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La obra en dos tomos de Ritomar Guillén, “Boxeo nicaragüense (1912-1979) / Historia y estadísticas”, marca un hito en la investigación del deporte en nuestro país. Oportunamente, lo valoró Danilo Aguirre Solís en su amplio comentario sobre el primer tomo. Yo confirmo su carácter de “primer gran esfuerzo por cronologizar, sistematizar y hasta en cierto modo antologizar el boxeo en Nicaragua y sus más caracterizados exponentes. Además, reconozco su mayor evidencia: el entusiasmo, “esa virtud juvenil capaz de producir cosas brillantes y hermosas” como lo definía nuestro Rubén Darío. 

Y no se me venga a decir que Darío no tiene nada que ver con el boxeo ni con los deportes. En Chile fue cronista deportivo del diario El Heraldo de Valparaíso y más tarde escribió páginas sobre gimnastas y acróbatas, juegos olímpicos, carreras de caballos y de automóviles, tenis, beisbol y boxeo: el deporte ––de origen norteamericano–– más arraigado en nuestro pueblo después del beisbol. Por algo usó el anglicismo “box” en el poema “Aviso del porvenir” (marzo de 1887). 

A partir de 1912, cuando Nicaragua fue intervenida militarmente por primera vez en el siglo XX, inicia Ritomar Guillén (nacido en Juigalpa, 1985) su periplo documental, extrayendo la información pertinente de los diarios, facilitados en la Biblioteca del Banco Central, en la Hemeroteca Nacional “Manolo Cuadra” y en el IHNCA de la UCA. Toda una intensa labor que debemos aplaudir, sobre todo porque ha obedecido a su propia iniciativa, sin apoyo económico alguno.

De esta manera, Ritomar ha trazado un panorama que abarca 67 años y todas las etapas de nuestro boxeo amateur y profesional, aparte de una bastante completa lista cronológica de veladas boxísticas desde 1920 hasta 1979. Una de ellas, en la que se disputó el primer campeonato nacional, tuvo lugar en el cuadrilátero de La Momotombo en Managua (donde hoy es Enabás) el 16 de septiembre de 1923. Enrique Leal, derrotando por decisión a Ofilio Simonson en el décimo round, obtuvo el galardón. 

Precisamente de Leal y Simonson ––como también de Pancho Ríos, Napoleón Delgado Chaparrón, Kid Thomas, Mike Duarte, Rosendo Rubí, Gustavo Choza y el Bathing Espinoza, entre otros–– registro sus actuaciones en una investigación anterior a la totalizadora de Ritomar: “Pioneros del boxeo en Nicaragua” (Revista de la Academia de Geografía e Historia de Nicaragua, núm. 69, abril, 2010). El texto lo ilustra la primera fotografía colectiva de boxeadores nicas, reproducida después por Ritomar en su obra, que tomé de la revista Los Domingos (núm. 374, octubre, 1926, semanario ilustrado del diario La Noticia). Un cronista de ese diario, Gustavo Robleto (Speke) figura, delante de los boxeadores, en ese documento gráfico.

Pero nuestro primer cronista de boxeo fue el capitalino Lolo [José Dolores] Estrada, quien firmaba con el seudónimo Arsene Lupin y mantenía una columna en La Noticia: “La Semana Deportiva”. A Lupin se le deben la crónica pionera “Los reyes nicas del puñetazo” y un artículo previo a la célebre pelea Thomas-Chaparrón, ambos textos rescatados por Ritomar en su obra. “Este encuentro, sin discusión, será el más interesante de todas las peleas presenciadas en la República […] Thomas y Chaparrón constituyen nuestro orgullo pugilístico. Cada uno tiene sus cualidades y estilo personal” ––consignó en La Noticia Ilustrada, núm. 1, el domingo 21 de marzo de 1926. 

Otro texto interesante, no tan “arqueológico” como el referido, es el “Panorama del boxeo nacional” (El Mundo, 25 de abril y 2 de marzo, 1948) que, con otros sobre el tico-nica Tuzo Portugués, rescaté en el Boletín Nicaragüense de Bibliografía y Documentación dedicado a Manolo Cuadra (núm. 42, julio-agosto, 1981, pp. 48-51). Ahora los divulga, una vez más, Ritomar. Pero Manolo fue autor de otros artículos, entre ellos unos sobre Kid Centella (Gustavo Vega), primer boxeador nicaragüense en obtener medalla de oro en Juegos Olímpicos Centroamericanos y del Caribe (Guatemala, 1950). Sin duda, debería incluirse en la antología de crónicas boxísticas que Ritomar debe realizar. Sería un complemento magistral de su obra.

En dicha antología, cabría insertar literatura de creación: poemas y cuentos sobre el boxeo. No olvidemos que Ritomar es poeta y filólogo egresado de la UNAN-Managua, en ese sentido hay que pensar en el primer texto poemático sobre boxeo escrito por un nicaragüense. Me refiero a “Stadium”, de Pablo Antonio Cuadra, localizado en su primera obra impresa: “Poemas nicaragüenses” (Santiago de Chile, Editorial Nascimento, 1934, pp. 45-46).