•  |
  •  |
  • Edición Impresa

El 12 de agosto es el Día Internacional de la Juventud, fecha designada por la Asamblea General de las Naciones Unidas en 1999 para conmemorar a los jóvenes—el grupo de personas comprendidas entre los 15 y 24 años de edad. Este día es importante para recordar que 1 de cada 4 personas en el mundo tiene actualmente entre 10 y 24 años, y que los jóvenes son actores fundamentales de transformación económica y social en nuestras ciudades.

Según el informe del Fondo de la Población de las Naciones Unidas en 2014, la población mundial aumentó 50% en los últimos 31 años, y la mitad de esa población es menor de 24 años (25% tienen entre 10 y 24 años y 26% son menores de 10 años), por lo cual nunca el mundo ha tenido tanta población joven como ahora. Asimismo, de los 1,800 millones de jóvenes entre 10 y 24 años, aproximadamente la mitad (49.6%) son niñas adolescentes y mujeres jóvenes cuyas necesidades y retos son distintos a los de  los hombres. Por ejemplo, a nivel mundial, es mucho menos probable que las mujeres jóvenes tengan acceso a educación, a servicios de salud, a servicios financieros y a tecnología digital que los hombres (UNFPA 2014).Por esta razón, es importante adaptar las herramientas de transversalización de género en políticas y proyectos de desarrollo para la integración de la juventud.

Este año, el tema central del Día Internacional de la Juventud es el de los “Espacios seguros para los jóvenes,” con el objetivo de promover la disponibilidad de espacios públicos seguros e inclusivos según las necesidades de los jóvenes, de manera que ellos puedan involucrarse en actividades relacionadas con sus intereses, participar en los procesos de toma de decisiones y expresarse libremente. Este tema trae a nuestra atención algunas diferencias importantes que enfrentan las mujeres y los hombres jóvenes en nuestras ciudades: el 80% del espacio público en las ciudades es utilizado por los hombres, y las niñas se sienten 10 veces menos seguras en los espacios públicos que los niños.

Espacios públicos seguros para niñas adolescentes y mujeres

Un estudio (en inglés) de la ONG Plan International encontró que el 30% de las niñas que viven en Australia limita sus movimientos y evita tomar el transporte público por la noche si están solas.Frente a este desafío, además de promover talleres sobre igualdad de género en las escuelas e instalar cámaras de seguridad (CCTV) en el transporte y en los espacios públicos, los estados australianos como Victoria han desarrollado una Guía para facilitar la planificación de entornos urbanos más seguros para todos los ciudadanos. Sin embargo, este hallazgo no es exclusivo de Australia: encuestas similares realizadas por Plan International en cuatro países (Ecuador, Nicaragua, Pakistán y Zimbabue) en 2015 muestran una situación similar para la libertad de movimiento de las niñas y mujeres jóvenes (PLAN 2016).En América Latina, servicios como la Línea Rosa —un servicio de taxis exclusivo para mujeres que funciona en San Salvador desde 2014— y la iniciativa “Bájale al acoso” en el transporte público en Quito, apuntan a r
esolver este problema.

Más allá de acciones preventivas contra la violencia de género en el transporte colectivo, las políticas públicas de movilidad rara vez toman en consideración las diferencias entre las necesidades de los hombres y de las mujeres, lo que limita la movilidad y las posibilidades recreativas y sociales por parte de las mujeres y niñas. En vista de este desafío, el BID realizó una guía sobre Mujeres y Movilidad Urbana con base en un estudio de caso de Buenos Aires—una ciudad dónde los usuarios de la bicicleta suelen ser mayoritariamente hombres jóvenes—que incluye ocho acciones clave para incentivar que las mujeres se muevan en bicicleta, promoviendo su movilidad y accesibilidad.

Como muchos de los espacios públicos son pensados para los adultos o los niños, los adolescentes y los jóvenes suelen tener pocas opciones relacionadas con sus intereses y muchas veces tienen que ocupar espacios recreativos que fueron diseñados para niños pequeños y sus cuidadores (que suelen ser mujeres), lo que puede contribuir para tornar estos espacios menos seguros. De esta forma, diseñar espacios públicos adecuados para que niñas y niños jóvenes y adolescentes puedan expresarse es importante para tornar nuestras ciudades más inclusivas y seguras. La ciudad de Mérida, en España, por ejemplo, creó la llamada Factoría Joven de Mérida, que incluye murales de graffiti, rampas de skate, muros de escalada e iluminación adecuada, además de la organización de clases de baile y sesiones de consejería en varios temas.

La participación inclusiva es vital para el desarrollo urbano sostenible, y eso incluye tener en cuenta las necesidades y las ambiciones de los distintos grupos de ciudadanos, incluso los jóvenes, que muchas veces no participan en las consultas sobre la planificación de nuestras ciudades. 

Este artículo fue publicado en el Blog del BID, en la sección Ciudades Sostenibles.