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Entre el 20 y el 22 de julio, pasado, la Asamblea Nacional del Poder Popular de Cuba reformó la Constitución Política. Entre esas reformas, desaparece el concepto de comunismo. 

Mi punto: estamos viendo un acto de apostasía ideológica. Estaba previsto el sepelio de la mal llamada profecía comunista, el aniquilamiento del mantra, el ignominioso degollamiento del evangelio ideológico del Dios, ahora profanado y desechado. Se confirma lo que todos sabemos: los revolucionarios siempre han mentido, engañado y querido erigir falsos credos y catecismos para construir dictaduras oprobiosas, poniéndose traje de cordero. Ellos mismos entierran las llaves del paraíso que han intentado vender a ignorantes e ingenios.

Los 605 diputados de la Asamblea Nacional cubana reformaron la frase que decía: “… los altos fines de la construcción del socialismo y el avance hacia la sociedad comunista…”. Ahora solo dirá: “los altos fines de la construcción del socialismo”. O sea, ya no avanzarán hacia el comunismo.

¿Entonces, hacia dónde se dirigen? No se sabe. Porque no están siquiera seguros de lo que quieren después de ver tantos fracasos y dar muchos traspiés por más de medio siglo. De todo esto solo se puede asumir que están derrotados,  desconcertados, íngrimos; y, casi a escondidas, han reconocido el fracaso del modelo que le han impuesto a su propio pueblo.

¿Por qué insistieron tanto permaneciendo tozudamente en el error si el sistema que querían construir ya se había derrumbado en Europa, donde la mitad de países vivía en el subdesarrollo; y la otra mitad, la occidental, progresaba impetuosamente? 

¿Cuáles son las opciones para Cuba, que ya casi tiene 60 años de vivir sin esperanzas?

¿Hoy, los hijos de Saturno destierran al padre al verle venir con las fauces llenas de sangre persiguiendo a todos sus hijos? No. Es una traición, al sacar al padre del juego porque ya no les sirve. Nadie decente les cree. Y muy pocos tontos les siguen. Nunca hubo cientificidad ni patrones históricos. Ellos vieron la historia desde el lado de la profecía inducida por el rencor, no desde la realidad del ser humano. Pintaron todo, imaginando lo que podría haber sido un paraíso ruso; no desde las inclinaciones naturales de todos los hombres del mundo.

Sin dudas, vivimos momentos interesantes en nuestro continente. Las dictaduras izquierdistas latinoamericanas  están enfrentadas a sus propios miedos, desmanes y engaños. Ya los designios de los tiempos habían vaticinado la falsedad del contenido y la distorsión de la realidad. Y los comunistas cubanos (que ahora no sé cómo se van a denominar, porque todo tergiversan, a todo se adaptan, donde quiera se cuelan), han optado por enterrar sus embauques. Y cuando ven que el barco se hunde, ellos llaman a la salvación, aduciendo que había sido una advertencia preanunciada. Esconden al dios de pies de zacate y prédicas de circo con el que hicieron tanta pirotecnia y malabares efímeros.

Los comunistas cubanos fueron los adalides de este burdo cuento político. Se vistieron de “justicieros populistas” para vencer a los “malos explotadores”. Ahora cambian de traje, de lenguaje, de fé. ¿Ven que los fanáticos son peligrosos? ¿Hay un desgaste producido por el panfleto mil veces leído, pero fracasado? ¿Sentirán vergüenza?

Esperemos las justificaciones. Le echarán la culpa a la crisis capitalista y al imperialismo norteamericano.  

¿Ahora qué mentira o engaño urdirán justificando su fanatismo y adicción al poder? 

¿Se adscribirán al ecologismo, la sabiduría precolonial de los pueblos originarios americanos, al espiritismo, la santería ideológica, o al esoterismo astrológico? 

¿Díaz-Canel quedó ungido para ser el sepulturero del paraíso? 

Si algo sale mal, Raúl Castro nunca será culpable.  Nunca admitirá que ellos embaucaron, por más de medio siglo, a todo un pueblo y  a muchos latinoamericanos― a quienes  secuestraron para adoctrinarlos en la sumisión, el culto al tirano antiyanquista, la destrucción de la riqueza y la intolerancia extrema.

No habrá actos masivos para decir que el comunismo ya no sirve, nunca fue bueno, o era solo una invención muy intelectual europea. 

¿Qué vendrá después, si los que empujaron a muchos a la miseria de Cuba, Venezuela, Nicaragua, verán a Marx o a Lenin, como inciertos profetas de ideas rancias, malolientes?

El riesgo yace en la locura. Habrá, después, quienes intenten revivir el comunismo esclavizador, diciendo que encontraron los últimos escritos de Marx entre los baúles del Vaticano o yacen escondidos entre los archivos de la CIA. 

Pero este acto de perfidia mayor revela que no hay destrucción, solo autodestrucción. Y que la revolución fue solo atrocidades dictatoriales y engaños masivos.