GRACIANA RUCCI y RAFAEL NOVELLA
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Si el futuro del trabajo va a ser tan arduo como lo dibujan, ¿qué será de los jóvenes? Si el tsunami tecnológico que amenaza al mundo, eso que se ha venido a denominar la cuarta revolución industrial, va a ser una prueba durísima para los trabajadores de hoy, ¿cómo aseguramos un buen porvenir a la próxima generación? ¿Qué tan preparados están los millennials de América Latina y el Caribe? ¿Podrán superar el reto que les plantea la digitalización y la llegada masiva de los robots?

Con Millennials en América Latina y el Caribe: ¿trabajar y estudiar?, una publicación que verá la luz el próximo noviembre, queremos ofrecer un diagnóstico sobre los jóvenes de nuestra región, más allá de clichés, estigmas e imágenes preconcebidas, para repensar las políticas orientadas hacia este sector de la población. Para formularlo, nos acercamos a más de 15,000 jóvenes de entre 15 y 24 años en nueve países (Brasil, Chile, Colombia, El Salvador, Haití, México, Paraguay, Perú y Uruguay) con la intención de conocer mejor qué factores influyen cuando deben elegir entre la escuela y el trabajo (o ambos) y, también, con el objetivo de entender mejor cuáles son sus habilidades. En concreto, las cognitivas (comprensión lectora, capacidad de resolver problemas matemáticos), socioemocionales (como la autoeficacia, la perseverancia o la autoestima) y técnicas. El estudio también busca conocer sobre las expectativas y aspiraciones de los jóvenes.

En nuestro análisis, encontramos carencias relevantes en las habilidades cognitivas de los jóvenes que participaron en el estudio. Así, menos de un 60% de los jóvenes mostró capacidad para realizar correctamente cálculos matemáticos sencillos, de utilidad para el día a día (por ejemplo, cómo repartir un monto de dinero en partes iguales para cinco personas). También observamos con preocupación otros aspectos, como la fluidez en el inglés.

Optimismo en las habilidades blandas

Con respecto a las conocidas como habilidades socioemocionales, justamente esas que se cree que serán más necesarias para enfrentar los desafíos de esta revolución tecnológica, los resultados son más positivos. Estas habilidades blandas, a las que los sistemas educativos han otorgado tradicionalmente un rol de menor importancia, son cada vez más valoradas por los empleadores. Así, los resultados de nuestro estudio también nos ofrecen razones para ser optimistas.

Otro aspecto destacable tiene que ver con los ninis, aquellos jóvenes que ni estudian ni trabajan ni se capacitan, una categoría en la que se encuadra uno de cada cinco participantes en nuestro estudio. De ellos, un 40% está buscando un empleo (sobre todo los hombres) y un 57% se dedica a labores de cuidado (sobre todo las mujeres). Por tanto, nuestro estudio refleja que, frente a la imagen que habitualmente encontramos al referirnos a los ninis, la mayoría de ellos no son jóvenes ociosos, sino personas dedicadas en otras actividades productivas en su día a día.

La imagen: una acuarela reivindicativa

La joven diseñadora colombiana Daniela Arango fue la ganadora de nuestro concurso para la imagen de portada de nuestra publicación. 

Su propuesta, titulada El origen de la innovación, es una acuarela reivindicativa: “Los millennials contamos con herramientas tecnológicas para crear redes, mover masas, compartir conocimiento, trabajar y estudiar al tiempo. No se trata de escoger uno sobre el otro, sino lograr los objetivos personales que además le otorguen equilibrio y bienestar al país. Así, la obra plantea a una joven activa en su computador, con una camiseta que porta los parches de inconformidad y su pelo sugiriendo las ideas que nacen del contexto y la llevan a la innovación”.

Este artículo fue publicado en el Blog del BID, en la sección Factor Trabajo.