•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • Edición Impresa

La historia de Checoslovaquia inicia con el colapso del imperio austrohúngaro tras el fin de la Primera Guerra Mundial que llevó a la creación del país independiente de Checoslovaquia.

Los checos y los eslovacos no estaban al mismo nivel de desarrollo económico y tecnológico, pero la libertad y la oportunidad encontrada en una Checoslovaquia independiente les permitieron avanzar hacia la superación de tales desigualdades; empero, la brecha cultural nunca fue plenamente superada y la discrepancia desempeñó un papel continuo a lo largo de los setenta y cinco años de la unión.

Así pues, la creación de Checoslovaquia el 28 de octubre de 1918 fue el clímax de la larga lucha de los checos contras sus gobernantes austríacos y la de los eslovacos contra la hungarización y sus gobernantes húngaros.

La República Checa y Eslovaquia, los dos países en los que se dividió Checoslovaquia en 1989 tras la llamada Revolución de Terciopelo, son ahora miembros de la Unión Europea y de la OTAN. Han conmemorado el 50° aniversario de la invasión con un tema principal en la agenda: hasta dónde llega la influencia rusa.

Desde su elección como secretario general del Partido Comunista de Checoslovaquia, en enero de 1968, Alexander Dubcek puso en marcha una serie de reformas democráticas, lo que llamo “el socialismo con rostro humano”, que no representaba una completa destrucción del viejo régimen, como sucedió en la revolución húngara de 1956. De todas formas, esto fue visto por los líderes soviéticos como una amenaza a su hegemonía sobre los otros estados del Bloque del Este bajo el gobierno de partidos comunistas.

Sin cuestionar la pertenencia al Pacto de Varsovia -la organización militar de los países socialistas, opuesta a la OTAN- y sin defender una economía capitalista, Dubcek introdujo mayor libertad de expresión, aumentando la participación de los ciudadanos en la vida política. Sobre todo, cambió el clima social del país.

Atónitos, los checos asistían a la apertura liberal y se preguntaban hasta dónde iba a permitir el líder soviético Leónidas Brézhnev que se desmandasen. En 1953, durante la Guerra Fría, Moscú ya había demostrado en la República Alemana (RDA) y, sobre todo, en 1956 en Hungría, que no toleraría apertura alguna en los países que se encontraban entonces en su área de influencia. Aunque la mayoría de los efectivos eran soviéticos, también se sumaron otros cuatro países del Pacto de Varsovia: Hungría, Polonia y Bulgaria, más algunas fuerzas especiales de la RDA.

En cuestión de días, el pacto había desplegado 600,000 soldados y en los siguientes meses la aguas volvieron al cauce socialista con una oleada de represión que el régimen llamó “proceso de normalización”. Trescientos mil checos huyeron a Occidente y un número imposible de calcular fueron detenidos o sustraídos de la vida pública.

No obstante, la resistencia se prolongó: el 16 de enero de 1969, el estudiante checo Jan Palach se inmoló prendiéndose fuego en Praga como forma de protesta política contra la ocupación. Oficialmente, 150 personas murieron durante la intervención, un número muy inferior a las miles de víctimas que provocó la invasión soviética de Hungría en 1956.

Hoy, la aproximación rusa es muy diferente. En vez de tanques, Vladimir Putin financia a los partidos populistas con un discurso antioccidental.

Tanto en los países invadidos como en los países invasores, la influencia rusa es hoy un tema central, con la sensación de que Moscú no ha renunciado totalmente a su área de influencia durante la Guerra Fría. El presidente checo Milos Zeman es probablemente el más importante aliado de Rusia en toda Europa Central. 

Aunque el gran impulsor de la Primavera de Praga fue Alexander Dubcek (1921-1992), los intelectuales tuvieron un papel crucial en el clima de revuelta que permitió al político comunista lanzar sus reformas.

En 1967, los miembros de la Unión de Escritores protestaron contra la censura y ese mismo año el entonces joven escritor checo Milan Kundera, publicó su primera novela: “La Broma”, obra que contenía críticas políticas nada veladas (aunque su autor siempre la ha considerado una historia de amor). Kundera publicaría en 1984 la gran obra de aquellos meses: “La insoportable levedad del ser.” 

Checoslovaquia, el país invadido por los tanques del Pacto de Varsovia hace ahora 50 años para acabar con la Primavera de Praga, ni si quiera existe. De hecho, tampoco existen ni el Pacto de Varsovia ni la Unión Soviética, el Estado que dirigió la intervención militar.

*Diplomático, jurista y politólogo.