Krasnodar Quintana
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El 8 de agosto de 1974, el presidente de los Estados Unidos, Richard Nixon, renunció a su cargo debido al escándalo Watergate. La noche del 17 de junio de 1972, cinco hombres fueron detenidos dentro de las oficinas del Partido Demócrata, ubicado en el complejo Watergate. 

Los cinco hombres habían ingresado al cuartel de los demócratas con el propósito de plantar micrófonos y cámaras para obtener información para el partido republicano. Uno de los intrusos era exagente  de la CIA y funcionario del comité para la reelección de Nixon. Otras dos personas también fueron citadas e implicadas en el trabajo sucio por la reelección del presidente Nixon. Los siete miembros fueron acusados de robo, conspiración y grabación de las comunicaciones.

En marzo de 1973, Nixon acudió a la doctrina del “Privilegio del Ejecutivo” para evitar los ataques y justificar las negativas de sus colaboradores a declarar, pero frente a la presión de la prensa y la nación, cedió, y los implicados aceptaron su participación en la trama. 

John Dean, consejero del presidente, fue el primero en revelar que Nixon estaba implicado en el caso. En junio de 1973, el testigo Alexander P. Butterfield reveló la existencia de grabaciones espías dentro de la misma Casa Blanca desde el año 1971.

Irónicamente, estas grabaciones posteriormente revelaron que Nixon había obstruido la justicia e intentado tapar el espionaje realizado al cuartel del Partido Demócrata. El 4 de agosto de 1974, un acorralado Nixon reconoció que había tratado de encubrir los hechos relacionados con la entrada al cuartel demócrata. Cuatro días después renunció. 

Carl Bernstein y Bob Woodward, periodistas del Washington Post, revelaron en su diario toda la sucia trama de Nixon para espiar y así tomar ventaja sobre su oponente a la Presidencia, George McGovern. Ambos tuvieron como informante a un alto funcionario del FBI, Mark Felt (identificado como “Garganta Profunda” para ocultar su identidad), quien a la muerte de Edgar Hoover, había quedado como jefe interino y quien proporcionó toda la información que acabó con la presidencia de Richard Nixon.

En Latinoamérica, donde el manejo sucio de muchos funcionarios del Estado nos parecen trivialidades, en Estados Unidos es algo imperdonable y Mark Felt conservó para las futuras generaciones de su patria, la pureza de las elecciones a la Presidencia. Si Nixon hubiera salido airoso con su trama, todas las futuras elecciones a la Presidencia de los Estados Unido hubieran quedado abiertas al chantaje y al triunfo de los mafiosos.  

En Nicaragua ni uno solo de aquellos funcionarios del gobierno que están al tanto de todos sus  chantajes, asesinatos y latrocinios, se han atrevido a revelar la sucia trama que el “Señor presidente” y las instituciones del Estado han realizado para conservarse en el poder. Y no solo han callado sino que se han hecho cómplices desde sus diferentes posiciones para emitir leyes contra el pueblo indefenso para apuntalar un poder que oprime y asesina a civiles y estudiantes.

Entonces ¿Ninguno va a revelar la sucia trama contra el pueblo? ¿Nadie va a decir nada? ¿Nadie va a guardarle fidelidad a Nicaragua y no a un hombre? Como el monito de la caricatura, todos con los ojos tapados, todos con los oídos tapados y todos con la boca tapada.