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El joven Bayardo José Siles Rodríguez, dirigente estudiantil de Matagalpa, narra la experiencia que le tocó vivir en El Chipote con el canto de Olesia Muñoz, pianista y miembro del coro de la parroquia católica de Santa Ana en Niquinohomo, quien también compartía su cautiverio. Cuenta que con el canto del Ave María se generaba un gran silencio en todo aquel centro de prisión y suplicio y ella continuaba cantando, con dulce voz, canciones de la Purísima, finalizando en medio de aplausos y vivas, llenando aquellos corazones de paz y esperanza, que les permitía dormir tranquilos y olvidar el tormento cotidiano de su cautiverio. 

Su experiencia me hizo volver 45 años atrás, cuando más de 15,000 chilenos y extranjeros, jóvenes, mujeres y trabajadores fuimos internados al campo de concentración en que la dictadura de Pinochet había convertido al Estadio Nacional, a raíz del golpe contra el querido presidente, Salvador Allende.

A los días de nuestro internamiento, nos empezaron a sacar de las escotillas del estadio a las gradas a tomar sol, en las frías mañanas otoñales del país austral. Una vez, escuchamos, exactamente al otro lado de donde nos encontrábamos los compañeros de nuestra escotilla, una canción que después sería nuestra, incluso fuera del estadio, era la canción “Libre” de Nino Bravo, que en uno de sus estribillos dice: “Tiene casi veinte años y ya está cansado de soñar/ pero tras la frontera está su hogar, su mundo y su ciudad/ piensa que la alambrada solo es un trozo de metal /algo que nunca puede detener sus ansias de volar/ ¡Libre! Como el sol cuando amanece, yo soy libre como el mar…”

La verdad es que todos sentimos aquella experiencia, cómo nos unía aquel canto y cómo expresaba una condición, aún en aquel cautiverio, de tal manera que cuando avanzaba la canción, también se multiplicaban las voces que la entonaban, hasta llegar a un nivel de masividad que estremecía el estadio, provocando que los soldados, apostados en las partes más altas se precipitaran a las graderías, apuntando sus fusiles a nosotros, en un gesto sin sentido, pero presos de terror. Cuando regresábamos a las escotillas (donde se visten los atletas), en los anchos pasillos del estadio, escuchábamos el murmullo de aquel canto entre nosotros y cruces de miradas y sonrisas de victoria.

En los días sucesivos, otros grupos entonarían sus propias canciones, seguidos por miles de detenidos; sin embargo, una de ellas fue cantada con  todas las fuerzas  y convicción, era la canción “Candombe para el negro José” que en una de sus partes dice: “…No tienes ninguna pena al parecer/ Pero las penas te sobran negro José / Que tú en el baile las dejas yo sé muy bien /Amigo negro José / Perdóname si te digo negro José / Eres diablo pero amigo negro José / Tu futuro va conmigo negro José /  Ya vendrán tiempos mejores negro José / Yo te digo porque sé…” 

Dicen que la dictadura de Pinochet quiso apropiarse del canto de Nino Bravo, pero la población se la volvió a arrebatar, como símbolo de la búsqueda de su libertad.

Por ello entiendo lo que cuenta el joven Bayardo José Siles Rodríguez y el efecto que causa el canto de Olesia Muñoz en el alma de los presos políticos. A ella la pasaron de El Chipote a la cárcel de mujeres, estamos seguros que también allá llevará su canto a las demás prisioneras como a Irlanda, Adilia, Elsa…doña Olesia ya no canta en el coro de su iglesia, su audiencia ya no será la feligresía que llegaba a adorar al Señor, el canto de la alondra se hará escuchar en la cárcel La Esperanza, ahora serán grupos de cautivas que, aunque están confinadas en las peores condiciones, viven una forma de libertad, la de su espíritu y acompañan a nuestro pueblo en este arduo caminar. 
 
* Director del Instituto 
Martin Luther King Jr., Upoli.