Jasbleidy Orjuela y Leslie Harper
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Primera de dos partes

¿Sabías que, de acuerdo con un estudio del 2016 del Ministerio de Economía de Chile, el producto interno bruto (PIB) de ese país podría aumentar un 0.65% en promedio si se incorporaran 100 mil mujeres al mercado laboral?

¿O que, según estudios realizados por diferentes organismos internacionales, las compras públicas, por su importante volumen de transacciones y montos de 15 billones de dólares,  constituyen una oportunidad de crecimiento para las empresas propiedad de mujeres?

Como ves, el aumento de la participación de la mujer en el mercado puede representar importantes beneficios para los países, no solo en la reducción de brechas de género, sino en materia de crecimiento económico. Para dar algunos ejemplos:

Más mujeres empoderadas económicamente puede impulsar el crecimiento y reducir la desigualdad. Si los países de América Latina aumentaran la participación laboral de las mujeres hasta el promedio de los países nórdicos (estimada en un 61%), el PIB per cápita podría incrementarse hasta en un 10%.

Más mujeres percibiendo ingresos genera un impacto positivo en los índices de pobreza. Las mujeres tienden a reinvertir un importante porcentaje de su ingreso en educación y salud.

Más mujeres propietarias de empresas productivas contribuye a mejorar los indicadores de empleo femenino. Las mujeres tienden a generar más oportunidades para sus pares que aquellas que generan las empresas de propiedad de hombres.

El empoderamiento económico de la mujer y la contratación pública

Muchos han sido los avances logrados a lo largo de los años en materia de promoción del comercio inclusivo y en la reducción de las brechas que permiten a las mujeres acceder a oportunidades económicas. Sin embargo, la contratación pública como herramienta de empoderamiento femenino es relativamente reciente.

La contratación pública es un mecanismo de intervención por excelencia y una oportunidad de crecimiento y acceso a oportunidades de negocio que tiene la vocación de potencializar la transformación socioeconómica de la mujer. Recordemos que más del 30% del PIB de los países en desarrollo son destinados a compras públicas.

El caso de Juanita Herrera, en Chile

Juanita Herrera es profesora de Educación Básica en Chile y trabajó durante 10 años haciendo reemplazos en colegios de zonas deprimidas de Santiago y poblaciones vecinas. Los quehaceres del hogar, las obligaciones con su hijo y su deseo de pasar el mayor tiempo con él, le impedían realizar otro tipo de actividades. Esto también implicaba que sus expectativas de ingreso se vieran muy reducidas.

Juanita deseaba ser independiente, mejorar sus ingresos y sentirse plena apoyando a otras personas como ella. En el 2014 y gracias a la publicidad y difusión en medios de comunicación, ingresó al Programa de Mentorías, desarrollado por ChileCompra. Utilizando los conocimientos adquiridos, se capacitó, se organizó como empresa y se inscribió en el registro de proveedores. Gracias al convenio marco se convirtió en una proveedora regular del Estado en el segmento de mercadeo y material publicitario y logró que su ingreso mejorara sustancialmente. Hoy está iniciando su segundo emprendimiento con el que espera continuar creciendo y generar oportunidades para otras mujeres.

Otro caso es el de éxito de Claudia Gacitúa, gerente general de AGM & Dimad, una empresa chilena dedicada a la fabricación e importación de mobiliario de oficina. Gacitúa, beneficiaria de ChileCompra, afirma que hoy “el 90% de nuestras ventas van a mercado público”.