•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

Una vez en cada generación se produce un cambio masivo en los negocios que altera la naturaleza de la competencia, cambia el orden jerárquico de los jugadores, crea industrias y categorías completamente nuevas, cierra los mercados existentes y abre otros nuevos. Hoy estamos viviendo uno de estos cambios masivos con la emergencia de las plataformas digitales, que son el modelo de negocio y de organización que están definiendo el siglo XXI. Las plataformas digitales permiten coordinar recursos humanos, materiales y económicos de una manera tan eficiente que dejan en evidencia los modelos industriales tradicionales.

En la superficie ya es obvio el impacto y la transformación en industrias como el alojamiento turístico (Airbnb o Homeaway), los servicios bancarios (Kickstarter o Transferwise), los medios de comunicación (Facebook o YouTube), el transporte urbano (Uber o Lyft) o la creación y distribución de conocimiento (Wikipedia). Pero, si observamos más en detalle, vemos que en realidad la transformación es mucho más profunda.

Con las plataformas digitales estamos transformando la propia naturaleza de las organizaciones y empresas. Con ello estamos transformando el mercado laboral y cómo los ciudadanos van a generar ingresos en un futuro muy presente. “The End of Employment and the Rise of Crowd-Based Capitalism” (su título en español es Economía colaborativa: el fin del empleo y el auge del capitalismo de las multitudes) reza a modo de resumen el subtítulo del libro del profesor Arun Sundararajan publicado en 2016.

Los retos de esta transformación del sistema laboral son múltiples, tanto para las empresas y organizaciones como para los trabajadores. Las empresas vienen externalizando desde hace décadas servicios de limpieza, seguridad, reprografía, informática, etcétera. Ahora, gracias a las plataformas digitales, este proceso de externalización llegará a muchos más ámbitos de su actividad. Ya hay plataformas para todo tipo de tareas. Desde Amazon Mechanical Turk (microtareas online), a Glovo, Rappi o Uber Eats (entregas físicas), pasando por Iguanafix (arreglos en casa) o Zolvers (empleadas domésticas), Freelancer o Workana (diseño, programación, traducción) hasta plataformas para talento de élite (analistas, financieros, CEOs) como TopTal.

La empresa pasará a ser un director de orquesta que tomará recursos de un “talent pool” bajo demanda, todo ello optimizado mediante inteligencia artificial para disponer del talento que necesite, cuando lo necesite, donde lo necesite. Así, el reto para empresas y organizaciones está en administrar esta “mano de obra del futuro” distribuida, discontinua, online y offline. ¿Cómo construir, escalar y administrar su propia plataforma para “no empleados”? ¿Cómo combinarlo con empleados tradicionales? ¿Qué nuevos riesgos legales, de seguridad, de formación, etc. se avecinan?

“Mi padre tuvo un trabajo toda su vida, yo he tenido seis trabajos seguidos, mis hijos van a tener seis trabajos a la vez”, dijo Robin Chase, fundadora de Zipcar, en una entrevista reciente. Aun con todas las evidencias sobre la mesa, los sistemas educativos en casi todo el mundo siguen preparando “trabajadores” para una realidad industrial en claro retroceso. ¿Cómo acompañamos a la ciudadanía para ser “trabajadores independientes” con múltiples fuentes de ingresos? Para tener éxito, estos trabajadores deben formarse continuamente, han de ser más emprendedores, han de saber ofrecer su talento mediante las plataformas digitales y han de saber manejar la incertidumbre. ¿Cómo acompañamos a las universidades y escuelas técnicas, al igual que los departamentos de formación y desarrollo de las empresas, para que renueven su currículo acorde a las nuevas habilidades exigidas en este escenario de plataformas laborales?

¿Podemos dejar de hablar de políticas de “pleno empleo” y empezar a proponer políticas de ingresos estables y predecibles? ¿Podemos aceptar que todo trabajador, sea empleado o sea independiente, necesita y merece de unas protecciones básicas? ¿Podemos explorar el camino de los beneficios portátiles adjuntos a la persona y no al contrato? ¿Podemos regular para que los datos de los trabajadores en estas plataformas les pertenezcan como un fruto de su trabajo? ¿Podemos digitalizar la administración para facilitar el pago de impuestos por parte de los trabajadores independientes? ¿Podemos adaptar las estadísticas de empleo para reflejar esta realidad?

En este artículo hemos planteado muchas preguntas complejas. Lo cierto es que nadie tiene las respuestas. Lo que sí que tenemos es una responsabilidad compartida de buscar las mejores respuestas posibles.

Este es un fragmento del artículo 
publicado en el blog Factor trabajo del BID.
* Conector de OuiShare para España y América Latina.