Orlando López-Selva
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300 periódicos de Estados Unidos decidieron pronunciarse contra los ataques y calumnias del presidente Donald Trump.

Fue un acto de repudio. Fue la voz de toda una nación. Los grandes medios norteamericanos están protestando; están haciendo valer su derecho a opinar, informar, formar e incidir en las conciencias libres de todos los ciudadanos. 

Mi punto: aunque el presidente Trump diga, injustificadamente, que la prensa inventa o falsea noticias, la voz de los que informan debe prevalecer. Solo los dictadores se sienten intimidados por la prensa libre; por ello la persiguen y reprimen.

No puede haber democracia si no hay verdad. Cualquier acción en ese sentido es inaceptable. Y en este río de aguas revueltas, el vicepresidente Pence está entrenándose. Los republicanos lo pueden preparar para catapultarlo y asumir el rol mayor. 

¿Y qué más podemos esperar de un presidente siempre  enfrentando a críticas y acusaciones?

John Kennedy también se enfrentó a los medios. Pero su reacción fue diferente. Dijo —“Nunca es placentero leer cosas que frecuentemente no son noticias agradables. Pero, diría que es un brazo invaluable de la Presidencia, como freno real de lo que está ocurriendo en la administración”—. 

Así, los que se oponen a estas libertades, no pueden ser sino enemigos de la libertad. ¿O muestran debilidad y rabia cuando son cuestionados y denunciados por sus actos inmorales, atroces o injustificados?

Hay aspectos encontrados en todo esto. Lo bueno es que, aunque, el líder del Ejecutivo esté desviado o vaya contra los valores e intereses de una nación pionera de la democracia occidental, el sistema sigue funcionando. Y funciona bien. El resto de la maquinaria se ajusta e impulsa los valores que sustentan a la gran nación norteamericana. Por otro lado, el hecho de que el jefe del Ejecutivo esté pasando su vida en la Casa Blanca entre escándalos, enfrentamientos públicos y acusaciones revela una anomalía profunda. 

Dirigir la Casa Blanca implica muchas responsabilidades. No es un trabajo circense o una plataforma de lanzamientos de diatribas y pugilatos verbales. El liderazgo estadounidense ya está perdiendo respeto y no habría que extrañarse viendo la facilidad con que China, Rusia, la Unión Europea escalan y van desplazando a Washington en acciones y espacios, donde otro presidente habría hecho las cosas con seriedad y sensatez.

¿De todo esto se lucra el vicepresidente Mike Pence?

Sin dudas, Pence no ha asumido su papel endilgando culpas ni achacándole maledicencias a nadie. Él ha asumido un liderazgo respetable. Es evidente, que si los republicanos pierden asientos significativos en la elección de medio término de legisladores, que se avecina, ello llevará al liderazgo del Grand Old Party a asumir una postura de rectificaciones y ajustes.     

Ante todas estas evidencias de yerros en la elección  presidencial de los estadounidenses, la prensa va a cobrar  factura. Y será factura de alta morosidad. No solo es cuestión de señalar que el país no marcha como debería. Sino que también, se le está haciendo fuerte daño a la imagen del sistema, hoy enfrentado contra un rival amenazador e impetuoso: China continental. Y al ver que el modelo de sociedad global pregonado, de libertades irrestrictas, el Ejecutivo se está viendo como adversario de esos valores.

El presidente Trump está llenándose de enemigos. Los periodistas no tendrán armas que maten. Pero su capacidad de influencia e incidencia masiva en la conciencia de ciudadana es letal. 

Los estadounidenses son las personas de Occidente que más leen revistas y periódicos, junto con los alemanes, franceses y británicos. Siempre están informándose; siempre están queriendo pulir sus ideas con opiniones y saberes diversos. 

El papel del Ejecutivo nunca estuvo tan enredado en enfrentamientos públicos ni siquiera con Nixon. 

Hay un viejo adagio que dice que “uno escoge a sus enemigos”. Y es evidente que el presidente Trump ha escogido mal. Los periodistas no son enemigos pequeños ni silenciosos. Y si se les quiere acallar se les torna más buscados, seguidos y admirados por los ciudadanos que desean saber más lo que ocurre.

La voz de la prensa independiente cuando se quiere acallar se vuelve altisonante e impactante. Tiene un efecto reverso. Por otro lado, lo que lo intentan, demuestran no tener valores, sino muchas debilidades y miedos profundos.

¿Sucede eso con Donald Trump?

La prensa estadounidense es la más fuerte del mundo. Y lo es, porque cada ciudadano norteamericano tiene conciencia y  valores que implican que, la libertad de informarse, nunca debe, siquiera, ser cuestionada. Es un derecho sin el que no se debe vivir.