuento diría que de los “apóstoles” todos somos Judas.

Yo asumo que la dirigencia del PLC ha cometido crasos errores y que muchos sintiéndose maltratados han optado por desconectarse al observar cómo se premia a los detractores mientras el crítico sano y sincero se ignora. Otros piensan acertadamente que la existencia de feudos territoriales y “líderes” inamovibles ha generado profundos malestares en la base. Más inocultable es la designación o escogencias para cargos de poder de individuos sin sustentación doctrinaria que terminaron como mercenarios vendiéndose al mejor postor o como traidores entregándose al enemigo. Otra debilidad que es efecto palpable del mal causado es la falta de formación de cuadros en el partido que les permita elementalmente entender que los trapos sucios se lavan en casa y que nada tiene que ver la democracia o la libertad de expresión o de disentir con eso de decir cualquier cosa solo por atraer megalómanamente el interés de las cámaras solo por figurar en detrimento del enorme daño que se causa a la institucionalidad del partido.

No hay duda de que el PLC ha cometido errores pero también es cierto que no es el malo de la política que pintan aquellos detractores que hoy ocupan altos sitiales en esferas de poder a las que nunca hubiesen llegado si no es por esa plataforma política que tiene por mérito su propia sobre vivencia a pesar del fuego graneado de sus enemigos.

Algunos que fueron y no pudieron repetir, otros que asumieron que el partido se rendiría a sus pies por sus apellidos o sus riquezas, los que se estrellaron con una realidad contraria a sus posiciones mesiánicas, son los que tienen en el éxtasis de la utopía la posibilidad de una alianza entre las fuerzas democráticas. Esos que dicen ser la verdadera oposición son en realidad los que potencian y fortalecen la dictadura dinástica del orteguismo porque concentran esquizofrénicamente sus ataques contra el PLC y no contra el FSLN.

Pienso que el Doctor Arnoldo Alemán debe ser no solo conteste, sino contundente al responder a los cuestionamientos que un sector del liberalismo le hace sobre temas sensibles de la política nacional y que debilitan y ponen en entre dicho su liderazgo. En ese sentido pienso que el PLC ha menospreciado la idea de tener un medio de comunicación para hacer trascender sus posiciones y ser contestatario de las infamias y calumnias que producen las lenguas enfurecidas del resentimiento y la frustración que a través de una emisora, que de demócrata no tiene nada, lanzan minuto a minuto improperios irrepetibles que solo han logrado abrir más las heridas entre los liberales. Otro error craso del PLC es permitir que la imagen ácida, prepotente, irrespetuosa y altanera de su vocero exprese no las posiciones institucionales de la organización que dice representar, sino las personales que también generan en el otro sector del liberalismo lógicas reacciones al ser vituperadas, manoseadas y ofendidas por alguien que no tiene autoridad moral ni para plantarse frente a su propio espejo.

Aquí tenemos todos culpas compartidas y de la misma manera que gato no come gato, ni entre bomberos nos pisamos la manguera, es necesario que el beneficio colectivo se anteponga a los berrinches personales y que los líderes actúen con madurez y dejen de escuchar a las voces estridentes que generan la refriega y la contradicción como un fin que les garantice diputaciones arrancadas a las ondas radiales y que no veo como puedan alcanzar para todos esos que tienen una atracción fatal con Arnoldo Alemán con el que se levantan, desayunan, almuerzan, cenan y sueñan. Arnoldo Alemán es para sus detractores no un problema sino un pretexto. Si me atrevo a esbozar un perfil sicológico de sus enemigos no me equivocaría decir que ante la imposibilidad de disputarle o desplazarle lo más cómodo es acusarlo de todo y cualquier cosa.

Finalmente lamento que esos que se dicen “verdadera oposición”, arrogándose la representación liberal que no tienen, sean en realidad agentes del orteguismo que limpian el camino para que la dictadura nepótica y dinástica termine de acabar lo que por incapacidad no pudo en la década de los ochenta; A Nicaragua y a los nicaragüenses.