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Recientemente, durante el CADE digital en Lima el expresidente de Estonia recalcó que detrás del salto cuántico que dio su país durante los últimos 20 años para convertirse en un líder mundial en gobierno electrónico, fue el contar con una identidad digital. Más aún, en una entrevista expresó que la identidad digital debería ser el primer paso para un proceso de creación de servicios digitales.

En la era digital, los DNIs de papel cada vez nos sirven para menos. Una identidad digital permite mostrar a alguien al otro lado de una red electrónica que somos quién decimos ser. 

Empresas como Google o Facebook ofrecen desde hace un tiempo servicios de “autenticación” para validar la identificación de individuos. Así, dependiendo de la complejidad del sistema, se puede validar la identidad a través de un password, un código aleatorio generado por un “token”, huellas digitales, reconocimiento facial, reconocimiento de voz, etc.

Todos se benefician de un sistema de identidad digital: los gobiernos, pueden gestionar mejor los recursos y la prestación de servicios; los ciudadanos pueden realizar transacciones más seguras desde cualquier computadora; y las empresas pueden ofrecer servicios más sofisticados basados en la nueva economía digital.

 ¿Cómo avanzar con la implementación de la identidad digital?

1. Fortalecer procesos de autenticación para evitar suplantaciones de identidad. La identificación, es decir, el nombre que figura en un pasaporte o documento de identidad debe estar acompañada de un mecanismo de autenticación (es decir, una manera de comprobar que la persona que sostiene un pasaporte es la persona que figura en el pasaporte, y no un suplantador). En el mundo digital, una vez manifestada la identidad a través de un nombre, un nombre de usuario, o un correo electrónico, se debe autenticar la misma. Surgen así los famosos factores de autenticación (algo que sé, algo que tengo, algo que soy) que ayudan a verificar que al otro lado de la máquina hay una persona y que esa persona es quien dice ser. No hay que descuidar ninguna de estas dos partes del proceso de identificación.

2. La sala de máquinas: Se necesita de un buen registro civil. Cualquier documento de identificación, sea físico o digital, se puede rastrear hasta una partida de nacimiento. Un registro civil fuerte y seguro es la piedra angular de un buen sistema de identidad. Si los registros son débiles, pueden darse casos extremos como que algunos ciudadanos queden excluidos de programas sociales o que existan personas con múltiples (y fraudulentas) identidades. En América Latina, de hecho, se estima alrededor de 3 millones de niños menores de 5 años sin partida de nacimiento. Ellos, de no revertir esta situación, no podrán conseguir ningún documento de identidad o abrir una cuenta bancaria o terminar sus estudios, permaneciendo al margen de la economía formal.

3. Marco legal e institucional de la ciberseguridad. La ciberseguridad es, posiblemente, el aspecto más sensible de cualquier sistema de identidad digital. Los marcos legales y regulatorios tienen que cuidar de la información personal y a la vez permitir un intercambio eficiente y seguro de la misma. Para limitar el uso inapropiado de datos privados y sensibles, muchos gobiernos han implementado marcos legales y regulatorios que limitan el número de funcionarios públicos y organizaciones que tienen acceso a la información. Por otro lado, algunos esquemas de identidad digital requieren que varias entidades “compartan” información para evitar alteraciones maliciosas. En algunos países se informa al usuario que su información va a ser compartida, pero incluso en estos casos la implementación de estas políticas puede ser muy problemática sin una buena estrategia de información y comunicación a la ciudadanía.

4. Estados digitales y eficientes: La identidad digital es necesaria pero no suficiente. De poco o nada sirve tener un sistema sofisticado de identidad si este no puede interactuar con el resto del gobierno y/o el sector privado. Los beneficios de un buen sistema de identificación van desde la asignación más eficiente de transferencias del sector público hasta la disminución de casos de robo de identidad en el sector financiero. Sin embargo, estos beneficios deben ir acompañados de reformas sectoriales que podrían, entre otros, incluir la digitalización del proceso de selección y asignación de subsidios, así como la implementación de sistemas de alerta temprana para usuarios del sector financiero, respectivamente.

5. Diseño de servicios basado en el usuario. Es importante que un sistema de identidad digital ofrezca una experiencia simple, rápida y efectiva al ciudadano. La confianza en la tecnología, que viene dada por una experiencia sencilla por parte del ciudadano sin sacrificar seguridad, es clave en la masificación del uso de la identidad digital. Si para tener que hacer un trámite digital tenemos que descargar e instalar programas en nuestras computadoras y conectar lectores de tarjetas y/o huellas, probablemente una buena porción de la ciudadanía se sentirá confundido y desistirá. En la actualidad, solo un 8% de los ciudadanos de América Latina usan los servicios de trámites digitales. Detrás de esto se esconden dos realidades: la falta de acceso a Internet fiable y la falta de confianza en la transacción que exige identidad digital.

La identidad digital es una pieza fundamental para aprovechar al máximo la economía digital. Incluso en países que han desarrollado esquemas desde el sector privado, el Gobierno debe proveer elementos básicos que incluyen un buen sistema “base” de registro civil y regulación adecuada. También se requiere de un enfoque integral para sacar el máximo provecho a los servicios de gobierno digital, pero sin olvidar que no todos los ciudadanos son nativos digitales. Incluso en países como Estonia, con una penetración casi total de banda ancha y donde casi todos los trámites se pueden hacer por Internet, se mantienen procesos presenciales “análogos” para atender a un segmento de la población que por ahora sigue prefiriendo hacer transacciones en persona. La identidad digital definitivamente ha llegado para quedarse, pero su implementación debe ser progresiva y evitar convertirse en “excluyente por diseño”.

Este artículo fue publicado en el Blog del BID, en la sección Mejorando Vidas.