Eddy Zepeda Cruz
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El gremio médico se encuentra en la encrucijada o el dilema de ser o dejar de ser. Aspectos éticos que pesan en una profesión tan humanista, como la del apostolado de quienes dedican sus días a servir en la orientación moral y espiritual de grupos de ciudadanos sin distingo de raza, condición económica, de género o política. 

Se mencionan dos juramentos al momento de culminar los estudios: el hipocrático y el de Maimónides.  Ambos deben actualizarse al contexto del presente siglo, puesto que la realidad y el mismo conocimiento cambian para bien, para mejorar y nunca para retroceder.

La crisis actual ha puesto en evidencia que el gremio sigue disperso. Cada quien se ubica en la acera que más le conviene. Razones económicas, políticas, religiosas y hasta de conveniencia. La máxima maquiavélica ‘del fin justificando los medios’ prevalece en pleno siglo XXI, donde la sociedad del conocimiento debe regir las decisiones, más no las buenas intenciones. Lo concreto y objetivo sobre lo abstracto y surrealista.

Ser médico implica muchas situaciones o factores de nivel de complejidad elevada. Desde la misma situación de dedicar la mayor parte del tiempo para el proceso de formación, dejando a un lado la propia necesidad de ser individuo en una sociedad por entregarse de tiempo completo para adquirir conocimientos y destrezas que deban garantizar salud y vida al resto de ciudadanos.

Estadísticamente se dice que un año de formación médica puede significar 3-4 de otras profesiones. Las jornadas nocturnas de turnos que implican 36 horas continuas cada 3-4 días, cuidando al paciente dentro del proceso de aprendizaje, durante 8-10 años implican canas prematuras, cambios de humor, aparición de enfermedades crónicas como hipertensión, diabetes, depresión, burnout, etc. El costo social abarca hasta separaciones frecuentes de familias nucleares por el abandono que debe hacerse ante las exigencias del proceso de formación. Estadísticas empíricas hechas al azar muestran que al alcanzar el nivel de especialista es probable haber tenido 1-2 familias y al llegar al de subespecialista (doctorado) ya pueden haber fundado 3-4 . Razones que expliquen este fenómeno deberán ser estudiadas por los especialistas en sociología y antropología humana. 

La decisión de algunos colegas por irse del país deberá ser revisada con mucha responsabilidad de parte de las autoridades correspondientes. Autoexiliados, perseguidos u otra razón que se mencione puede ser debatida. No tiene sentido aumentar la diáspora. Dichos recursos humanos calificados y especializados son parte de nuestra reserva que nos lleve a un desarrollo sostenible.

Muchos han sido formados mediante convenios de colaboración y acuerdos bilaterales o multilaterales y otro tanto lo han hecho con esfuerzo propio. No importando la fuente, ni los centros médicos donde hayan prestado sus servicios, son recursos valiosos que contribuyen al desarrollo del país. Fontain, profesor de la Universidad Pontificia Católica de Chile, quien dirigió la formación de funcionarios nicaragüense en la década del 90, mencionaba que, no importando en qué sector estuviera el recurso humano (público o privado), siempre que trabaje en el país, su aportación integra el desarrollo nacional.

Quizás un poco cuestionable, pues no es lo mismo ser parte de un equipo privado, puramente lucrativo, que beneficie a un sector privilegiado, que ser parte de un equipo multidisciplinario que beneficia a poblaciones amplias, marginadas crónicamente. Sin embargo, este tema queda para luego. Cuestiones estructurales, económicas, de oportunidades deben evaluarse en su momento, no ahorita.

Primero atender lo agudo y luego lo crónico. Procurar contactarlos, escuchar sus razones, buscar consenso, de respeto mutuo, para reintegrarlos. Quizás siguiendo las estrategias definidas de políticas públicas en materia de salud, contemplando al recurso humano, como el pilar principal, alcancemos los indicadores que nos ubiquen dentro de los países con niveles sanitarios en cantidad y calidad adecuados para los ciudadanos. Cuba celebró recientemente por haber alcanzado una mortalidad infantil de 2.6 por 1,000  nacidos vivos, con todo y el bloqueo injusto. ¿Podemos hacerlo también? Quizás juntos.

Salud para todos.

*Médico