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Una de las debilidades más sensibles en la historia de la radiodifusión nicaragüense ha sido la falta de guionistas. En sus inicios esta carencia era más aguda. La dependencia de los libretos extranjeros era casi absoluta. Incluso los cuadros dramáticos estuvieron fuertemente influenciados y nutridos por actores y actrices españoles, mexicanos y cubanos. La Voz de la América Central y Radio Mundial recibieron la bocanada de agua fresca que significó para el surgimiento y desarrollo de las radionovelas, el magisterio de Mamerto Martínez, Manolo Villamil, Yolanda Fabián, César Sobrevals y Enrique del Río, para citar a los más perdurables. Su magisterio contribuyó al desarrollo de la radiodifusión nacional. Fabio Gadea Mantilla recibió su influencia como actor y para el dar el salto como guionista. Su creación más perdurable, Pancho Madrigal se debió al resultado de esta doble confluencia.

El aliciente de Adolfo Guerrero, propietario de las Galletas Cristal, garantizándole patrocinio, hizo recapacitar a Fabio Gadea Mantilla. Las puertas de la fama y la fortuna quedaron abiertas para siempre. Con pasión encendida se entregó por entero a dibujar los perfiles de un personaje que con el paso del tiempo y gracias a su perseverancia, hoy forma parte de la cultura nacional. Fabio Gadea y Rodolfo Tapia Molina son padres y maestros mágicos de los dos programas de más largo aliento en Nicaragua. Gadea Mantilla con la creación de Pancho Madrigal (1959) y Tapia Molina con la fundación de Radio Informaciones (1957). Cuando Fabio se lanzó a su aventura sabía que la magia de la radio seduce a las audiencias. Desde que se convirtió en un vicioso de los melodramas, el ocotaleano constató que las descripciones pormenorizadas y sus efectos musicales provocan sorpresa y generan expectativas. El suspenso es el denominador común de todo serial melodramático. Cada programa de Pancho Madrigal es una narración redonda, con principio, desarrollo y fin, no por eso escapa a las reglas del género.

Los grandes escritores del folletín, Alejandro Dumas, Guy De Maupassant y Eugenio Sue, se propusieron llevar al clímax a sus lectores para luego derrumbarles al cortar a tajos el relato. La producción radial melodramática adoptaría el mismo estilo narrativo. En principio los guionistas se dedicaron a trabajar sobre los grandes textos emblemáticos del folletín y otras novelas famosas. Con posterioridad comenzaron a producir novelas para la radio. Cuba, México y Argentina fueron pioneros. La CMQ cubana alcanzó el estrellato con El Derecho de nacer, de Félix B Caignet. Con esta novela se inicia en 1948 la internacionalización del género. La novela comenzó a ser difundida en todo el ámbito latinoamericano. La Mundial se catapultó con su puesta en escena, al extremo de que fue interpretada en distintas épocas por diferentes actrices y actores. Fabio sería el primer narrador de El Derecho de nacer, trasmitido entre 1953 y 1954.

Los seriales son hijos del mercado. Los periódicos aumentaron sus ventas con la difusión del folletín y la radio imantó a los escuchas con la programación de las radionovelas. Las estructuras narrativas son de una enorme exigencia. Los guionistas tienen que elevar el diapasón para llevar a los radioescuchas al paroxismo para dar paso a los anuncios. Igual ocurre con las telenovelas. Esta modalidad discursiva se convierte en una camisa de fuerza. Las exigencias mercantiles resultan inflexibles. Los escritores no pueden abrir las puertas de su creatividad de par en par. En forma paralela las producciones de radionovelas estimularon el surgimiento de los cuadros dramáticos. Una nueva pléyade de actrices y actores comenzaron a poblar el mundo hechizante de la radio. Al desertar de sus estudios de bachillerato, Fabio encontró el camino de la radio que lo convertiría en el guionista más prolífico de Nicaragua. La radiodifusión nicaragüense ganó a uno de sus más célebres artífices.

En Nicaragua La Voz de la América Central fue origen y centro de convergencia de lo que sería después el cuadro dramático de Radio Mundial, el más sólido, versátil, grandioso y creativo del país. Fabio Gadea empezó su prestigiosa trayectoria en La Voz de la América Central y alcanzó su consagración definitiva en los entarimados del radioteatro de la Mundial. Una época en que los actores hacían de todo. Los más sobresalientes declamaban a los poetas románticos. Se desplazaban por los pueblos para coronarse como artistas relevantes. Fabio pertenece a esta cofradía. Es miembro de esta estirpe de actores. Los años cincuenta fueron los más fecundos en el ámbito de la radio. La radiodifusión exploró todas sus posibilidades. Los noticieros y las radionovelas constituían su plato más fuerte. Después todo ha sido igual.

Los guionistas brasileños aprendieron que el éxito de todo melodrama depende en buena medida de la sensibilidad y nivel de apropiación que cada actor o actriz hacen de sus personajes. Fabio lo supo desde el principio. Todos los días lo verificaba durante las grabaciones. Entre mayor maestría demostraban los actores y actrices al asumir los papeles asignados, más contundentes y efectivas resultaban las radionovelas. Rodolfo Arana Sándigo, conocido mejor como Tío Popo, fue escogido escrupulosamente por Fabio para desarrollar el relato. Arana Sándigo fue al primero en confiar el papel de narrador de Pancho Madrigal. Tenía que reproducir el dejo, los amaneramientos, quiebres, guiños y picardía con que nuestras abuelas y abuelos se sentaban a contarnos cuentos de aparecidos, ánimas en pena, espíritus burlones, timadores ocasionales y el poder de la oración para enfrentar al maligno.

El primer guión escrito por Fabio Gadea tuvo efectos convincentes. Una narración centrada en los tiempos aquellos en que en nuestros pueblos no había energía eléctrica. Pedro Valdivia quedó maravillado cuando vio por primera vez una bujía encendida en Ocotal. Aspirante a la silla edilicia de su comunidad, mandó un recado a su mujer para que invitara al cura, al jefe político, al juez de mesta, porque al día siguiente haría un acto de prestidigitación frente a sus ojos. Don Pedro compró dos metros de alambre, un soque y una bujía. El acto de magia vendría después.

Congregado todo el pueblo frente a su casa en Jalapa, Valdivia colgó el alambre, puso el soque con la bujía. Como la figura bíblica, Pedro dijo: hágase la luz y la luz no se hizo, convirtiéndose en un hazmerreír. Desde su primer relato, Fabio asume la recreación de algunos elementos de la cultura popular: el vivo que al final resulta ser un tonto, un embaucador. Esos milagros y fuegos de artificios que ofrecen los políticos en cada campaña electoral, para redimir las angustias populares, que siempre resultan un timo. ¿Acaso la política nicaragüense no está llena de embusteros?
En 1962 Pancho Madrigal tuvo una baja sensible. Arana Sándigo falleció. Compelido a buscar un sustituto con sus mismas cualidades, Fabio encontró a Otto de la Rocha. Al ponerlo a prueba notó que tenía una voz aguda. La limitación no constituyó ningún impedimento. Otto de la Rocha compensaba con creces su restricción. Salvó el trance. Disponía de una chispa y una picardía para animar el libreto, enriqueciendo cada una de las grabaciones, con pizcas de sal y pimienta. Desde la primera grabación recibió aplausos. Su versatilidad fue evidente. Otto de la Rocha formó parte de la tropa de actores que contribuyeron a la consagración de Pancho Madrigal entre millares de nicaragüenses. Fabio sabe que los triunfos obtenidos no se deben sólo a él, también obedecen a los diversos aportes provenientes de actrices y actores. El melodrama para Jesús Martín Barbero atrae a las mayorías latinoamericanas más que a los géneros de terror, como si en él encontrara resumida sus vidas.

En un breve lapso, Pancho Madrigal se metió de lleno en el alma de los nicaragüenses. En un dos por tres pasó a formar parte del imaginario popular. Seguidores y extraños, muchas veces califican sus relatos como exagerados y fantasiosos. En la cultura nacional han pasado a ser sinónimo de desmesura. Contame otra de Pancho, replican los nicaragüenses cuando no dan crédito a tus palabras. Pancho Madrigal mantiene viva la tradición oral heredada, a la vez que nutre y da continuidad a los cuentos y consejos populares. Vivifica el mundo aterrador con que la Mama Bernarda llenó la cabeza de nuestro bardo mayor, don Rubén Darío. Un Universo del cual no pudo escapar para nunca jamás, como lo cuenta el mismo Rubén en su Autobiografía.

Las similitudes entre la obra de Gabo y de Darío sirven al periodista Edwin Sánchez (La deuda pendiente con Rubén Darío (2000)), para criticar al Brujo de Aracataca por no reconocer los aportes darianos con que alimentó su creatividad desbordante. En la biografía sobre Gabo, Viaje a la semilla (1997), escrita por Dasso Saldívar, existen innumerables coincidencias entre la vida de Darío y García Márquez. Los dos se criaron fuera de casa, ambos escucharon cuentos aterradores durante su niñez; Rubén tuvo en el Coronel Félix Ramírez Madregil a su mentor y Gabo al Coronel Nicolás Márquez. En su infancia los dos recibieron la influencia jesuita. Ese mundo terrorífico de cabezas desprendidas, almas en pena y muertos que deambulan por las noches, también atrapó la imaginación del guionista Fabio Gadea Mantilla. ¡Auténtico amigó! ¡Auténtico! ¡Son cincuenta años y Pancho Madrigal continúa desplazándose muy campante por las veredas y caminos de nuestra imaginación!