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II de II PARTES

La Carta Abierta del Future of Life Institute fue firmada, entre otros, por Stephen Hawking, y propone promover estudios interdisciplinarios en IA porque su penetración social tendrá enormes impactos legales, económicos, sociales, filosóficos. Destaca la necesidad de desarrollar sistemas “robustos” o resilientes en temas de confianza y ciberseguridad. La mirada precisa ser holística.

El sector privado tampoco tomó una actitud pasiva. Los gigantes tecnológicos IBM, Amazon, Facebook, Google, DeepMind y Microsoft crearon el Consorcio de IA al Beneficio de las Personas y la Sociedad (Partnership on AI to Benefit People and Society). Sus objetivos son empoderar a la mayor cantidad de gente en el uso de herramientas de IA y participar en el debate sobre sus consecuencias legales, éticas, sociales y económicas. Surgen entonces profundos dilemas relacionados a los derechos humanos, a la privacidad, y a la representación.

Hay un proyecto en el laboratorio de medios del MIT (Media Lab) llamado Liga de la Justicia Algorítmica, que está comprometido con la justicia, la responsabilidad y la transparencia de los sistemas codificados. Este proyecto fue creado por la investigadora Joy Buolamwini, quien descubrió que las tecnologías de reconocimiento facial no eran capaces de detectar a su cara, supuestamente, porque el desarrollo de esta tecnología no había tomado en cuenta datos para reconocer a las personas afrodescendientes.

Como el presidente del MIT, Rafael Reif reflexiona sobre esta iniciativa, “resulta crucial que los tecnólogos inviten a sus colegas a colaborar desde el inicio de la fase de diseño, no una vez que el producto ya está casi terminado. Cuanto más podamos unir a investigadores que reflejen toda la diversidad de la experiencia humana, más chances tendremos de minimizar los sesgos.”

La articulación de consensos es el arma más eficaz para combatir los nuevos riesgos que acompañan a la IA, a los que se suman riesgos de control, riesgos sociales, económicos y éticos que urge minimizar. Los algoritmos nos ponen a prueba y nos desafían a mejorar nuestros propios valores, evitando ser sesgados cuando interrogamos las fórmulas. Depende de nosotros crear las nuevas reglas de la cobotización, cánones más amplios para que los humanos no sean dañados en su dignidad con la pérdida de empleos. Los algoritmos pueden tomar decisiones desde sus cajas negras o facilitar el acceso a bienes y servicios de mayor calidad. Para evitar lo primero y estimular lo segundo, tenemos que ordenarnos sobre una base de criterios de calidad, confiabilidad, acceso y transparencia.

América Latina debe apoyarse en el factor humano, en el talento, la pasión, el trabajo en equipo, la creatividad y todas las virtudes donde somos superiores a las máquinas. No podemos medir nuestros éxitos y fracasos solo en términos de productividad ni maravillarnos por gadgets ingeniosos si los dividendos digitales no se encauzan para hacernos mejores como individuos, si la tecnología no se traduce en políticas públicas aptas para mejorar la vida de las grandes mayorías.

*Director del Instituto para la Integración de América Latina y el Caribe (Intal) del BID.

Este artículo fue publicado en el blog Abierto al público del BID.