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En ese flujo y reflujo de informaciones que sin descanso invaden las redes sociales, me llegó a Facebook, esta reflexión que te importó que la leyéramos porque nos la enviaste a todos  aquellos con los que la compartiste. Bajo la foto de un adolescente se leían estas palabras: SI NO TE INTERESA QUÉ HICIERON CON UN DESAPARECIDO, NO TENEMOS DIFERENCIAS POLITICAS, TENEMOS DIFERENCIAS MORALES, ÉTICAS Y HUMANAS. 

Me parece que toda la historia de la humanidad parte de este dualismo en que te importe o no te importe el mal que le hagan a otra persona que es igual que vos. Nos condolemos frente a un gato herido, o frente a nuestra mascota que se muere porque le ha llegado su fin; y nosotros que nos importa este gato herido o nuestra mascota que se muere, no comprendemos cómo a otro ser humano no le importe la muerte de otro ser humano; no le importe un muchacho muerto en una trinchera con un balazo en la cabeza con una hulera en su mano, o también un policía muerto aunque sea con un arma en la mano.

A nosotros que nos importa el policía y el estudiante Sonia, te puedo asegurar que a los que no les importa, no les importa ni el estudiante ni el policía. Y todo eso de y las acusaciones y la persecución y la “justicia”, es un teatro, un gran teatro grotesco del Gobierno y sus seguidores, para seguir haciendo sufrir a los que cometieron la blasfemia de protestar por el atropello de los ancianos el 18 de abril y la protesta del día siguiente en que fueron baleados con odio y satisfacción, los muchachos estudiantes de la UCA y la UNI.

El lobo, lobo del hombre

En la sociedad que compartimos vivimos relacionándonos unos con otros, y pensamos que todos tenemos valores fundamentales que nos identifican como iguales, como especie, que se identifica como la cima de la Creación, pero ocurren situaciones de rupturas sociales en que sale a la luz qué tanto de lobo y qué tanto de seres humanos tenemos y que no todos poseemos esos rasgos del ser humano como son el dolor frente al sufrimiento y la solidaridad con aquél que es violentado y muerto. Nos sorprende ver cómo personas se complacen en hacer sufrir a otras sin que sientan rechazo por el dolor que se causa a otro ser humano, y en cierta forma nos sentimos como que no somos los mismos y que toda la vida hemos vivido junto a desconocidos que están en pugna contra los valores y los sentimientos que identifican a la raza humana, desconocidos que descubrís en un vecino, en un conocido, en un amigo, y también ¡oh! dolor, en un miembro de tu misma familia ¿verdad Soniá?

Fijate Sonia, que esto ya ni siquiera se trata de Daniel y Rosario, sino que se trata de esa falla estructural del ser humano, como es precisamente su “deshumanización”. Daniel y Rosario solo son un accidente de este espacio y de este tiempo en que por desgracia nos tocó sufrir los efectos de esta repetida revelación de esa otra arista de los seres humanos. Bien pudo ser cualesquiera otros dos. Aquí las personas no importan como personas sino que como arquetipos de la otra parte de la especie con quienes convivimos pero con quienes no nos identificamos.

La historia está llena de estos fenómenos que han llenado de luto y de sangre a la humanidad: Hitler, Mussolini, Franco, Pinochet, Stalin, Videla, Trujillo, los Somoza, y más y más. 

Vivimos en el futuro, somos el hombre de los celulares y el Internet, pero a veces, en una videollamada, allá en el fondo de la pantalla, aparece claramente el rostro de un cavernícola.