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Nadie quiere dejar su patria. Se migra porque la opción de sobrevivir en su propia tierra la han puesto en peligro circunstancias inevitables y terribles u hombres a quienes precisamente se les delegó la responsabilidad de hacer de un país un lugar habitable y próspero para esta generación y las futuras.

Toda la historia de la humanidad es un largo éxodo y las grandes naciones y los grandes pueblos son producto del exilio de otros pueblos, pero ocurre así porque no se tiene otra opción o partían o morían. En muchos casos, este éxodo obligado significa el sufrimiento y a veces la muerte de aquellos que no sobrevivieron en la empresa o que partieron para morir en tierra extraña.

Es fuera de la patria donde uno se da cuenta de que al salir se ha quedado solo y que solamente tu propio esfuerzo te podrá salvar de la inanición y la muerte. Detrás de la frontera quedaron los huesos de los abuelos y la generosidad y solidaridad de tu familia y de tus amigos. Más allá no hay nada seguro.

Como en una nueva tierra, todo está por hacerse, crear y luchar para poder sobrevivir en tierras desconocidas y muchas veces en un ambiente hostil.

El exilio como un río que fluye de Europa hacia América

La Segunda Guerra Mundial (la Gran Guerra Patria de los soviéticos) produjo el más grande éxodo de la historia moderna. Millones migraron de sus patrias, no todos regresaron ni todos llegaron.

Muchos eran artistas y científicos que tuvieron que migrar de sus hogares por el terror a la barbarie de la guerra. Atrás, bajo los escombros de los bombardeos de las ciudades, dejaron sus pertenencias y los cadáveres de sus familias.

Pintores, músicos, hombres de letras, novelistas y poetas, etc., además, hombres de ciencia como Albert Einstein, también tuvieron que salir de su patria. Asimismo, científicos como Albert von Braun, padre de los cohetes, migró y dio un gran empuje a los programas espaciales de los Estados Unidos.

El terror de la guerra llena a cualquiera de desesperación y convierte a los hombres en asesinos y mártires y a los amantes en la nostalgia de los sacrificados. Muchos hombres se quedaron y vieron partir a sus familias para siempre. Unos porque no tuvieron las posibilidades de partir con ellos y otros porque se integraron al ejército de hombres decididos a terminar con el horror del nazismo.

Otra estampida desesperada 

En Nicaragua, las madres parten con sus hijos para que no mueran en las barricadas, o que no sean desaparecidos o encarcelados por el Gobierno y, por supuesto, su seguridad es la primera prioridad. Nada tiene más importancia que preservar la vida de nuestros hijos.

A la fecha, entre veinticinco mil y treinta mil nicaragüenses han partido, solo a Costa Rica. Lo mismo ocurrió con la estampida causada por el Servicio Militar “Patriótico” de los años 80 para evitar que los muchachos fueran a morir a la montaña.

Aquel éxodo causó la destrucción de familias completas. Las madres partieron con sus hijos y esta separación fue para siempre porque en otras tierras se encontraron nuevos compañeros y los padres aquí se encontraron nuevas compañeras.

Cuarenta años después, el naufragio de aquella Nicaragua sacrificada por las más oscuras pasiones de los hombres, no se había podido recuperar por completo y ahora nos vemos repitiendo lo mismo  cegados por las mismas pasiones de los hombres como son la avaricia y la acumulación de riquezas, sin importar cuánto dolor se cause y cuánta más sangre se derrame. 

¿Hasta cuándo? Oh sentina de escombros/feroz cueva de náufragos.