Paula Astudillo, Elizabeth Pollitzer y Matteo Grazzi
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

I de II partes

Sin duda, la ciencia y la tecnología juegan un rol fundamental para alcanzar los 17 objetivos de desarrollo sostenible establecidos por la Agenda 2030 de la Organización de las Naciones Unidas. Tienen el poder de transformar la sociedad y la economía, respondiendo a las prioridades de la población mundial y en específico a las de América Latina y el Caribe.

Sin embargo, entre la diversidad de obstáculos que podrían afectar esta transformación, uno que suele ser menos evidente o ampliamente socializado es la persistencia de brechas de género en el campo de la ciencia, tecnología e innovación (CTI). Estas brechas no solo impiden que la ciencia y la tecnología beneficien de igual manera a hombres y mujeres, sino que limitan la participación y contribución plena de las mujeres en estas áreas, y además reducen el impacto de la CTI en el desarrollo. Las inequidades de género se encuentran presentes en las diferentes etapas de la investigación: desde la propia definición de las preguntas de investigación, pasando por la generación de evidencia y trabajo de campo, hasta la revisión de calidad para publicar en revistas científicas y los procesos de financiamiento a la investigación e innovación.

Estas preocupaciones fueron el foco del Gender Summit 12 – América Latina y el Caribe, que tuvo lugar en diciembre pasado en Santiago de Chile bajo la organización de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (Conicyt), con el apoyo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) y de otras organizaciones nacionales e instituciones multilaterales. Este encuentro, abierto por Michelle Bachelet, en ese entonces presidenta de Chile, fue el primero exclusivamente dedicado a la región, pero el doceavo Gender Summit a nivel global desde que comenzara en el año 2011.

La evidencia presentada en las sesiones de este Gender Summit nos confirmó la centralidad de dos grandes retos y la importancia de proponer estrategias y acciones concretas para superarlos:

1- Poca participación de mujeres en áreas STEM

Un primer factor crítico en el contexto latinoamericano es la escasa participación de mujeres en los campos de ciencia, tecnología, ingeniería y matemática (STEM, por sus siglas en inglés). Hay abundante evidencia de que las mujeres se alejan de estas áreas a medida que avanzan en el sistema educativo. Por ejemplo, en las Olimpiadas de Matemática en Brasil, en los grupos participantes más jóvenes hay mayor número de niñas que de niños, pero esta proporción decrece a medida que las niñas se vuelven mayores y los contenidos se vuelven más complejos. Por su parte, en Chile, en los exámenes de matemáticas y ciencias TIMMS del 2015, no hubo diferencias entre niños y niñas del cuarto grado, pero en los resultados del octavo grado la diferencia fue de 8 puntos a favor de los varones. Entre muchos otros factores, esta situación se debe mayormente a sesgos de género, existentes por ejemplo en las expectativas de los padres: en Chile el 50% de los padres y madres espera que sus hijos varones sigan carreras en STEM, per
o solo el 16% espera lo mismo para sus hijas.

La brecha de participación es aún mayor si consideramos la educación superior en la región. Por ejemplo, en 2013 solo el 19% de los estudiantes de pregrado y el 14% de los profesores en la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas de la Universidad de Chile eran mujeres. La brecha también se refleja en la baja participación de las mujeres, a nivel global, en sectores económicos intensivos en investigación y desarrollo (I+D), como las industrias de software y tecnología (15.6%), o la industria farmacéutica y de biotecnología (15.5%). En Chile, estas figuras son aún más preocupantes, pues se registra solo un 4% de participación de mujeres en las industrias de tecnologías de la información.

2- Obstáculos a la carrera científica de las mujeres

A pesar de algunas excepciones, en América Latina y el Caribe, más mujeres están ingresando a la educación superior. No obstante, cuanto se trata de empezar o permanecer en la carrera académica o científica es común que suceda el fenómeno conocido como la “tubería de fugas” (leaky pipeline, en inglés). Por ejemplo, si bien las mujeres representan cerca del 30% de todos los investigadores de Chile, solo 16% de los directores de centros de investigación con financiamiento público son mujeres.