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El médico, poeta, dramaturgo y promotor cultural Armando Íncer Barquero (16 de febrero, 1930-26 de julio, 2018) perteneció a un tipo de intelectual desarrollado en un medio provinciano y que, representando con autoridad a la ciudadanía, conocía a fondo su entorno vital. Más aún: que se compromete a impulsar el progreso de su ciudad y departamento, asumiendo incluso cargos de elección popular como alcalde e impulsando la enseñanza.

Muchos casos se dieron en el país, pero el último ejemplo más representativo de esa especie ya en extinción fue el mayor de los Íncer Barquero. 

Amigo de muchos años, reconocí su notable labor creadora en el ámbito de la poesía, del teatro y de la boaqueñidad en general. Por ejemplo, en la obra “El grupo U de Boaco / Antología poética y labor teatral” (2000) que preparé y editó la Academia Nicaragüense de la Lengua, de la cual era miembro correspondiente.

Pero sus aportes a la historia de Boaco le acreditaron también incorporarse como miembro honorario a la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua. Su última obra en esa línea fue “A pedir de boca” (Boaco, Artesanías Gráficas, 2012).

Se trata de un hermoso volumen ilustrado de 305 páginas que compendia y enriquece dos trabajos suyos reunidos en folletos: “Breve historia de Boaco” (2002) y “Los bailantes / Con el sol en la piel” (2002).

De un libro con mejor diseño que revela la constancia de su editor: “Ojos fieles de la fuerza” (1982) de Salvador López Zamorán y “Serán cenizas” (2000) de Ángela Robleto de Barquero. Si el primero corresponde a un testimonio sobre la guerra constitucionalista de 1926-27, el segundo consiste en la autobiografía de los Íncer Barquero y Brown Barquero. 

De una anécdota personal, surgida en el contexto del servicio de consulta historiográfica que Armando brindaba habitualmente a los estudiantes de secundaria, procede el título de su obra. Al retirarse uno de ellos, tras quedar satisfecho, estrechó la mano de Íncer Barquero y le dijo: “Haber venido a consultar con usted nos salió a pedir de boca, porque hallamos más de lo que buscábamos. Muchas gracias”.

Los boaqueños debieron rendirle las gracias por este magnífico esfuerzo solo comparable a la monografía que la Biblioteca del Banco Central “Roberto Íncer Barquero” consagró a “Boaco: cultura e historia” en el número 119 del Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación (abril-junio, 2003) que tuvo en él, como intelectual orgánico de la ciudad, su principal colaborador proporcionando materiales y fotografías que allí se rescatan.

¿Qué temas buscaban los estudiantes de secundaria en la casa de Armando? Los nombres de los alcaldes de la ciudad desde el 4 de mayo de 1995 hasta nuestros días, la creación del departamento el 18 de julio de 1935, la historia de sus centros educaciones, la vida y los progresos realizados por el sacerdote José Nieborowsky (1866-1942), el paulino polaco que gustoso dio todo de sí para ganar las almas de los boaqueños y mejorar su condiciones materiales de vida e incluso promover su cultura el incendio de la parroquia en 1922 y su reconstrucción, aparte de otras muchas referencias fundamentales de la gente y su cotidiano bregar.

Todo ello lo despliega Íncer Barquero en “A pedir de boca” y más, mucho más, conformando un anecdotario no por extenso menos útil y ameno, signado a veces por la ternura y la emoción, otras por el humor, la rareza y el recurso saleroso.

Así divide su obra en cuatro secciones: I. Historia / Lo continuado del vivir; II. Personajes / Nombres asentados en mi voz: III. Experiencia / Mi sombra usada en la tierra; y IV. Escritos ajenos / La palabra es el nexo. Es decir, textos de otros boaqueños —y de otras latitudes— transcritos para complementar sus páginas.

He aquí algunos de sus nombres: Salvador Barquero, Emilio Sobalvarro, Rafael Alvarado Sarria, Donaldo Chávez Núñez, Mauricio Díaz Dávila, Jaime y Jorge Íncer (la crónica de un viacrucis vivido e interpretado por un niño boaqueño), Sarita Íncer, Dionisio Martínez Sanz y Gregorio Cerda Sequeira.

En fin, Armando Íncer Barquero fue el mayor representante de la boaqueñidad y dejó palpables huellas de ornado en su amada y nutricia ciudad natal construyendo el Mirador de los Poetas (1991), el Paseo peatonal Antonio Tovar (1997), el Paseo del Bailante (1995) y el Paseo El Cerrito (1996), coronado por un singular faro, entre otros logros edilicios.