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Pepe Mujica es un político socialista de izquierda moderada que es respetado y admirado en todo el mundo, tanto por la izquierda, que ve en él un ícono, como por personas del centro y de la derecha. A todo el mundo le simpatiza Pepe Mujica por su honestidad, humildad, moderación y sabiduría. Es el líder del partido Frente Amplio, de Uruguay; luchó como guerrillero contra la tiranía que oprimió a su país, sufrió cárcel y, una vez establecida la democracia, se dedicó a la lucha cívica y la política hasta llegar a ser electo presidente para el período de 2010 a 2015. Al asumir como presidente, en vez de trasladarse a la residencia presidencial, su esposa y él decidieron permanecer en su sencilla casita rural en la zona de Rincón del Cerro, en las afueras de Montevideo, donde tienen su pequeña granja y viven desde hace décadas con gran austeridad, dedicados al cultivo de flores como su actividad económica. También se negó a usar el lujoso auto presidencial, sino que decidió seguir él mismo conduciendo su viejo Vo
lkswagen Escarabajo de 1987. El 90% de su sueldo (como presidente antes y senador ahora) lo dedica a proyectos de ayuda contra la pobreza. Después de una audiencia de Mujica con el papa Francisco, Su Santidad dijo: “Estoy muy contento de haberme reunido con un hombre sabio.” 

Pepe Mujica es un socialista de izquierda moderada y su prestigio mundial nos ayuda a entender esa izquierda que no es comunista, sino socialdemócrata o social-liberal, a no satanizar ni considerar igual a todas las izquierdas. Si se preguntara a cualquier persona partidaria de la economía de libre mercado capitalista, de la democracia pluripartidista y electoral —pero personas bien informadas— cuál es su opinión sobre algunos expresidentes latinoamericanos de izquierda, como Ricardo Lagos y Michelle Bachelet, de Chile, o por los actuales mandatarios Tabaré Vázquez, de Uruguay, y Lenín Moreno, de Ecuador, probablemente responderían con una buena opinión. Porque, independientemente de que todos estos gobernantes sean de izquierda, su izquierdismo no va contra la democracia ni contra la libre empresa. Es un socialismo socialdemócrata y en otros casos un social-liberalismo, que no están contra el capitalismo, solo quieren moderarlo; ni pretenden prohibir la libertad de empresa, sino regularla. 

Y esa moderación y regulación obedecen a la necesidad de evitar los excesos de un capitalismo salvaje condenado por la Doctrina Social de la Iglesia, sobre lo cual han enfatizado los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y Francisco.

Son políticas socialdemócratas o social-liberales que procuran garantizar el acceso a la educación, incluyendo la universitaria —por méritos y no solo por capacidad económica—, así como un sistema de salud universal, la seguridad social para todos, los derechos laborales y otros beneficios básicos para la población; eliminar las grandes desigualdades económicas y disminuir la pobreza con políticas sociales justas. Son políticas de izquierda moderada con las cuales los socialdemócratas europeos como Willy Brandt de Alemania, François Mitterrand de Francia, Felipe González de España, Harold Wilson del Reino Unido y tantos otros, construyeron la Europa moderna, próspera y democrática de hoy, en la que países europeos como Noruega, Holanda y otros más, gracias a esas políticas, hoy ocupan los primeros lugares del mundo con el más alto nivel de vida.

Una Europa donde siguen gobernando socialdemócratas como Pedro Sánchez en España. Son también políticas del social-liberalismo que profesaron algunos gobiernos de la izquierda liberal de Estados Unidos, como los de Franklin D. Roosevelt, John F. Kennedy, Bill Clinton y Barak Obama. Es la izquierda de la Internacional Socialista y de muchos gobiernos que han condenado la represión en Nicaragua, como el gobierno del presidente Tabaré Vázquez de Uruguay, sumándose al voto unánime de sus senadores, entre ellos el de Pepe Mujica.

Una izquierda democrática, honesta y moderada, que no es dictatorial ni corrupta. Sobre el gobierno de Nicolás Maduro, Pepe Mujica expresó que “está loco como una cabra”, y sobre el gobierno de Daniel Ortega dijo hace unos días: “Recuerdo nombres y compañeros que dejaron la vida en Nicaragua peleando por un sueño; y siento que algo que fue un sueño se desvía, que hay una autocracia; y entiendo que quienes ayer fueron revoluc
ionarios, perdieron el sentido de que en la vida hay momentos en que hay que decir ‘me voy’.”

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