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Hace unas semanas me encontré con mi amigo y colega periodista Pompilio Baca, muy preocupado por la situación sociopolítica de nuestro país. El día anterior había sido uno en los que hubo muchos muertos y heridos.

Pompilio, visiblemente conmovido, me habló del peligro de que las cosas devinieran en una guerra civil, pero también de su fe en que eso no pasaría, basándose en su devoción al Siervo de Dios, padre Odorico D’Andrea, quien, antes de fallecer, habría dicho: “No habrá otra guerra en Nicaragua”.

Pompilio considera al padre Odorico un santo y sus palabras una profecía. Los católicos sabemos que Dios puede darnos mensajes de consuelo mediante revelaciones privadas a personas de bien, y puede ser que en palabras del padre Odorico haya dejado ese mensaje al pueblo nicaragüense que tantas guerras ha sufrido.

Si mediante el padre Odorico, nuestro Padre Celestial nos ha dicho que “no habrá otra guerra en Nicaragua” es un consuelo en medio del inmenso dolor de esta crisis que vivimos, pero al mismo tiempo es una exigencia para que construyamos la paz definitiva. Algo que puede lograrse mediante el diálogo que lleve a acuerdos para una solución rápida, como sería anticipar las elecciones. 

El Padre Odorico D’Andrea es un “Siervo de Dios”, lo cual es el primer reconocimiento que hace la Iglesia a un candidato a ser declarado venerable, luego beato y finalmente canonizado como santo. La Congregación para las Causas de los Santos inició en 2002 la causa hacia la canonización del Siervo de Dios Odorico D’Andrea, quien fue un humilde y bondadoso padre franciscano, de los frailes menores de San Francisco de Asís.

Su nombre es José D’Andrea Valeri, aunque como religioso fue conocido como Odorico D’Andrea, nacido en Montorio al Vomano, provincia de Téramo, Italia, el 5 de marzo de 1916; falleciendo en Matagalpa el 22 de marzo de 1990. Vino a Nicaragua en 1953. Su ministerio lo realizó especialmente en las comunidades de San Rafael del Norte, en el departamento de Jinotega. Fue cofundador de las Hermanas Franciscanas Peregrinas del Inmaculado Corazón de María.

Varios obispos lo han considerado santo, profeta de la paz e incansable reconciliador durante el tiempo de la guerra de los años 80, cuando reunía grupos de los contras con el Ejército sandinista.

En una ocasión, combatientes de las dos fuerzas armadas se sentaron, y muy respetuosamente, ante la gran autoridad moral y religiosa del padre Odorico, participaron de la santa misa; el momento cumbre llegó cuando ambos bandos se estrecharon en un fraternal abrazo durante el saludo de paz.

Los que conocieron al padre Odorico aseguran que en su vida fue ejemplo de santidad. Se dan abundantes testimonios de curaciones y de otros hechos extraordinarios por su intercesión ante Dios, tanto en vida como después de su partida al cielo. Quienes lo conocieron lo definen como dulce, humilde, servidor, amoroso, entregado a su pueblo, amigo de los pobres, consolador de los afligidos, fraile de la paz.

Cuando exhumaron su cuerpo asombrosamente estaba incorrupto. Su vida y su ejemplo infunden en el pueblo un amor grande y confianza sin límite en la Divina Providencia y en la santa eucaristía. El Obispo de Jinotega, Monseñor Enrique Herrera, también franciscano, afirma que su vocación fue de la mano del padre Odorico, a quien venera con inmenso cariño. En marzo de cada año, miles de devotos peregrinan a San Rafael del Norte para conmemorar el nacimiento (el 5) y su paso al cielo (el 22), del padre Odorico.

Este año la misa solemne fue presidida por el obispo de Matagalpa, monseñor Rolando Álvarez, quien dijo que hace dos años le pidió un favor al padre Odorico y el milagro le fue concedido. 

¿No habrá otra guerra en Nicaragua? Mi amigo Pompilio Baca así lo cree y afirma que es una profecía del padre Odorico. Puede ser. Nicaragua ha sufrido demasiado y el padre Odorico vivió los horrores de la guerra y promovió la paz.

Como católico le pido al Siervo de Dios Odorico D’Andrea, que interceda para que el Espíritu Santo conduzca a un acuerdo en Nicaragua que lleve a la pronta solución pacífica de nuestra grave crisis institucional que tanta sangre y lágrimas sigue costando, convencido de que Dios todo lo puede y escucha la intercesión de los santos, y puede llevarnos a un diálogo sincero y a un proceso electoral que ponga fin a nuestra crisis institucional. 

www.adolfomirandasaenz.blogspot.com