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El año 2009 es muy interesante para la historia contemporánea en vista de la multiplicidad de fenómenos políticos, económicos y sociales que en el ámbito internacional se están desarrollando. Estos fenómenos, una vez que quede superada la presente crisis, habrán cambiado totalmente la fisonomía económica y social que ha sustentado al planeta a lo largo del último siglo.

El gigante de la economía mundial se está estremeciendo violentamente arrastrando con él al mundo entero hacia la peor crisis económica de la era contemporánea. Muchos paradigmas se han hecho pedazos como el de la supremacía del mercado, visto como panacea para resolver todos los problemas que el orden social plantea en los distintos países; así también las posiciones ultraconservadoras que clamaban en coro por un Estado facilitador y casi reducido al triste papel de testigo mudo de la historia económica y social de la era de la globalización.

La redefinición de funciones en la gestión pública se impone como absoluta necesidad en el marco de la crisis actual. La crisis no sólo es económica y financiera sino también de modelos. Las acciones que los gobiernos de los países industrializados han emprendido ha derivado en una suerte de neokeynesianismo contemporáneo que por momentos pareciera ser anacrónico dado que no posee la suficiente sustentación teórica adaptada o actualizada al entorno de la globalización y a la naturaleza de la crisis actual y las catastróficas implicaciones que ella tiene por su impresionante capacidad de contagio a toda la economía mundial gracias a la interconectividad e interdependencia que la globalización ha propiciado en los últimos años. Las medidas contracíclicas inspiradas en el keynesianismo no están conteniendo ni mucho menos revirtiendo la crisis. El aumento del gasto público, los enormes paquetes de salvataje financiero se están quedando muy cortos y al parecer la crisis aún no toca fondo. El efecto multiplicador del que habló Keynes tomará un cierto tiempo para comenzar a sentirse y esperemos que tenga un efecto importante para aplacar la crisis.

En medio de la crisis el presidente Obama ha hablado como todo un buen político de las fortalezas con que cuenta Estados Unidos para salir adelante y seguir liderando la economía mundial sobre la base de su enorme potencial productivo e importantísimo avance tecnológico. Sin embargo, él mismo ha aceptado que las medidas que está tomando no van a ser efectivas a corto plazo -¿lo serán tal vez a mediano o largo plazo?. Esta posición es una suerte de invocación contemporánea a la vieja tesis del Destino Manifiesto que predicaba la supremacía del modelo estadounidense, de su sistema político; de sus instituciones y del derecho que esta nación detentaba para rehacer el mundo a su imagen y semejanza.

El mundo actual está convulsionando y en medio de la confusión no es del todo seguro que Estados Unidos conserve el mismo nivel de hegemonía y liderazgo de que gozaba antes de la crisis. La preeminencia norteamericana se sustenta hoy en día más en su poderío militar que en su poderío económico, sin embargo, entre estos dos aspectos subsiste una relación simbiótica.

Otro aspecto fundamental que se tiene que tomar en cuenta es el giro político y económico que se está experimentando en algunos países de América Latina que están luchando por salir del alero político y económico de los Estados Unidos y buscando una mayor diversidad en sus relaciones comerciales y políticas con Europa, sobre todo en el caso de Brasil y Argentina, y con Asia en el caso de Venezuela con su acercamiento con Irán.

Una parte de la región latinoamericana está tratando de refundar sus bases políticas y económicas como en el caso de Venezuela con su giro a una especie de socialismo bolivariano, es también el caso de Bolivia hacia un socialismo indigenista y otros países que están haciendo importantes modificaciones a sus constituciones y a sus sistemas de gobierno. A la luz de esta realidad, y en pleno siglo XXI, el cuento de la supremacía estadounidenses, per se, es más difícil de vender dado el contexto geopolítico global. Difícilmente los Estados Unidos podrían intervenir descaradamente y hasta militarmente un país latinoamericano como Venezuela en donde el régimen socialista que se construye está completamente legitimado a través de más de diez procesos electorales observados por garantes internacionales que han dado fe de la transparencia de sus resultados y que ha incluido notas diplomáticas de alto nivel de parte del presidente francés, Nicolás Sarkosy, felicitando a su homólogo Hugo Chávez por su victoria en el más reciente referendo.

Europa por su lado está en estos tiempos centrada en analizar su enfoque de desarrollo. El modelo europeo está siendo sometido a rigurosos análisis que buscan darle viabilidad en el entorno global pero que mantenga una coherencia entre el desarrollo social asumido como un componente clave del sistema de desarrollo y no sólo como una consecuencia deseable del desarrollo económico tal y como lo pone en práctica el modelo anglosajón que implementan fundamentalmente los Estados Unidos. Europa se quiere perfilar como una zona compacta de desarrollo económico y desarrollo social sostenible, lo que más tarde les llevará a desarrollar mayores ambiciones geopolíticas a nivel mundial que podría hacerle sombra al predominio norteamericano. Una virtud del actual proceso de cambio y de redefinición del desarrollo que está enfrentando Europa es que podría inspirar a otros países y regiones para tratar de esbozar un nuevo perfil de desarrollo alejado del paradigma del mercado que han predicado hasta hoy los Estados Unidos.

Tampoco podemos olvidar el poderío económico de China que ha entrado con paso firme en la economía global y que hará sentir con más aplomo su peso real en la economía mundial a través de su eficiente maquinaria productiva y el impresionante nivel de competitividad que ha alcanzado. La crisis del modelo norteamericano que ha predominado en las últimas décadas ha abierto un panorama en el que las opciones de cambio están definiéndose y no todas estas alternativas estarán necesariamente supeditadas a lo que lo Washington proponga en el futuro como modelo económico para ser seguido por el resto del mundo.


*El autor es especialista en Economía Gubernamental y Administración Financiera Pública. Catedrático de la Universidad del Valle de México, UVM.