María Teresa Silva-Porto
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A los 16 años, Hannes tomó una de las decisiones más trascendentales de su vida: dejar la escuela para inscribirse en un programa de aprendices. La teoría no era para él. Quería hacer algo más práctico: aprender haciendo.

En la fábrica de lácteos de su pequeña ciudad Gmunden, en Austria, encontró una oportunidad de formación dual y comenzó a formarse como técnico en lácteos. Hoy, 33 años después, Hannes es el jefe del laboratorio de la fábrica, dirige a un equipo de ocho personas y entrena a nuevos aprendices.

Como Hannes, la empresa también creció: triplicó su número de trabajadores (de 100 a 340 entre 1985 y 2018), cuadruplicó los litros de leche que procesa al día (de 250,000 a un millón) y ahora exporta sus productos a 35 países en tres continentes.

De acuerdo con la publicación Aprendices para el siglo XXI: ¿Un modelo para América Latina y el Caribe?, Austria tiene uno de los sistemas de aprendices más consolidados y exitosos del mundo (lo cual se refleja en que tiene una de las menores tasas de desempleo general y juvenil de los países de la OCDE). Así como Hannes, muchos jóvenes austríacos ven en la formación dual una alternativa a la educación universitaria (cerca del 80% de los alumnos de 15 años deciden optar por educación técnica y profesional y alrededor del 40% de estos jóvenes son aprendices).

De hecho, tanto su hija como su sobrina decidieron seguir este camino: Lara, de 16 años, es aprendiz para ser cultora de belleza; y Celina, de 17 años, es aprendiz para ser técnica en lácteos. Tras conversar con ellas, pude identificar algunos de los elementos que hacen del sistema austríaco un buen programa de aprendices.

En primer lugar, el sistema de aprendices de Austria combina la enseñanza práctica en el lugar de trabajo con esquemas de enseñanza teórica en el aula que varían de oficio en oficio. Por ejemplo, Celina trabaja jornadas regulares en el laboratorio de lácteos y una vez al año va a un internado por 10 semanas consecutivas en las que se concentra toda la enseñanza teórica.

En cambio, Lara tiene que ir a la escuela 10 horas a la semana y trabajar en el salón de belleza 4 días a la semana. El contenido de los programas de aprendices está adaptándose continuamente a los desarrollos económicos y tecnológicos cambiantes.

En segundo lugar, a los aprendices se les paga por su trabajo y la remuneración crece conforme a su experiencia, desempeño y habilidades. Mientras que en su primer año de aprendiz Celina ganaba 600 euros al mes, ahora en su segundo año le pagan 800 euros mensuales (pues ya tiene más experiencia). Cuando se gradúe del programa, espera ganar 1,100 euros (pero esto dependerá de su desempeño).

Al igual que los esquemas de enseñanza teórica, los pagos también varían de acuerdo con el oficio: como aprendiz para ser cultura de belleza, Lara gana 470 euros mensuales en su primer año. Lo que tienen en común las distintas profesiones es que a todos los aprendices se les brinda seguridad social. Desde su inicio en el programa de aprendices, tanto a Celina como a Lara las inscribieron en la seguridad social, lo cual les da cobertura de salud, pensiones y seguro de desempleo.

Por último, existe un esquema de corresponsabilidad entre los actores públicos y privados para el diseño, implementación y financiamiento de los programas de aprendices. El empleador asume los costos de capacitación en el trabajo, lo cual incluye el salario del aprendiz, materiales, mentores, equipos e instalaciones para la capacitación. Por su parte, los costos de la capacitación fuera del lugar de trabajo los cubre por el gobierno, así como la administración, promoción y evaluación del programa.

Hoy en día son muchos los países de América Latina y el Caribe que están interesados en desarrollar programas de aprendices, entre ellos México, Bahamas o Jamaica. No solo ayudan a reducir los niveles de desempleo juvenil, sino que además facilitan la transición de los jóvenes de la escuela al trabajo y permiten reducir la brecha entre la demanda del sector productivo y la oferta de formación y capacitación profesional.

Los sistemas de aprendices con larga tradición, como el de Austria y otros países como Alemania, Australia, Canadá y el Reino Unido, pueden servir como referencias internacionales para diseñar los programas de nuestra región.

*Consultora de la División de Mercados Laborales, donde coordina el Laboratorio de Ahorro para el Retiro.

Este artículo fue publicado por primera vez en el blog Factor Trabajo del BID.