Harlotte Mcclain-Nhlapo*
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En 2015, el mundo se comprometió a lograr el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 4 para “garantizar una educación inclusiva, equitativa y de calidad y promover oportunidades de aprendizaje durante toda la vida para todos”. El ODS 4, además de una meta inspiradora, es un aspecto esencial para el bienestar de nuestras sociedades y economías y para la calidad de vida de todas las personas.

Hoy, 65 millones de niños en edad escolar no van a la escuela, y cerca de la mitad de ellos son niños con discapacidades. Incluso los niños discapacitados que se matriculan tienen menos probabilidades de finalizar la escuela que otros niños.

Según algunos cálculos, menos del 5 % de los niños con discapacidad se graduarán. Esto ha causado que solo el 3 % de adultos con discapacidades esté alfabetizado, y de manera increíble que solamente el 1 % de mujeres discapacitadas sepa leer y escribir.

La exclusión de los niños discapacitados se agrava por la percepción dominante de que la discapacidad es una desventaja, y las creencias que la escuela les sirve a los estudiantes con discapacidades para socializar y no para aprender.

Negar a los niños discapacitados el derecho a la educación refuerza las actitudes y presunciones comúnmente sostenidas de que ellos tienen menos capacidad, colocándolos en una situación aún más desventajosa.

Con mejores planes y políticas educacionales se puede romper el ciclo de la exclusión. Los profesores que han sido formados para reconocer y ayudar a aprender a los niños con discapacidades pueden lograr cambios.

De la misma manera que lo pueden hacer dispositivos y aparatos de asistencia, como algo tan simple como un par de anteojos para un niño que tiene problemas para leer en un pizarrón. Las políticas de educación acertadas tienen en cuenta el carácter interdependiente de la discapacidad, el género, el conflicto y el lugar.

El Banco Mundial se ha comprometido plenamente con una educación que integra a las personas con discapacidad.  Estamos aplicando cada vez más la perspectiva de la inclusión social en la educación, lo que permite una visión integral acerca de la discapacidad y el desarrollo.

En India, nos concentramos en los profesores y el desarrollo de programas de capacitación para “formadores expertos” que capacitarán luego a maestros para asistir a niños con autismo, discapacidad auditiva, parálisis cerebral y sordera y ceguera.

En Malawi y Moldova, trabajamos con organizaciones de discapacitados y las comunidades locales para poner a prueba enfoques innovadores acerca de la matriculación en las escuelas de los niños con discapacidades, el desarrollo de capacidad del personal educativo y los profesores, y el fomento de políticas de educación inclusiva.

En Túnez, un nuevo programa del Banco Mundial aplicará de forma experimental y evaluará enfoques innovadores sobre las tecnologías de la información y las comunicaciones (TIC) en la educación y desarrollará una estrategia pormenorizada para implementar iniciativas en que se integre la discapacidad a través de consultas a estudiantes discapacitados.

En Vietnam, un proyecto ayudó a capacitar a más de 50 adultos sordos para que se conviertan en mentores de niños preescolares que sufren sordera, y posibilitó que unos 200 profesores que no tienen esta discapacidad aprendieran a usar el lenguaje de señas, y que más de 50 personas encontraran trabajo como facilitadores de la comunicación o intérpretes del lenguaje de señas.

En Guyana, (i) estamos abordando la discapacidad y la integración mediante consultas de proyectos y la participación en la reforma de los planes de estudio y en el desarrollo de indicadores de seguimiento claros.

El Banco Mundial también estableció recientemente un fondo fiduciario para apoyar la educación inclusiva para las personas con discapacidad en África, con financiamiento de Usaid. Menos del 10 % de los niños discapacitados asiste a la escuela en África, por lo que el fondo fiduciario tiene como objetivo aumentar el acceso a la educación entre los niños con discapacidades, generando conocimientos y capacidad en toda la región.

Estos son solo unos pocos ejemplos del creciente número de proyectos e iniciativas del Banco Mundial centrados en fomentar la educación que integra a los discapacitados. Una de nuestras prioridades en los próximos años será crear una base de conocimientos más sólida sobre las iniciativas que funcionan y, al mismo tiempo, ayudar a los países a diseñar e implementar estrategias de educación inclusiva.

* Este artículo se publicó en el Blog del Banco Mundial, en la sección Voces.