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Estimado lector, normalmente usted se ha preguntado qué ocurre cuando la economía crece a una determinada tasa y la respuesta normalmete es que, como consecuencia de dicho crecimiento, el empleo crece, los depósitos en el sistema financiero y el crédito crecen y los ingresos fiscales crecen, lo cual permite que los gastos públicos del Gobierno, tanto corrientes como de capital, también puedan crecer.

Pero, ¿qué ocurre cuando, repentinamente, la actividad económica se contrae?

Como siempre, antes de ofrecer una “receta”, se debe diagnosticar la causa del problema. ¿El problema es estructural y de mediano plazo o es coyuntural? Identificada la naturaleza del problema, debemos empezar a trabajar en su solución, que es lo fundamental; y, paralelamente, abordar las consecuencias económicas y financieras derivadas del mismo. 

Ahora, supongamos que estamos en “Yale”, en una de las clases de “moneda y banca” del famoso profesor Jim Tobin y estamos analizando algunos escenarios.

En el primer escenario, el Gobierno no toma decisión alguna y mantinene su nivel de gasto público inalterado. En este caso y debido a la reduccción que se producirá en los niveles de recaudación, ya que la base tributaria se reducirá, el déficit fiscal crecerá. Como resultado, el Gobierno podría recurrir al endeudamiento externo o a colocar títulos financieros en el mercado local, a tasas sumamente atractivas, pero que restringirían y encarecerían el crédito al sector privado.  

Pero también podría recurrir a los depósitos que mantiene en el Banco Central, lo cual no tendría impacto en el crédito al sector privado, pero reduciría el nivel de reservas internacionales, poniendo en peligro la estabilidad monetaria del país, a menos que el Banco Central pueda, a nivel del mercado local o internacional, colocar títulos que le permitan compensar la reducción de los depósitos del Gobierno; sin embargo, en el primer caso, tambien reduciría y encarecería el crédito al sector privado, “estrujándolo”, lo cual podría agr
avar la contracción económica.

En el segundo escenario, el Gobierno, dada la reduccion en los niveles de recaudación fiscal, procede a reducir los niveles del gasto público para evitar el crecimiento en el déficit fiscal y no tener que endeudarse, ni local ni internacionalmete, ni utilizar sus depósitos en el Banco Central, ni poner en peligro la estabilidad financiera.

 En estos casos, conceptualmente, si el problema fuera de largo plazo, lo recomendable sería reducir el gasto corriente, aunque en todo caso, políticamente muchas veces lo más viable es reducir los nuevos proyectos de inversión pública, ya que con ello no se está perjudicando directamente a persona alguna que se esté ya beneficiando con el gasto público.

En el tercer escenario, el Gobierno, en lugar de reducir el gasto público, podría recurrir a poner en práctica una reforma tributaria, con la intención de compensar la caída en los impuestos causada por la contracción económica.  

Sin embargo, en este caso, lo más probable es que la reforma tributaria provoque una mayor contracción económica y no solo no genere los recursos esperados, sino que provoque una mayor caída en los niveles globales de recaudación y un mayor desempleo.  

Esto es  especialmente cierto cuando la carga tributria ya es bastante elevada o cuando se eliminan benificios tributarios que fueron establecidos para compensar ineficiencias en ciertos costos locales de producción, que no están bajo el control del sector productivo.

Naturalmente, solo en las aulas de las escuelas de economía estos escenarios se presentan tan claramente definidos y, además, si nos equivocamos al resolver el “caso”, solo borramos la pizarra y volvemos a empezar, con el único costo de obtener una baja calificación “en participación”, por parte del profesor Tobin.  

Desafortunadamente, en la vida real la situación no es tan simple y por ello, al final, las respuestas prácticas que dan los gobiernos tienden a ser una mezcla de todas las posibilidades que hemos analizado desde el punto de vista académico.  Pero en este caso, a diferencia del mundo académico, a diferencia de la “torre de marfil”, si nos equivocamos en la vida real, el costo en términos de producción y empleo puede ser muy grande. Por ello es fundamental identificar la verdadera causa del problema y solucionarlo lo antes posible. 

nramirezs50@homail.com

* Doctor en derecho y economía.