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Cada mes de agosto se repite la historia: las personas con discapacidad son mencionadas en los diferentes medios de comunicación e instituciones. Son los personajes principales. La industria mediática aumenta su raiting con fotos, videos y testimonios de personas que se esfuerzan para sobrevivir en una sociedad de escasas oportunidades para ellas. Sensacionalismo, amarillismo, morbo.

Representan entre un 10.5 y 12% del total de la población, es decir, más de 600,000 habitantes a nivel nacional. Desde niños hasta adultos mayores. De diferentes razas y credos. De diferentes segmentos económicos, pocos con capacidad de resolver sus necesidades diversas y la mayoría a expensa de la beneficencia institucional, familiar y comunitaria. 

Beneficiarios de una ley aprobada y reglamentada desde 1995, la Ley 202, de Prevención, Rehabilitación y Equiparación de Oportunidades para las personas con discapacidad. Luego fue revisada y modificada, la Ley 763, cuya reglamentación incluye derechos humanos elementales como educación, salud, trabajo, vivienda, ocio, entre otros. Muy buenas intenciones, pero que han quedado en el papel.

Urge reactivar y hacer funcionar todo lo reglamentado (o al menos lo más importante), para rescatar la dignidad de tan importante segmento poblacional. La integración de personas con discapacidad en los diferentes consejos departamentales, municipales y regionales es de vital importancia para desarrollar las tareas dirigidas a ellas. 

Existen experiencias positivas en otros países que pueden ser consideradas e intentar aplicarlas aquí, con las respectivas adecuaciones. Por ejemplo, el exitoso programa del cupón (lotería) en España, dirigida por la ONCE (organización Nacional de Ciegos de España), que ejecuta diferentes modalidades de inserción laboral en fábricas, tiendas, etc., para sus afiliados. Han logrado ser autosuficientes y garantizar a sus miembros la satisfacción de sus necesidades básicas elementales. El concepto de minusvalía (menos valor), por tanto, deja de ser relevante.

Equivaler o confundir discapacidad con mendicidad no tiene cabida. Tal debería ser una meta importante en las organizaciones nacionales (ORD, ADRN, Marisela Toledo, Asnic, Asociación de Lesionados Medulares, asociaciones de enfermedades autoinmunes y mentales, etc.). 

La prevención de discapacidades desde el momento del embarazo, en la primera infancia, en la juventud, en la edad adulta y en los adultos mayores debe ser una tarea interinstitucional. No solamente el Ministerio de Salud es el responsable de tal tarea. Desde la familia, comunidad, hasta los niveles interinstitucionales podemos aportar para incidir en prevención.

No podemos dejar de mencionar los sucesos recientes, que dejaron una cantidad importante de personas con alguna limitación por heridas de bala, objetos contundentes y hasta por alteraciones sicosociales que tendrán su efecto a mediano y largo plazo. El llamado stress postraumático. Estas últimas son causas evitables y prevenibles, donde la única condición debería ser la tolerancia y coexistencia pacífica. 

Años atrás, el Glarp-IIP (Grupo Latinoamericano de Rehabilitación Profesional- Inserción e Inclusión de Personas con Discapacidad) contribuyó a desarrollar una estrategia para fortalecer programas de rehabilitación en los diferentes departamentos del país, dentro de la estructura del Ministerio de Salud. Quizás pueda retomarse tal iniciativa para el rediseño de tareas que logren la inserción plena de este importante segmento de población. No estamos inventando el agua helada. 

Mención especial merece el grupo de personas con deterioro cognitivo o enfermedades mentales, puesto que dependen casi completamente de cuidadores las 24 horas del día. Los pacientes con enfermedad de Alzheimer entre ellos, que se estiman en más de 30,000 a nivel nacional. De cada 2 adultos mayores de 85 años, uno padece la enfermedad. Más práctico decir que representan un 9% de todos los adultos mayores en Nicaragua.

Ojalá que las condiciones de desarrollo y paz  del país permitan atender a las personas con discapacidad con la dignidad que merecen y puedan reinsertarse socialmente, dejando  de ser solamente efemérides cada mes de agosto.

Salud para todos.

* Médico.