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NUEVA DELHI
Una epidemia de suicidios de agricultores se ha propagado por cuatro estados de la India -Maharashtra, Andhra Pradesh, Karnataka y Punjab- a lo largo de la última década. De acuerdo con los datos oficiales, más de 160,000 agricultores se han suicidado en la India desde 1997.

Estos suicidios son más frecuentes donde los agricultores siembran algodón, y parecen directamente relacionados con la presencia de monopolios de semillas. Porque la oferta de semillas de algodón en la India ha pasado cada vez más de manos de los agricultores a manos de productores globales de semillas como Monsanto. Estas corporaciones gigantes han comenzado a controlar a las compañías de semillas locales a través de adquisiciones, sociedades conjuntas y acuerdos de licencias, lo que conduce a monopolios de semillas.

Cuando sucede esto, la semilla se transforma y pasa de ser un bien común para convertirse en la “propiedad intelectual” de empresas como Monsanto, para las cuales la corporación puede reclamar ganancias ilimitadas a través de pagos de regalías. Para los agricultores, esto significa más deuda.

La semilla también se transforma de esta manera y pasa de ser un recurso regenerativo renovable a convertirse en un recurso no-renovable y una materia prima. La escasez de semillas es causada directamente por los monopolios de semillas, que tienen como arma suprema una semilla “exterminadora” diseñada para la esterilidad. Esto significa que los agricultores no pueden renovar su propio aprovisionamiento sino que deben volver a recurrir al monopolista en busca de nuevas semillas, cada temporada de siembra. Para los agricultores, esto implica mayores costos; para las corporaciones de semillas, mayores ganancias.

La creación de monopolios de semillas se basa en la desregulación de las corporaciones de semillas, incluido el hecho de otorgarles responsabilidad sobre la bioseguridad. Con la llegada de la globalización, se les permitió a las compañías de semillas vender semillas, cuya seguridad había sido certificada por las empresas. En el caso de las semillas diseñadas genéticamente, estas compañías una vez más buscan la autorregulación para la bioseguridad.

La regulación estatal sí continúa existiendo en lo que concierne a las semillas, pero hoy en día está dirigida a los agricultores, a quienes se empuja hacia una dependencia de semillas patentadas y corporativas. Estas licencias compulsivas son una causa importante de la destrucción global de la biodiversidad. La creación de monopolios de semillas, y con ellos de deudas apremiantes con una nueva especie de prestamista -los agentes de las empresas de semillas y productos químicos- se ha cobrado una cantidad elevada de vidas humanas.

Los suicidios de agricultores comenzaron en el distrito de Warangal en Andhra Pradesh. Los campesinos de Warangal estaban acostumbrados a sembrar mijo, legumbres y semillas oleaginosas. De la noche a la mañana, Warangal se convirtió en un distrito dedicado a la siembra de algodón en base a híbridos no renovables que requieren irrigación y son propensos a los ataques de pestes. Los pequeños campesinos sin capital quedaron atrapados en un círculo vicioso de deuda. Algunos sólo encontraron una salida.

Este fue un período en el que Monsanto y su socio indio, Mahyco, también estaba llevando a cabo experimentos de campo ilegales con algodón Bt diseñado genéticamente. Todas las importaciones y pruebas de campo de organismos diseñados genéticamente en la India están regidas por una cláusula de la Ley de Protección Ambiental llamada “Reglas para el Uso, Importación, Exportación y Almacenamiento de Microorganismos Peligrosos, Organismos Diseñados Genéticamente o Células”. En la Fundación de Investigación para Ciencia, Tecnología y Ecología utilizamos la ley para frenar la comercialización de parte de Monsanto de algodón Bt en 1999, razón por la cual no se aprobaron las ventas comerciales hasta 2002.

Los crecientes costos de producción y los menguantes precios de sus productos son una recepta para el endeudamiento, y la deuda es la principal causa de los suicidios de los agricultores. Es por este motivo que los suicidios prevalecen más en el cinturón algodonero en el que la presión de las industrias de semillas rápidamente se está convirtiendo en una soga al cuello.

Al principio, la tecnología para diseñar genes Bt en el algodón, apuntaba principalmente al control de las pestes. Sin embargo, aparecieron nuevas pestes en el algodón Bt, lo que llevó a un mayor uso de pesticidas. En la región Vidharbha de Maharashtra, que registra el mayor número de suicidios, la zona con algodón Bt aumentó de 0.2 millón de hectáreas en 2004 a 2.88 millones de hectáreas en 2007. El costo de los pesticidas para los agricultores ha aumentado 13 veces en el mismo período.

Una tecnología de control de pestes que no logra controlarlas, podría ser buena para las corporaciones de semillas que también son corporaciones agroquímicas. Para los agricultores, se traduce en suicidio.

Las tecnologías son herramientas. Cuando la herramienta falla, hay que reemplazarla. La tecnología de algodón Bt no logró controlar las pestes ni asegurar la vida y el sustento de los agricultores. Es hora de reemplazar la tecnología de modificación genética por la agricultura ecológica. Es hora de poner fin a las matanzas.

Vandana Shiva es una feminista y activista ambiental de la India. Es fundadora/directora de la Fundación Navdanya de Investigación para Ciencia, Tecnología y Ecología.

Copyright: Project Syndicate, 2009.

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