Krasnodar Quintana
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Aldous Huxley (novela “A Brave New World” 1932), además de novelista era un gran pensador y autor de muy buenos análisis. Por importar mucho, al periodismo, a la palabra escrita (u oral), transcribo su escrito “La importancia del estilo” incluido en el libro de ensayos “Homenaje a Bertrand Russel”.  

Dice Huxley: Hay tres clases de censura: política, económica y estilística. La censura política es una prohibición de comunicar ideas no ortodoxas, y la ponen en vigor los policías (en nombre, es necesario decirlo, de la verdad, la justicia y la moralidad). La censura económica es una resistencia a comunicar ideas, que surgen en las mentes de los escritores, editores, directores, productores de obras dramáticas o películas, por culpa de los costos de comunicación exorbitantemente altos y siempre en aumento. La censura estilística es la incapacidad para comunicar algo adecuadamente, y se debe al mal uso que hace el comunicante de su lengua nativa.

 Contra la censura económica no hay mucho que pueda hacer un sólo individuo. Que ningún periódico serio pueda ahora imprimirse y circular sin la asistencia de un “ángel”, que un editor no pueda salir adelante ni con una venta de seis o siete mil ejemplares, que para poner una obra en escena se necesita actualmente una inversión masiva de capital, son hechos éstos que el filósofo sólo puede deplorar, no esperar que pueda cambiarlos.

Pero, respecto a la censura política y estilística, el caso es diferente. Si ha tenido la suerte de haber nacido en una sociedad democrática, es libre de discutir las posibilidades de una mayor libertad todavía. Y, hasta bajo una dictadura totalitaria, conserva una cierta medida de libertad estilística y puede decir lo que se permita decir con precisión y claridad.

Hasta aquí el escrito de Huxley, pero se puede ampliar un poco más su reflexión llevándolo al plano de los niveles de la comunicación porque ambos se complementan, v.gr.

Niveles de la comunicación 

Existen muchas opiniones respecto a los niveles de comunicación entre los seres humanos pero básicamente todos parten de estos tres conceptos elementales:

 1) Una cosa es lo que uno piensa, 
 2) otra cosa es lo que uno dice 
 3) y otra cosa es lo que entiende el otro. 

 A todo este entrevero, hay que sumarle las limitantes del desconocimiento del propio idioma lo cual confunde aún más estos niveles de la comunicación. Huxley nos insta a que por lo menos sepamos expresar nuestros pensamientos con la coherencia suficiente para explicarnos, porque no hay cosa más triste que tener tanto que decir y no poder decirlo sólo porque no se sabe cómo. Pero la vida es tan compleja que para completar la reflexión de Huxley, hay que decir que girando a ciento ochenta grados, existen también aquellos con una gran facilidad para explicarse con grandes recursos de comunicación pero por desgracia sin nada importante que decir y esto, por supuesto, es la suma de todas las paradojas. Los charlatanes y muchos políticos, o casi todos, pertenecen a esta subdivisión de la especie. Los que se sientan aludidos, mis disculpas, los que no, mis respetos.

De todo esto se desprende que: hay que leer, leer, leer. Sólo leyendo se aprende a pensar, sólo leyendo se aprende a escribir, sólo leyendo se aprende a vivir.