Alejandro Pareja
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¿Cuándo fue la última vez que usted utilizó su identidad? Ciertamente fue para hacer un procedimiento burocrático, tal vez en un banco (para abrir una cuenta, solicitar un préstamo o sacar dinero).

Puede haber sido para votar, hacer un examen, tomar la carta de habilitación, viajar o hacer una compra (de una casa, coche, bebidas alcohólicas o incluso compras con tarjeta de crédito).

Son numerosas las ocasiones en que debemos probar ser quienes somos. Ser capaz de dar pruebas de nuestra identidad es como tener una clave que abre el acceso a varios servicios, tanto en el sector público y en el privado. Esto demuestra la fundamental importancia de las pruebas de identidad para nuestro desarrollo personal y para la sociedad en su conjunto. No es en vano que la Convención sobre los Derechos del Niño de Unicef incluye el derecho al reconocimiento y preservación de la identidad.

Con el advenimiento de la economía digital, las interacciones y transacciones que hasta ahora se realizaban solo cara a cara empiezan a ser ejecutadas por medio de sistemas de información interconectados y basados en la web. Así, el papel crítico que la identidad digital empieza a desempeñar naturalmente surge. Puede ser definida como un conjunto de hardware o software, la identidad digital permite que una persona, al ser identificada y autenticada, pueda obtener licencias para acceder a determinados recursos de información o un área física y así realizar transacciones a través de Internet o redes privadas.

A finales de 2016, la División de Innovación para servir al ciudadano del BID organizó el seminario sobre la “Gestión de Identidad y su Impacto en la Economía Digital”, en el que se discutieron los aspectos más importantes de la gestión de identidad. Los temas de debate sobre el valor de la confianza en un sistema de calificación, la inclusión o no de sistemas biométricos, factores críticos de éxito, sistemas en uso a nivel internacional y los papeles del sector privado y del Gobierno en ese escenario. Una publicación, recientemente lanzada, resume las conclusiones alcanzadas e incluye las lecciones aprendidas de las experiencias de Estonia y España.

La principal conclusión es que existe una gran variedad de esquemas de identidad legal física en todo el mundo, lo que condiciona las alternativas que se tienen en cuenta en cada país para el desarrollo de la identidad digital. Se identificaron factores que llevan a cada país a adoptar un modelo propio, son ellos:

1 - El factor cultural

Es bastante común, en algunos países, la captación de datos biométricos por los Estados de sus nacionales. Mientras que en otros países esta no es una práctica adoptada para la generación de documentos de identidad. En algunos casos, la biometría es un gran tabú, siendo algo inadmisible.

2 - Tradiciones

Las tradiciones tanto en el campo político como en el administrativo traen un sistema de generación de identidades moldeadas según la costumbre. Ejemplo de ello es la existencia de un federalismo fuerte.

3 - Factores técnicos

Muchas decisiones técnicas relativas a la singularidad o la aplicabilidad de un documento nacional de identificación se adoptan tras un análisis de costo / beneficio.

Una segunda conclusión es que, para que los ciudadanos disfruten de las oportunidades ofrecidas por la era digital, hay una dependencia de conectividad; un dispositivo de conexión y el conocimiento para usarlo, y una identidad digital. Claramente, sin el tercero, usted puede utilizar Internet y aprovechar algunas de sus ventajas, por ejemplo, el acceso a la información. Sin embargo, las transacciones que requieren verificación de identidad, como las mencionadas al principio de este artículo, no se pueden hacer.

Comparando los procesos de adopción en Estonia y España, fue posible concluir que tal vez en un sistema comparativamente centralizado como el de Estonia, el cual tiene muy pocas alternativas, la adopción del modelo puede ocurrir de forma sencilla y fácil. Sin embargo, puede ser difícil de aplicar en países con burocracias largas y complejas.

Finalmente, casos de éxito como los de Estonia y Canadá muestran que esfuerzos coordinados entre los sectores público y privado son fundamentales para el desarrollo de fuertes sistemas de identidad digital. El papel del sistema financiero como principal consumidor de los servicios de identificación y autenticación de la economía debe tenerse en cuenta. Un esquema acordado entre los sectores público y financiero no solo genera riqueza, sino que también cataliza el proceso de adopción por la población.

* Este artículo fue publicado en el Blog del BID, en la sección Mejorando Vidas.