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En esta época de crisis total de la humanidad, la única inversión rentable es la que se dedica a invertir valores. Obviamente no hablo de valores monetarios o económicos sino de valores morales. Gracias a esta inversión, los inversores (o más bien invertidores) están obteniendo ganancias económicas exorbitantes, en medio de la gran recesión que padece el planeta. Todos los poderes reales, simbólicos y virtuales se enriquecen mientras los desposeídos se empobrecen, en cumplimiento del análisis del sabio Thorstein Veblen quien basado en Marx, descubrió el interés económico como motor principal de las acciones humanas, individuales y colectivas.

Hay tres discursos/poderes contemporáneos, el político, el religioso y el de los medios de comunicación donde se pueden detectar y observar a simple vista, estas acciones dedicadas a: “Cambiar la posición, el sentido, la dirección o el orden de algo, de modo que los nuevos sean los contrarios de los anteriores o de los ordinarios” (…) O en su acepción de: “Poner una cosa que normalmente está vertical de manera que quede abajo lo que normalmente está arriba” (Moliner María, Diccionario de Uso del Español).

Invertir valores para el político, el religioso y el empresario de las comunicaciones es un negocio rentable. Más cuando se trata de aquellos valores que nutren los principios filosóficos, morales o ideológicos que condicionan el comportamiento humano; el individual y el colectivo. Es decir aquellos valores (igualdad, justicia, derecho, libertad, verdad, amor, paz) se utilizan para enmascarar, ocultar, obliterar o velar prácticas opuestas a los valores enunciados.

Las prácticas cotidianas de los poderosos obligan a una lectura de un mundo bizarro, de una realidad que funciona al revés. Quizás ya estamos inmersos en un maravilloso y atroz universo imaginado por Lewis Carroll. O somos visitantes de aquel mundo antípoda al nuestro como el que aparecía en algunos números de las historietas de Superman, llamado justamente el mundo bizarro. O simplemente este mundo post moderno podría ser ejemplo concreto de las teorías físicas contemporáneas sobre los agujeros de gusanos que horadan espacio y tiempo comunicando dimensiones ajenas, lejanas y extrañas.

La cuerda constante que atraviesa el espacio, como principio y fin de la inversión de valores, su alfa y su omega es la corrupción. Para nuestro atónito asombro la cultura mundial ha caído en las atrabiliarias teorías de Spengler sobre la decadencia. Y ahora, globalizados, tanto Occidente como oriente son manzanas morbosamente mordidas por el gusano de la corrupción que corroe y corrompe todo hasta invertir la realidad y su superestructura.

Así encontramos en nuestro planeta a líderes y organizaciones políticas que esgrimen un discurso de libre mercado (caso del capitalismo) y en la realidad hunden en la miseria con prácticas monopólicas, fraudulentas, especulativas y corruptas, a millones de seres humanos, reservando exclusivamente para una elite la muelle existencia de la minoría y marginando en el rubro “seres prescindibles” a una mayoría silenciada y oprimida. Fruto concreto es la crisis económica del capitalismo global alimentado por sucesivas estafas y abusos cometidos por el capital financiero internacional. La estafa inmobiliaria en los Estados Unidos o la estafeta usuraria de las tarjetas de crédito, en cualquier lado del mundo, son ejemplos irrebatibles de esto.

También encontramos a líderes y dirigentes socialistas, revolucionarios, como creadores y propietarios de empresas y haciendas, donde se explota hasta la iniquidad a los trabajadores. Ideólogos libertarios que adecuan sus anteriores críticos, alternativos e incendiarios medios y discursos, para en la hora actual, justificar y sustentar tiranías que en nombre de la libertad colocarán grillete, cepo y cadalso a los libres y al final, a ellos mismos.

Otro discurso totalmente invertido y desvirtuado es el cristiano religioso en sus dos vertientes: católico y protestante. Así los primeros aunque conservan un discurso de amor, de amor al prójimo y a la vida, en la práctica lo han convertido –hoy más que nunca- en una usina productora de muertes de miles de mujeres vía prohibición del aborto, de miles de personas infectadas con el VIH por la prohibición de utilizar preservativos, de miles de personas con una sexualidad teratológica o traumatizada por los abusos de los curas pedófilos homosexuales y de auténticos sementales de las pampas, como Fernando Lugo y muchos otros cuyas muertes y daños, como las del lobo feroz, son incontables.

En el caso de los protestantes, éstos en nombre de la fe que no del amor, tampoco sus pastores nada tienen que envidiar a los curas en cuanto abusos de niños, niñas y mujeres; y como aquellos producen igual cantidad de seres proclives a la insatisfacción, la frigidez y el suicidio. Los religiosos cristianos han desatado la frustración y la muerte en nuestro planeta. Pero los hermanos autoproclamados “cristianos” han llegado al colmo de la inversión al pretender hacer pasar como evangelio (la buena nueva de la liberación) la teología de la prosperidad.

Esta teología de la prosperidad perversamente afirma que si sos próspero y saludable (rico y con salud) es porque gozás de las bendiciones de Dios gracias a tu fe. Y en cambio si sos pobre y enfermo, es por tus pecados, tu falta de fe al no pertenecer a algunas de estas sectas que te proporcionan las bienaventuranzas, previo pago de módicos diezmos, que te harán hablar en lenguas, voltear los ojos, caer en trance momento que generalmente aprovecha el pastor para meter su tranca, todo por obra y gracia del E$píritu $anto.

Ésta es una grosera y demoníaca inversión de los valores del cristianismo, cuyas consecuencias son nefastas y se hacen sentir en la pesa de los mercados, donde en nombre de un Dios que ordena la prosperidad te roban, porque vos sos pecador y ellos son santos. En las diatribas y condenas al fuego eterno con que a diario te amenazan desde la televisión, en los autobuses, en las plazas y desde sus fonicamente contaminantes iglesias. Todos estos vagos que viven del templo, son a Dios rogando y con el mazo dando.

La corrupción que produce la inversión de valores que genera descomposición social se refleja como en un hábitat natural en los medios de comunicación social. No porque éstos sean intrínsecamente corruptos, sino porque son el gran espejo de la sociedad. Por supuesto que a partir de los intereses de los propietarios, individuales, familiares o corporativos, como por su práctica histórica de desinformar acorde con los intereses estratégicos (económicos o políticos) de sus propietarios y gracias a que gran parte de sus espacios está dedicada a la suprema manipulación contemporánea conocida con el nombre de publicidad.

Finalmente frente a los últimos acontecimientos sanitarios en nuestro planeta, en este proceso de corrupción e inversión de valores, veremos como las empresas farmacéuticas serán las más saludables económicamente, después que el jinete de la influenza pase por el mundo montado en un cerdo. ¡Cochá!